Narcotráfico, democracia y periodismo en el Perú

marzo 6, 2010

 

El siguiente artículo fue publicado en el 2008 como parte de una antología sobre periodismo Latinoamericano a cargo de becarios del Institute for Further Education of Journalists-FOJO de Suecia. Hasta hoy 6 de marzo del 2009, la fotografía del presidente Alan García con Fernando Cuevas Cepeda sigue apareciendo en la web Primerapagina.com.co y en otras que han acogido y comentado esa información.

Escribe: Orazio Potestá (*)

I Una fotografía vuelve del pasado

La mañana del domingo 11 de mayo fue particularmente fría en Lima. Casi escondido entre la niebla, en el patio de mi garaje, encontré el diario El Comercio, uno de los más importantes del Perú y en el que trabajé durante tres intensos años investigando mafias de tráfico de personas, de armas y de drogas, así como sus nexos con las Fuerzas Armadas, el Poder Judicial y la política.

Aparecía en portada una entrevista con el presidente de la República, Alan García, cuya popularidad ya venía bajando en forma intermitente pero continuada en las encuestas de opinión. Y habrá sido por ese instinto desarrollado tras la lectura de decenas de caritativas entrevistas realizadas a otros jefes de Estado, que me sentí preocupado y no interesado en esa entrega periodística. La helada mañana ya no me carcomía la piel como hacía algunos minutos.

Luego de diez años de haber sobrevivido a una dictadura cívico-militar encabezada por el ex mandatario y ahora procesado por la justicia Alberto Fujimori, los peruanos han aprendido a cuestionar a los periodistas y a no tener reparos en colgarles el cartel de pusilánimes cada vez que muestran un excesivo respeto a la autoridad de turno.

Setenta y dos horas antes, en una mañana no tan oscura como la de hoy, mi jefe me había llamado a su despacho para preguntarme si sabía de una fotografía publicada en una página de Internet colombiana especializada en periodismo de investigación llamada Primerapagina.com.co

El diálogo se desarrollaba en la sede de INFOREGIÓN, una pujante agencia de prensa especializada en temas sobre narcotráfico y desarrollo social, en la que me desempeño como editor de noticias regionales.

Respondí que no, que era la primera vez que la veía, mientras afinaba la mirada en la pantalla. Pregunté el año de su publicación y me dijo 2006. Luego comenté que había cubierto la campaña electoral de ese año como periodista del diario El Comercio y que esa imagen era desconocida para mí. 

Mi jefe y yo apretamos las mandíbulas y nos miramos.

El narcotráfico es una costra que lejos de caer se fortalece y golpea al Perú desde hace varios lustros.

En la imagen se apreciaba al ahora jefe de Estado peruano, Alan García, al lado de un personaje que había mirado el lente de la cámara fotográfica con un gesto indescifrable o simplemente diplomático.

El ahora presidente de la República se mostraba muy sonriente, su acompañante no. El actual primer mandatario del Perú sujetaba una pequeña hoja doblada, cogida con las dos manos, mientras que su enigmático acompañante, libre de objetos, tenía los brazos estirados y pegados al cuerpo. Era una toma cerrada que impedía interpretar adecuadamente la fotografía, pues no se observaban muebles, cuadros ni calendarios, apenas una cortina al fondo que dejaba pasar tenuemente la luz del exterior.

“Alan García, quien se refugió en Colombia en junio de 1992 bajo la figura del asilo político, aparece en la fotografía sonriente al lado de Óscar Fernando Cuevas Cepeda, mientras dobla en sus manos un curioso papel que acaba de recibir de su anfitrión”. Eso publicó Primera página.com el primero de junio del 2006. 

Óscar Fernando Cuevas Cepeda. Curiosa la costumbre en Colombia de resaltar siempre los dos nombres de pila y los dos apellidos de las personas, vieja herencia de la colonia en el país que mejor trata el idioma castellano. 
 
La policía y la justicia de ese país lo describen como el más grande lavador de dólares del narcotráfico en la historia de Colombia y uno de los principales asesores financieros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-FARC, grupo terrorista que actúa en alianza con las mafias del tráfico de drogas. Investigaciones posteriores ayudaron a conocer que ese personaje había ayudado al cártel de Cali en la limpieza de al menos 50 millones de dólares semanales.

La fotografía con Alan García habría sido tomada en una de las casas que Cueva Cepeda tenía en Bogotá y encontrada luego en un allanamiento de la policía colombiana en otra de sus residencias ubicada en la misma ciudad.

Nacido en Cali en 1952, miembro de una familia rica y con muchos contactos políticos y económicos, Cuevas Cepeda fue educado en la universidad de Harvard y como hombre de mundo utilizó su magnífico panorama empresarial para proteger financieramente a diversos capos del narcotráfico y no ser descubierto con facilidad por la sagaz policía colombiana.

La imagen fue captada entre 1991 y el 2004, antes de ser recapturado por el Departamento Administrativo de Seguridad-DAS de Colombia, pues pesaba sobre sus hombros una condena de nueve años de cárcel impuesta en el 2001 y que ahora cumple en el centro penitenciario de La Dorada.

¿Sabían de sus antecedentes delictivos los políticos que se fotografiaban con él? ¿Financió campañas electorales? Lo cierto es que sus antecedentes por lavado de dinero del narcotráfico no eran precisamente un secreto. Primerapagina.com publicó que fue “arrestado por la DEA en 1986 en Los Ángeles por distribución de cocaína” y sentenciado a 15 años de prisión, siendo luego expulsado de los Estados Unidos tras haber cumplido la tercera parte de esa pena.

Siendo un personaje conocido en Colombia, la revista Cambio no tuvo reparos en dedicarle una portada titulada “Los contactos de Cuevas” y en la que mencionaba con enormes letras su amistad con el ex jefe de Estado de Argentina, Carlos Saúl Menem. 

¿Qué tan cerca se encuentra el tráfico de drogas de los políticos? ¿Qué tan cerca se encuentra ese delito de nuestras democracias? ¿Son limpias nuestras democracias?

Lo único cierto es lo que siento. Y lamentablemente, conforme avanzo el presente artículo para Fojo, me convenzo de que las democracias latinoamericanas esconden controvertidos secretos.

II ¿Soporte de la democracia?

Tuve la particular suerte de cubrir (disfrazado de cronista político) las elecciones presidenciales del 2006, donde Alan García fue elegido presidente de la República con el 52.6% de los votos, apenas cinco puntos más que su oponente Ollanta Humala, de acuerdo con el conteo oficial de los organismos electorales peruanos.

Alan García fue el ganador de esas elecciones representando al añejo y tradicional Partido Aprista Peruano (PAP) y tras haber ocupado anteriormente la presidencia del Perú en el periodo 1985-1990.

Que muchos de los partidos políticos peruanos son financiados por el narcotráfico es una sospecha (o certeza) que lejos de diluirse se ha incrementado con el paso del tiempo y debido a una serie de signos o datos proporcionados por la incansable realidad de mi país. 

Era la noche del viernes 7 de abril del 2006. Viento, bulla y tráfico enloquecido. Miles de personas se habían concentrado en el tradicional Paseo de los Héroes Navales, en pleno centro de Lima, para asistir al cierre de campaña de uno de los principales candidatos de la campaña electoral de ese año.  

Uno de los tres candidatos con mayores opciones para ser el próximo presidente del Perú se despedía de sus admiradores y partidarios, pues las leyes peruanas prohíben la realización de mítines 48 horas antes de los comicios. Era la última presentación del político que había declarado cada hora y cada minuto, en los diarios, en las radios y en las estaciones de televisión, que su campaña era “austera” y “pobre”. Y la gente así lo creyó.

Pobre y austera hasta que el pregonero que hizo de “calienta plazas” reveló que ese candidato a Palacio de Gobierno había participado en 380 mítines en todo el país, en siete u ocho meses de campaña, lo que implicaba el manejo de una maquinaria organizativa y logística impresionante, pues había que usar aviones, avionetas, autos y helicópteros para vencer la irregular geografía peruana y hacer hasta dos o tres concentraciones diarias en diferentes zonas ubicadas a miles de kilómetros de distancia. 

Y si las encuestas de opinión así lo requerían, el plan de viaje podía cambiar súbitamente para acudir a las regiones en las que el postulante a la jefatura del Estado había empezado a descender en las preferencias electorales. 

¿Cómo financió aquel candidato presidencial sus 380 mítines?

¿Cómo lo hizo si los aportes de sus partidarios fueron prácticamente inexistentes de acuerdo con la Oficina Nacional de Procesos Electorales-ONPE, entidad encargada de verificar la procedencia legal del dinero de los partidos políticos peruanos?

Algunos medios de comunicación revelaron los engaños maquinados por muchos partidos políticos para ocultar la real procedencia de los fondos de campaña electoral, utilizando incluso la identidad de personas muertas y de otras muy humildes para inscribir supuestas y millonarias donaciones de dinero, de acuerdo con revelaciones del programa televisivo Reporte Semanal de Frecuencia Latina-Canal 2.

Rolando Ayala Salinas, pese a haber fallecido en el 2005, fue donante del PAP en el 2006. Marcelo Yataco Peves, carpintero que ganaba 500 soles al mes, se enteró con sorpresa que había entregado su salario de tres meses al movimiento Unidad Nacional. Luis Peñafiel Reyes, guardaespaldas del candidato del Partido Nacionalista Peruano, Ollanta Humala, puso en serios aprietos a su jefe cuando rechazó haberle donado seis mil seiscientos soles para su campaña electoral.  

Incluso se denunció que el APRA, para no despertar sospechas de la Oficina Nacional de Procesos Electorales-ONPE, envió una interminable lista de personas con donaciones muy reducidas, casi insignificantes, para evitar el registro de grandes sumas de dinero.

El 2 de enero del 2006 pude plasmar en un informe periodístico publicado en el diario El Comercio una idea que me rondaba la cabeza desde hace varios años: Preguntar a los candidatos a la presidencia del Perú si habían previsto acciones o mecanismos de control para impedir el ingreso de dinero del narcotráfico en sus campañas.

El momento no podía ser mejor, pues se transitaba por una coyuntura electoral en un país que había superado (de acuerdo con fuentes no oficiales) la producción de 300 toneladas de cocaína al año. 

Ninguno de los encuestados mencionó la posibilidad de solicitar a sus tintineantes donantes de dinero, sus antecedentes policiales y judiciales, declaraciones juradas de impuestos y propiedades, junto a cartas de presentación firmadas por ciudadanos de probada solidez moral, tal como lo sugirieron en el informe periodístico ex miembros de la División de Investigación Financiera (DINFI) de la policía peruana.

Las respuestas sorprendieron. Candidatos con verbo filudo y entrenado para lucirse en entrevistas televisivas y plazas públicas se mostraron erráticos. No supieron qué contestar.

Inclusive, el respetado político peruano y ex presidente de la República, Valentín Paniagua, dijo que no conocía “en detalle ese tema” y que era mejor que llamáramos al secretario general de su movimiento partidario para obtener mayor información. Luego colgó el teléfono.  

No faltaron quienes trataron de camuflar su ignorancia atacando y señalando que las campañas electorales de sus contrincantes se encontraban ligadas al tráfico de drogas.

Otra de las interrogantes era: ¿Qué haría usted si de pronto apareciera en su local partidario una persona que desea donar una alta suma de dinero? ¿Le dirían que no? 
 
José Cardó Guarderas, candidato del partido Reconstrucción Nacional, respondió: “No le decimos que no. Le solicitamos que deposite el dinero en el banco y con su nombre para poder ubicarlo posteriormente”.
 
Y como si el narcotráfico y su dinero no fuera una amenaza para la política y la seguridad nacional, el vicepresidente de la plancha del PAP, contralmirante AP Luis Giampietri Rojas, sostuvo que “no había conversado de ese tema” con el entonces candidato a la jefatura del Estado, Alan García.

Y lejos de considerar que las mafias del tráfico de drogas manejan sofisticados mecanismos de engaño y persuasión, el postulante del Frente Independiente Moralizador-FIM, Fernando Olivera, autodenominado como el paladín de la lucha contra la corrupción y el delito en el Perú, dijo que su trayectoria (ya venida a menos) era suficiente para evitar el atropello del dinero sucio.   

Y finalmente, Natale Amprimo, aspirante de la Alianza para el Progreso, dijo tener la certeza de que “el narcotráfico iba a intentar colocar un candidato para la jefatura del Estado o en el Congreso de la República”. Sin embargo, no dio luces sobre cómo evitar ese problema en su propio partido político.   

Conclusión: Si los partidos políticos peruanos no son una coladera, se encuentran a tres agujeros de serlo. ¿Alguien repara en el grave riesgo que corre nuestra ya golpeada democracia?

El 3 de enero, 24 horas después de publicado el informe y tras haber leído el editorial que el diario El Comercio le había dedicado a mi trabajo, un conocido narcotraficante llamó a mi teléfono celular para hacerme “reflexionar con algunas sugerencias”.

Me dio la razón sobre la informalidad que cunde en los partidos políticos del país y en sus principales líderes, recordando que hacía varios lustros él mismo le había entregado a un candidato al Parlamento peruano un costal con billetes durante un almuerzo en un restaurante de la Amazonía. Y entre bromas me dijo que si la policía le hubiese hecho una pericia química a ese costal o al dinero, incluyendo las manos del “afortunado” político, con seguridad el resultado hubiera dado positivo para drogas.

Luego de varios minutos de explicaciones que tomé por consejos y de disquisiciones con tono de certezas, me soltó algunas frases que ahora publico por primera vez y que desdibujaron el concepto que tenía de la democracia peruana, por la que creo haber luchado junto con otros pocos periodistas independientes cuando era denostada por el ex jefe de Estado Alberto Fujimori y el jefe de sus servicios de inteligencia, Vladimiro Montesinos.

Primeras ideas, palabras más, palabras menos: “El narcotráfico ya se ha metido en la política peruana y no va a salir así nomás. Podemos llegar de muchas maneras a un candidato de un partido político, podemos infectarlo, comprometerlo y luego utilizarlo para nuestro beneficio. ¡Andan desesperados por plata, quieren y buscan plata y nosotros tenemos esa plata!”.  

La antesala al puntillazo: “Por lo que leo en su informe periodístico, usted amigo periodista critica el ingreso del dinero del narcotráfico en las campañas electorales… ¿Piensa que los candidatos de su país son inocentes, ajenos al problema o no saben lo que reciben? ¡Por favor!”.

El puntillazo: “¡Nosotros movemos aquello que ustedes festejan como democracia, compañero! Nuestro dinero moviliza a los candidatos, los hace viajar por el país para que hagan sus mítines y expongan sus ideas. ¡Gracias a nosotros aparecen en anuncios de televisión y en enormes carteles que usted observa cuando va en el taxi! ¡Nosotros somos el motor de la democracia!”.

Mudo y patidifuso porque ese capo confirmaba viejos pero negados rumores, solamente atiné a escuchar y a lamentar.

Recordé que Villa Mercedes, la finca que habitaba el líder y fundador del PAP, Víctor Raúl Haya de la Torre, fue comprada y obsequiada por Carlos Lamberg, el narcotraficante peruano más poderoso de la década de los ochenta.

Y que al ser detenido en Acapulco (México) en 1980, el propio Carlos Lamberg se encontraba mar adentro, capitaneando un lujoso yate, con el secretario personal del propio Haya de la Torre.

Ese capo de las drogas financió la campaña del APRA en el proceso electoral de 1980, siendo candidato Armando Villanueva del Campo, ahora elevado a la condición de líder histórico de la política peruana y cuya caída en ese tiempo dio paso al arrollador liderazgo de uno de sus discípulos, Alan García, hoy presidente del Perú.

El APRA siempre ha negado sus vínculos con el narcotráfico. Sin embargo, los indicios aparecen con peso propio.

III A veces no dan ganas de luchar

Perú: País ubicado en la parte central y occidental de América del Sur, con una de las biodiversidades más grandes del planeta. Tiene un sistema político presidencialista con tres poderes del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Posee una extensión territorial de 1’285.215 kilómetros cuadrados y casi 28 millones de habitantes, el 90% de ellos católicos. Razas: 82% de indígenas americanos y mestizos, mientras que el 18% son blancos, negros, japoneses, chinos y otros. Esperanza de vida: 70 años. Mortalidad infantil: 38 decesos por cada mil nacimientos. El clima es tropical en la selva, seco en la costa y frío en las zonas andinas. Idiomas: español, el quechua y el aymara.

Amenazas naturales: terremotos, inundaciones, huaycos, derrumbes y actividades volcánicas. Principal problema: la pobreza. Principal enemigo: el narcotráfico. Principal producto de exportación ilegal: cocaína.

De acuerdo con la ONU, el Perú produce actualmente más de 280 toneladas de cocaína que salen rumbo a Estados Unidos, Europa, Asia y África, cuando hace tres o cuatro años se hablaba solamente de 190 toneladas.

De las 280 toneladas que el Perú produce al año, el 95% sale por la nuestras costas, utilizando caletas, muelles intermedios y el propio puerto del Callao, el principal del Perú y uno de los más relevantes de América del Sur.

Los daños al medio ambiente son enormes. Las tierras afectadas en 25 años por el derrame de insumos químicos utilizados para la elaboración de droga superan los 2,3 millones de hectáreas, espacio similar al territorio de Suiza.

En la ciudad fronteriza de Tacna, estratégica para las mafias del narcotráfico que operan en Chile y Argentina, se venden drogas en el 28% de sus centros educativos, de acuerdo con un estudio de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas-DEVIDA, entidad que se de encarga de monitorear la lucha contra el tráfico y el consumo de estupefacientes en el Perú. Y si bien esa cifra se reduce al 20% cuando se aplica a nivel nacional, no deja de ser preocupante.

¿Por qué el narcotráfico crece en el Perú?

De acuerdo con la UNODD-ONU, el narcotráfico mueve por la venta de estupefacientes en el mundo 322 mil millones de dólares al año, cifra que discurre por el Perú para corromper autoridades del Poder Judicial y de las fuerzas policiales, proteger las rutas de salida y asesinar testigos, periodistas o rivales. No en vano en el territorio peruano se produce la segunda mayor cantidad de hoja de coca y de cocaína en el mundo, apenas por debajo de Colombia.     

Si el narcotráfico utiliza 322 mil millones de dólares para sus actividades ilegales, hasta el 2006 el Perú destinaba a la lucha contra esa lacra aproximadamente 140 millones de dólares, de los cuales Estados Unidos colabora con el 90% de ese total. Esa cifra debe ser estirada milagrosamente para capacitar a los efectivos de la PNP, fomentar los cultivos de productos alternativos en las cuencas cocaleras, diseñar campañas para prevenir el consumo de estupefacientes y obviamente capturar cargamentos de droga.   

“No hay igualdad de armas. El narcotráfico, con todo el poder económico que tiene… ¡Estamos completamente indefensos, necesitamos elementos y condiciones de trabajo para poder luchar con éxito!”. Esa desesperanza pertenece a la procuradora para casos de narcotráfico del Ministerio del Interior, Sonia Medina.

Paradójicamente, el apoyo de Estados Unidos para la lucha contra las drogas en el Perú decrece cada año: de 126,5 millones de dólares en el 2003 a solamente 93 millones de dólares en el 2006.

Las cifras tampoco son positivas en el ámbito judicial. La falta de recursos financieros hace que apenas una decena de abogados de la Procuraduría para casos de Narcotráfico del Ministerio del Interior del Perú, deban litigar y manejar, sin guardaespaldas ni chalecos antibalas, cerca de 45 mil procesos judiciales contra mafiosos de alto vuelo.

La inteligencia policial es otro punto débil en la lucha contra el narcotráfico, pues no se cuenta con dinero, tiempo ni preparación.

Cada vez que se decomisa un cargamento de cocaína, chico o grande, siempre aparecen los jefes de la Policía Nacional del Perú (PNP) para afirmar que ello ocurrió luego de “largas y pacientes labores de inteligencia”. Tal frase parece aprendida de memoria, pues se repite frecuentemente en cada conferencia de prensa.

Pero nunca se captura a los capos, ni siquiera a sus guardaespaldas. Y si el operativo ha sido contra un laboratorio de drogas, en Lima o en el interior del país, generalmente capturan a los guardianes o vigías de esos lugares, quienes muchas veces caen con sus esposas e hijos.

El trabajo de inteligencia es subrepticio en esencia y sus resultados salen a la luz (operativos e intervenciones) cuando ya no existen cabos sueltos. Si son reales las “largas y pacientes labores de inteligencia” que mencionan los jefes de la policía peruana, es lógico pensar que los cabecillas de las mafias ya se encuentran plenamente identificados al momento de la acción policial. Sin embargo, lamentablemente nunca caen los capos. Entretanto, la droga se sigue produciendo y saliendo del Perú rumbo a otros mercados. 

Y así como nunca se captura a los capos, tampoco se decomisan significativas cantidades de droga. El Perú produce 280 toneladas de cocaína al año, pero solamente se decomisa el 8,01% de la cocaína producida, de acuerdo con cálculos de la ONU del 2006.

En el 2005 se elaboraron 260 toneladas de cocaína y en el 2006 la producción llegó a las 280 toneladas de esa ilegal mercadería. Por su parte, la policía peruana señala que en el 2005 se incautaron 17,8 toneladas de estupefacientes, pero metiendo en un mismo saco a la marihuana, las drogas sintéticas, la pasta básica de cocaína y la propia cocaína. 
 
Y siguiendo el mismo patrón de cálculo, policía peruana sostuvo que en el 2006 se decomisaron 14,7 toneladas de droga. Es decir: Marihuana, drogas sintéticas, pasta básica de cocaína y cocaína. 
 
Ello demuestra que sube la producción de cocaína, pero baja el nivel de las incautaciones de ese mismo producto. 

¿Son capos del narcotráfico esos ciudadanos harapientos y sin afeitar mostrados ante las cámaras de televisión, luego de ser detenidos con paquetes de droga en un distrito pobre del Perú? ¿Son capos de una mafia internacional aquellos jovenzuelos que han sido capturados trasladando algunos gramos o kilos de PBC en alguna zona cocalera?

En el 2001, como reportero del programa dominical Panorama de Panamericana Televisión, fui enviado a la ciudad de Pucallpa, ubicada en la selva peruana, porque la Dirección Antidrogas de la Policía Nacional del Perú iba a brindarnos como “primicia” la captura de El Loro, sindicado como el “cabecilla” de una enorme mafia internacional del tráfico de drogas.

Como el objetivo era causar impacto en los televidentes, fueron movilizados seis helicópteros de la PNP para acudir a la zona de operaciones de El Loro. Sin embargo, en el lugar solamente se encontraron dos casuchas de paja, hoja de coca amontonada, periódicos viejos y botellas con refresco a medio acabar.  

Esos eran los dominios de El Loro, su “poderoso imperio”. Y era capo de una “mafia internacional” porque había confesado a la policía peruana que en ocasiones cruzaba la frontera con Brasil para comprar comida. Su sencilla casa quedaba a un kilómetro del límite con el país de la samba.

El origen del apodo El Loro redondea la informalidad de la policía peruana. En Pucallpa, un efectivo de la PNP sostuvo (basado en informes de inteligencia operativa que blandía entre sus manos) que ese sobrenombre se debía a la asombrosa capacidad del capo para camuflarse entre la selva, habiendo sido indetectable por años para la PNP y la propia DEA, por lo que su captura era una “hazaña”.

Lo cierto es que algunos pobladores nos habían informado que al supuesto capo le decían El Loro desde niño. En uno de los calabozos de la policía peruana en Pucallpa, El Loro corroboró esa versión. Y poniéndose de perfil, herido en su amor propio, sostuvo: “Si no me crees… ¡Mira mi nariz!”.

Lamentablemente, casos como El Loro abundan en los medios de comunicación. ¿Se trata de cortinas de humo para ocultar las fallas en la lucha contra las drogas?

De acuerdo con la Policía Nacional del Perú, en el 2006 se utilizaron 10.000 toneladas de insumos químicos, valorizados en 60 millones de dólares, para producir las 280 toneladas de droga que salen del Perú. Sin insumos químicos, ciertamente, no hay polvo blanco. 

Tan serio es el panorama que en septiembre del 2006, durante un seminario organizado por la Business Alliance for Secure Commerce (BASC) en Lima, un agente de la DEA se animó a decir que el 98% de los insumos químicos que ingresan al Perú legalmente y con el visto bueno de las autoridades, luego son derivados al tráfico de drogas. Algo escandaloso.

Hace algunos meses, luego de 20 años de espera, el Congreso de la República del Perú puso en marcha la ley 28305 que combate el tráfico de insumos químicos por medio de una plataforma de lucha conjunta y coordinada en la que participan diversas entidades del Estado peruano, sancionando ese delito con penas de 5 a 10 años de cárcel.

DEVIDA ha señalado que la ley 28305 ha posibilitado incrementar en un 150% el decomiso de insumos químicos con respecto al 2006, año en el que se incautaron 203 toneladas de esas sustancias.

Las mafias del tráfico de drogas fueron cogidas por sorpresa y el golpe se hizo evidente. Lamentablemente, recompuestas del revés y auspiciadas por su inmenso su poder corruptor, las mafias de las drogas ahora operan laboratorios en los que fabrican sus propios insumos químicos, burlando los controles legales y utilizando diversas sustancias agrícolas que no se encuentran fiscalizadas por las autoridades. 

Uno de esos laboratorios fue encontrado el pasado 31 de enero en la provincia de La Mar, en Ayacucho. Azorados policías no salían de su asombro frente al ingenio de las mafias. Vaya que el narcotráfico es un enemigo difícil de vencer.

¿Es imposible encontrar el dinero sucio del narcotráfico? Los billetes del tráfico de drogas corrompen, enriquecen y financian campañas políticas, por lo que pocas autoridades se atreven a detectarlos y extraerlos de nuestra economía. Esa soterrada realidad y el escaso entrenamiento de los funcionarios responsables del rastreo de esos fondos, son los mayores impedimentos.   

DEVIDA sostiene que entre el 2003 y el 2007 la Unidad de Investigación Financiera (UIF) de la Presidencia del Consejo de Ministros del Perú ha detectado operaciones sospechosas por 500 millones de dólares. Rómulo Pizarro, titular de DEVIDA, señala que incluso esa cifra podría triplicarse si se consideran los movimientos financieros que hay “debajo de la mesa”.

En su momento, el entonces jefe de la UIF, Carlos Hamman, había señalado al diario La República que la cifra oscilaba entre los 350 y 400 millones de dólares en ese mismo lapso. Y diversos medios de comunicación del país, citando fuentes oficiales, señalan que al año las mafias del narcotráfico insertan a la economía del Perú la astronómica cantidad de dos mil millones de dólares.

Las cifras cambian dependiendo de la entidad del Estado que las brinde, generando confusión o simplemente revelando que no existe uniformidad de criterios y cálculos, lo que es muy grave.

Los daños ocasionados por el lavado de dinero del narcotráfico parecen ser etéreos o incoloros, pero no lo son. Posiblemente no tengan el impacto de los cargamentos de droga decomisados a las mafias o el dramatismo que significa observar a muchos jóvenes entregados a las drogas, ni el horror de un ajuste de cuentas en un restaurante y a pleno sol.
  
Los perjuicios se relacionan con el aumento de la pobreza, la inseguridad ciudadana y la ingobernabilidad, casi siempre a mediano y largo plazo.

Hace más de un siglo, la hoja de coca se hizo famosa en el mundo por ser el ingrediente principal de la Coca Cola, pero hoy lo es por otra razón: es el principal insumo natural para la cocaína y se cultiva en muchas zonas del Perú.

De acuerdo con cifras de DEVIDA, en el 2006 se detectaron 51.400 hectáreas de hoja de coca en el Perú, cuando en el 2005 habían 48.200 hectáreas, lo que implica que hubo un crecimiento del 7% aproximadamente.

Las 51.400 hectáreas de hoja de coca producen aproximadamente 114 toneladas métricas de ese elemento, lo que significa que hubo un crecimiento del 8% respecto a las 106 toneladas métricas del 2005. Pero solamente el 8% de esas 114 toneladas métricas va al consumo histórico y tradicional, de acuerdo con estudios del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) del Perú. El resto de hoja de coca se lo lleva el narcotráfico.

¿Cómo hacer que la gente pobre de las zonas cocaleras deje de cultivar la hoja de coca, para producir café, cacao y palmito, si el narcotráfico paga mejor? Los esfuerzos de las autoridades peruanas son evidentes y notables, pero insuficientes si se observa la creciente producción de cocaína en el país.

Se calcula que son 130.000 las familias vinculadas con el cultivo de la hoja de coca. Esa actividad les permite alimentarse, vivir y trabajar, siendo su principal elemento de subsistencia.

El Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (CEDRO) señala que el 80% de personas que trabajan en los cultivos de hoja de coca del narcotráfico tiene menos de 29 años.

Las mafias de las drogas contratan a todo aquello que pueda ser fuerza de trabajo y ni los niños se salvan, lo que afecta la dinámica familiar, pues el padre deja de tener control sobre sus hijos porque ellos van a las chacras a sembrar y cosechar hoja de coca y a ganar su propio dinero.

Lo que parece ser una película hollywoodense sobre una realidad pensada o idealizada en México o en Colombia, ocurre en nuestro país y a solamente siete horas de Lima, la capital del Perú.

El narcotráfico ha tomado zonas del territorio peruano y en ellas suele aparecer gente hablando con dejo mexicano y colombiano. Abundan las cantinas y la prostitución. La cerveza que se consume no es peruana. La marca Corona, fabricada en México, se vende en muchas tiendas minoristas, sino los ‘cuates’ o los ‘colochos’ se molestan y fuerte. Y se escucha en ciertas radios el corrido “con un balazo en la frente y con las manos atadas” del grupo mexicano Sinaloa 21.

Antonio Lara es psicólogo de CEDRO desde hace 20 años. Señala que en sus numerosos viajes a la selva peruana ha visto pueblos con edificios a medio hacer porque sus dueños se encuentran presos o muertos por causa del tráfico de drogas.

Ha visto a los jóvenes sucumbir ante las gollerías de los narcotraficantes, quienes les entregan ropas de marca y zapatillas para que se sientan poderosos y dueños de una cierta ‘bonanza’ económica, producto de un nuevo status social, pese a que posiblemente no puedan salir de ese lugar porque ya han sido fichados por la policía.

Antonio Lara lamenta que términos como “legalidad” y “bienestar moral” sean conceptos muy abstractos para esa juventud. Ellos dicen: “Aquí yo tengo zapatillas y relojes gracias a la cocaína”. Un poco apesadumbrado, Antonio Lara les responde: “Es verdad, tienes eso y muchas cosas más. Pero en la vida legal nadie te va a meter un balazo”. Balas, incertidumbre y muerte. Esa es la otra cara del Perú que muy poco se conoce. 

(*) Periodista de investigación y profesor universitario      Periodismo y Democracia 2006
Becario del FOJO-Institute for Further Education of Journalists-Sweden


Pedido de desarme regional podría ser un arma de doble filo para el Perú

marzo 6, 2010

 

[Publicado en noviembre del 2009 en la revista NEXOS de la Universidad de Lima] 

En el 2007, durante una feria bélica realizada en Lima, un fabricante de armas de Rusia hizo una sombría revelación: El potencial de América Latina para la compra de productos bélicos podía llegar a los 40 mil millones de dólares en el próximo quinquenio. Se equivocó: La meta se cumplió ese mismo año, básicamente con las adquisiciones de Brasil, Chile y Venezuela. ¿Ello debe alarmarnos? No en teoría, pues no hay países hermanos. La hermandad es un sentimiento humano, mientras que los Estados poseen necesidades que satisfacer con el uso de una mayor presencia geopolítica, energía y territorio.

Escribe: Orazio Potestá (*)

¿Por qué se arma un país? ¿Por qué se arma Chile, al igual que Venezuela y Brasil? ¿Acaso se piensa que los otros Estados no compran material bélico? De acuerdo con los expertos consultados por NEXOS, todas las naciones compran y renuevan armas. No pueden dejar de hacerlo, sea para defenderse, atacar o disuadir. Y muchas de esas adquisiciones se hacen en estricto secreto, aunque ello sea negado por las autoridades, las mismas que en foros públicos se golpean el pecho y apuestan por la paz.

Fernando Rospigliosi, experto en defensa y ex ministro de Interior, señaló a NEXOS que un país compra material bélico por tres causas: “Porque quiere agredir a otro, porque teme que lo agredan y por corrupción, ya que en zonas tercermundistas el gasto se mantiene en reserva y es muy fácil recibir sobornos”.

En una entrevista con NEXOS, Lewis Mejía, corresponsal de las revistas especializadas Military Technology de Alemania y Segurance e Defensa de Brasil, añadió razones estratégicas y económicas: Disuadir a un Estado potencialmente agresivo, aprovechar la bonanza económica para modernizar su equipamiento y posicionarse como potencia en la región.

La siguiente pregunta es pesada como un misil: ¿Por qué se arma Chile? Fernando Rospigliosi, quien ciertamente califica de improbable la posibilidad de una guerra entre ambas naciones por los vínculos comerciales que guardan, se remite a la importancia que adquirieron los militares sureños durante la dictadura de Augusto Pinochet, habida entre 1973 y 1989, cuando se aprobó que las Fuerzas Armadas recibieran el 10% de las regalías por las exportaciones del cobre.

Y agrega: “Cuando hubo la transición a la democracia, los militares fueron derrotados en las urnas, pero negociaron hábilmente su salida del poder y mantuvieron ese beneficio”.   

Entretanto, Alejo Marchessini, periodista de la revista Fuerzas de Defensa y Seguridad con sede en España, sostuvo a NEXOS que Chile simplemente continúa los lineamientos del llamado Libro Blanco de la Defensa Nacional, documento público que establece su liderazgo geopolítico y militar en el Pacífico Sur: “Ellos compran armas porque poseen un plan de renovación de material bélico elaborado hace muchos años y no precisamente como consecuencia de la demanda limítrofe del Perú ante la Corte de La Haya”.

En lenguaje castizo, lo que para Chile es modernización bélica, para nosotros es armamentismo y amenaza de guerra.

Querer ser loco o Quijote  

El pasado 28 de agosto, en la cumbre de la Unión de Naciones Sudamericanas-UNASUR que se realizó en Bariloche, Argentina, el presidente Alan García cuestionó con severidad que América del Sur haya gastado en el 2008 más de 35 mil millones de dólares en armas, sin sentirse aludido por las fijas miradas de Hugo Chávez y Michelle Bachellet. 

El 23 de septiembre, el jefe de Estado volvió a la carga y solicitó a la OEA hilar fino para evitar la “locura” del armamentismo emprendido por algunas naciones.

Casi una semana después, José Antonio García Belaúnde, ministro de Relaciones Exteriores, expuso ante la ONU la necesidad de establecer un pacto de no agresión que garantice la paz en la región.

Y el 22 de octubre, la propuesta presidencial peruana se vio aparentemente vigorizada con el sorpresivo apoyo de Rafael Correa, mandatario de Ecuador, pueblo que siempre leyó con atención los libretos geopolíticos de Diego Portales, visionario chileno cuyos planes siempre afectaron al Perú.

Lewis Mejía: “El pedido de Alan García es un saludo a la bandera. Y si tiene éxito, el único perjudicado será el Perú, porque ya no podrá comprar ni modernizar su armamento. En cambio, Chile ya completó su equipamiento bélico”.    

Alejo Marchessini encuentra sonoras incongruencias en la iniciativa presidencial: “El Ejército (peruano) se encuentra evaluando la compra de tanques que reemplazarán a los viejos T-55. ¿Qué ocurriría si el anuncio de compra se hace mañana? El Perú debe adquirir con urgencia 290 tanques y no es un capricho. Es una urgencia. ¿Dejaremos de hacer la compra?”.

Un tanque Leopard 2 puede disparar mientras avanza a 40 kilómetros por hora y atravesar la coraza de nuestros T-55. En cambio, nuestros T-55 tienen que detenerse, apuntar y disparar. Y si lograr acertar, de nada servirá, pues sus tiros no penetrarían en el acero de las máquinas enemigas. Que venga el desarme regional, pero sin descuidar el equilibrio estratégico con nuestros vecinos.

Más complicada se encuentra la Marina de Guerra, cuya adquisición de un paquete de misiles antibuque Exocet MM 40 a Francia y a un costo de 100 millones de dólares se encuentra ya en la fase de “contrato y firma”. ¿Le diremos chau a los europeos?

Y añade: “Perú también compra armamento y no puede dejar de hacerlo. Y las autoridades justificarán ese hecho señalando que se trata de una ‘renovación’. Pues lo mismo argumentarán los chilenos, los ecuatorianos, los venezolanos y los brasileños. Es un círculo vicioso”.

El periodista de la revista Fuerzas de Defensa y Seguridad de España teme que el ministro de Defensa, Rafael Rey, no le haya informado al jefe del Estado sobre los planes de compra de nuestras Fuerzas Armadas: “Alan García se encuentra cumpliendo un papel equivocado, salvo que pretenda ganar el premio Nobel de la Paz”.

Por el contrario, Fernando Rospigliosi resalta la idea del Primer Mandatario: “Es una propuesta para dos públicos. Uno es el regional y el otro es interno, compuesto por los militares peruanos, quienes desean aumentar desmesuradamente su presupuesto, frente al obvio armamentismo chileno. Es una respuesta política de Alan García para frenar las solicitudes de mayor dinero de nuestras Fuerzas Armadas. Ha sido una medida inteligente”.    

Mientras que la propuesta del presidente Alan García colisiona con planes de modernización de las Fuerzas Armadas, no pocos expertos señalan que la corrupción y la ineptitud de algunos de nuestros militares son más dañinas que la falta de armas y dinero.

El ex ministro del Interior no cree que la política de desarme pueda afectar la soberanía nacional, pues considera que la corrupción y la ineptitud de nuestros militares son factores más dañinos: “Eso se viene demostrando en el VRAE, zona en la que se combate a solamente 200 terroristas, sin éxito y con numerosas bajas”. 

Lo mismo opina Lewis Mejía, quien además cuestionó el pacto de no agresión para América del Sur: “Alemania y la Unión Soviética firmaron un pacto de no agresión en 1940 y en 1941 Adolfo Hitler atacó e invadió a su supuesto aliado. Los pactos de no agresión no sirven, si es que un Estado detecta que el otro puede ser fácilmente derrotado. La clave de la paz es el equilibrio armado”.

Rafael Correa juega su partido

Los especialistas consultados por NEXOS coinciden en que el apoyo del presidente ecuatoriano, Rafael Correa, podría diluirse tan pronto Chile le solicite una manito para complicarnos, como ya ha ocurrido antes.

Fernando Rospigliosi: “Es una persona muy voluble. Le interesa acercarse al Perú porque tiene un conflicto con Colombia. Cada país mueve sus fichas en función de sus propios intereses”.

Lewis Mejía se remonta al siglo XIX: “Es un gesto político de Rafael Correa. Chile y Ecuador son aliados naturales y lo han demostrado históricamente. Durante la Guerra del Pacífico, Ecuador nos invadió y causó daños en la frontera amazónica norte”.

Rafael Correa desea la paz regional, pero aceptó la donación de siete aviones de combate Mirage-50 de Venezuela. Igualmente, aprobó la compra de 12 Mirage Chita a Sudáfrica a un costo de 36 millones de dólares y la inversión de 80 millones de dólares para la modernización de siete caza bombarderos K-Fir. 

Militares y expertos recuerdan el pasado

Un oficial de la Marina de Guerra, cuya identidad se mantendrá en reserva por razones de seguridad, sostuvo a NEXOS que la propuesta hecha en la UNASUR forma parte de una historia que suena bastante y tristemente familiar: “Cuando Alan García llegó a Palacio de Gobierno en 1985, trajo consigo una política de desarme regional que solamente fue cumplida por el Perú… El resultado fue que la FAP recibió 12 y no 24 aviones Mirage 2000 fabricados por Francia, sin misiles ni otro tipo de armamento. En la Guerra del Cenepa contra Ecuador, ese descuido nos costó carísimo”.

Alejo Marchessini: “Los militares peruanos piensan que el 2011 habrá un conflicto (con Chile) y por eso encuentran ilógica la propuesta presidencial que pide el desarme regional”.

Lewis Mejía: “Las Fuerzas Armadas no apoyan idea de Alan García, pero van a tener que morderse la lengua porque no son deliberantes”. Y agrega: “El error de reducir la flota de Mirage 2000 se pagó con sangre en la Guerra del Cenepa (…) Además, el gobierno del Apra no cumplió con pagarle a los franceses y por eso ellos no quisieron vendernos ni un perno durante ese enfrentamiento bélico”.

Aparentemente, por los antecedentes de su primer gobierno, Alan García no parece ejercer un liderazgo positivo en el interior de las Fuerzas Armadas. ¿Su nueva iniciativa regional podrá ser capaz de beneficiar y no complicar al Perú?

(*) Periodista de investigación y docente universitario


Bagua y sus muertos revelaron la ignorancia del Estado y de las comunidades nativas

julio 12, 2009

 

Condenados a avanzar bajo la sombra de una desgracia [Publicado en Junio del 2009 en la revista NEXOS de la Universidad de Lima]  

La violencia de Bagua se replicó en Sicuani (Cusco) y en Andahuaylas, ciudad que albergó el levantamiento de Antauro Humala en el 2005 y que también ocasionó la muerte de policías. Hoy por hoy, autoridades del Ministerio Público investigan el uso de armas en la Curva del Diablo contra efectivos de la PNP. Sin embargo, también sería justo identficar a los políticos que pusieron en bandeja las cabezas de esos uniformados, al no solucionar la crisis amazónica a tiempo

Escribe: Orazio Potestá (*)  

Que desde el inicio de la época republicana, el Estado peruano haya emitido casi 20.000 leyes sobre la amazonía, normas siempre referidas a la extracción y no al desarrollo económico y humano de la zona, es algo que puede explicar mejor la masacre de Bagua, ocurrida el pasado 5 de junio y que causó la muerte de 34 personas: 24 efectivos policiales y diez civiles, cuatro de ellos pobladores nativos. Entretanto, al cierre de la presente edición de Nexos, un mayor de la PNP continuaba desaparecido.   

Casi 200 años de olvido explotaron en la Curva del Diablo y ahora aparece en el horizonte del Perú un reto histórico que puede ser decisivo como lo fue en su momento la derrota de la inflación y del terrorismo a fines del siglo pasado: Mirar a la selva e incluirla en ese proyecto de desarrollo que el jefe de Estado Alan García suele proferir con regodeo y entre aplausos costeños.

Primero fue el caucho y luego la madera. Y cuando la selva buscaba formas para sacudirse de los daños de la explotación petrolera, ahora el mundo pide gas y eso es lo que muchas empresas transnacionales han empezado a buscar en ese inmenso océano verde que cubre casi el 70% de nuestro territorio y que cobija a cerca de 1.500 comunidades originarias, de acuerdo con cifras del Sistema de Información sobre Comunidades Nativas de la Amazonía Peruana-SICNA.

Bagua ha dejado muchas lecciones y algunas de ellas en el periodismo.

Cuando hay confusión, solamente queda buscar el equilibrio, dijo alguna vez Francisco Igartua, finado director de la revista Oiga. Pues eso fue lo que no se hizo: Apenas transcurridas algunas horas (y posiblemente minutos) de los sombríos sucesos en la carretera Fernando Belaunde y en la Estación 6 de PetroPerú, muchos periodistas ya habían tomado posición por algunos de los “bandos” en conflicto.  

Nada parece atenuar los apresuramientos de la prensa en la cobertura noticiosa en Bagua, ni siquiera que el jefe de Estado también haya sido afectado por la impulsividad y el radicalismo: “Ya está bueno. Ya está bueno. Estas personas no tienen corona. Estas personas no son ciudadanos de primera clase. ¿Qué pueden decir 400.000 nativos a 28 millones de peruanos?”. La frase fue hecha horas después de la tragedia.

Mientras eso sucede, la Defensoría del Pueblo ha informado (como siempre) la existencia de 212 conflictos activos en el territorio nacional y es posible que dos o tres estallen antes de diciembre, de acuerdo con mecanismos de inteligencia policial.

Al principio, el objetivo periodístico fue determinar quiénes dispararon primero y prendieron la pradera. Javier Ascues, periodista de enorme experiencia de El Comercio y que decenas de veces fue destacado a zonas de guerra y de desastres naturales, escribió desde la zona que “al ver el accionar de los agentes del orden en la Curva del Diablo, manifestantes que se hallaban en los cerros aledaños desde la noche anterior comenzaron a arrojarles piedras y objetos contundentes”. Y añadió: “De pronto, un grupo comenzó a disparar con escopetas y armas de guerra e hirió a numerosos policías”.   

Lógicamente, los pobladores nativos acusan a la PNP de disparar con fusiles desde un helicóptero en vuelo. Sin embargo, hoy por hoy, el origen del primer proyectil no parece ser tan importante, considerando que hay dificultades de fondo que tardarán en arreglarse.
 
Margarita Benavides, antropóloga del SICNA, ha declarado a los medios de comunicación que falta el saneamiento de aproximadamente siete millones de hectáreas utilizadas por las comunidades nativas, encargo que debe ser cumplido por un organismo como COFOPRI (Organismo de Formalización de la Propiedad Informal) que no posee profesionales especializados en los vericuetos sociales y culturales de la selva.   

La jefa de la Defensoría del Pueblo, Beatriz Merino, simplificó el problema: “Hemos pedido evitar la superposición de lotes petroleros en las reservas comunales nativas y en otras zonas naturales protegidas”.

Entretanto, una declaración de la saliente ministra del Ministerio de Promoción de la Mujer y Desarrollo Humano, Carmen Vildoso, puso en evidencia la ceguera del gobierno: “Llamé a la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) y me dijeron que la consulta a los nativos (sobre las normas 1090 y 1064) se iba a ejecutar durante la implementación de las leyes, lo que me pareció una burla porque se estaban haciendo las cosas al revés”.

¿En qué les perjudica la ley? –preguntó con insistencia Rosa María Palacios a los jefes nativos Robert Guimaraes y Fernando Ucchumán, quienes denominaron “subastas” a las concesiones de lotes para la explotación petrolera y que al final manifestaron no conocer en detalle el contenido de las normas.

Cuando ocurrió el estallido en Bagua, la carretera Fernando Belaunde se encontraba tomada desde hacía dos meses y se observaban decenas de camiones y vehículos varados. Igualmente, por causa de ese y otros bloqueos, en las ciudades de Yurimaguas y Tarapoto se habían registrado pérdidas económicas por 180 millones de soles. ¿Dónde estaba el titular de la PCM, Jehude Simon? La crítica alcanza también a la prensa de Lima que solamente tenía ojos para el caso Panamericana Televisión y la SUNAT. 

Mensajes y fotos no solucionan la crisis de fondo

Parece que los problemas en la selva no se acabarán con la derogatoria de las leyes 1090 y 1064, satanizadas como aquellas se aprobaron en el Congreso de la República para “vender la selva a las transnacionales”. Y menos con el discutido mensaje presidencial del pasado 17 de junio, que reconoció equivocaciones del gobierno y que solicitó diálogo y reconciliación para no frenar el desarrollo nacional.

Las fotos de nativos abrazados con efectivos policiales y con el titular de la PCM, Jehude Simon, tampoco atenuarán los reclamos que permanecen subyacentes y que pronto podrían ser difundidos en el marco de nuevas interrupciones de carreteras.  

Daysi Zapata, vicepresidenta de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana-AIDESEP, ha manifestado en la página web de esa entidad que ahora las comunidades nativas exigirán al gobierno de Alan García la derogatoria de otros siete Decretos Legislativos que supuestamente son peligrosos para sus intereses. 

Y agregó: “La voluntad de los pueblos indígenas ha sido escuchada y solamente esperamos que en el futuro los gobiernos no legislen a espaldas de ellos”.

Las muestras de arrepentimiento no fueron muy visibles desde el lado del gobierno. Ciertamente, el mensaje presidencial se produjo luego de las declaraciones esos líderes nativos.

Otro hecho podría expandir la flama nativa: El Ministerio de Agricultura reconoce el otorgamiento de once millones de hectáreas a las comunidades de la selva, cuando la cantidad correcta llega a las 13 millones de hectáreas, de acuerdo con el SICNA.

¿Qué hacemos con dos millones de hectáreas en el aire?

Igualmente, el Ministerio de Agricultura señala que los bosques amazónicos en el Perú se extienden en 55 millones de hectáreas. Margarita Benavides del SICNA rechaza esa cifra y afirma que nuestro océano verde abarca 67 millones de hectáreas. 

¿El arrepentimiento fue desigual?

Los pobladores nativos ya perdieron el miedo al Estado y el gobierno ha hecho promesas de cemento que no podrá esquivar en el futuro. Ya no.

Se afirma que las tierras de la selva pertenecen a las comunidades nativas, pero que los recursos naturales del subsuelo son propiedad del Estado. Unas pocas palabras que encierran 150 años de conflictos, desde el surgimiento de la fiebre del caucho en la segunda mitad del siglo XIX.

Los nativos señalan que la selva es suya, sin hacer distinciones sobre necesidades energéticas. No entregarán un balde de petróleo y menos un trozo de chonta al Estado, de acuerdo con algunas posturas radicales que han venido ganando adeptos con caras pintadas.

No entra en sutilezas Santiago Manuín, conocido apu de los nativos aguarunas del departamento de Amazonas. Estar entumecido en la cama de un hospital por causa de ocho supuestos impactos de bala de AKM (arma policial) no fue escollo para que rezongara: “La tierra, el agua, el bosque y el aire pertenecen a los nativos. Y eso ocurre desde hace muchísimos años”.

Una reportera de América Televisión le preguntó si lamentaba la muerte de 24 miembros de la PNP. Respondió que “era difícil evaluar eso”. Segundos más tarde, con frases y pausas calculadas, aflojó y reconoció que lamentaba lo ocurrido.

El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) señala que en la amazonía, zona que cubre el 70% de nuestro territorio, habitan cerca de 340 mil peruanos indígenas.

Leoncio Calla, de acuerdo con El Comercio, fue uno de los dirigentes aguarunas de Río Santiago (Amazonas) que comandaba a los nativos ubicados en las alturas de la Curva del Diablo, justo en el momento del enfrentamiento con la PNP. 

Fue testigo excepcional de la barbarie, si bien documentos policiales lo acusan de haber participado directamente en ella. Lo cierto es que al ser entrevistado en un programa de Frecuencia Latina, no demoró en señalar “que la muerte de los policías estuvo mal”. Y luego sostuvo: “Pido perdón por mis hermanos que se dejaron llevar por la venganza”.

Y remató: “La tortura es lo que ocurrió (sic) en la Estación 6 de PetroPerú, luego de que mis hermanos fueran asesinados. Es allí cuando actúan en respuesta (…) Hay culpables y el Poder Judicial lo determinará”.

Las muestras de arrepentimiento no fueron muy visibles desde el lado del gobierno. Ciertamente, el mensaje presidencial se produjo luego de las declaraciones esos líderes nativos.   

Las balas no mienten y tampoco la televisión

Cuando algunos periodistas, desde diversas tribunas televisivas, empezaron a solicitar a los dirigentes de AIDESEP que identificaran los supuestos artículos de las leyes 1090 y 1064 que ponían en peligro la propiedad de sus tierras, la permanencia de sus árboles y la limpieza de sus afluentes, poco o nada señalaron. 

No hubo argumentos claros y las respuestas fueron genéricas y hasta demagógicas. Solamente mencionaban (y con mucha razón) que el gobierno había incumplido el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que exige consultar a las comunidades de la selva la aprobación de cualquier ley que pueda afectar sus intereses.  

¿En qué les perjudica la ley? –preguntó con insistencia Rosa María Palacios a los jefes nativos Robert Guimaraes y Fernando Ucchumán, quienes denominaron “subastas” a las concesiones de lotes para la explotación petrolera y que al final manifestaron no conocer en detalle el contenido de las normas.   

 –Fernando Ucchumán: “Nosotros, en términos (sic) de las leyes… Para eso ya tenemos a nuestros abogados que las están estudiando”. 

–Periodista: “Si ustedes no saben de qué tratan las normas… ¿Cómo pueden protestar?”.

Es muy pertinente la explicación de la especialista en derecho ambiental y recursos naturales, Lucila Pautrat: “Iniciaron la mesa de diálogo y lo primero que se les preguntó (a los nativos) fue qué artículos del Decreto Legislativo 1090 les molestaban, cuando en realidad lo que ellos rechazan era la arbitraria forma en la que fue aprobada esa norma”.

El presidente Alan García fue lejos al sugerir que una mano negra del extranjero había azuzado a los comuneros de Bagua, pero nunca mostró pruebas. Esta nota acaba de escribirse con mechas prendidas en Sicuani (Cusco) y Andahuaylas, en Apurímac, cuyo aeropuerto ha sido tomado por comuneros presuntamente influenciados por militantes nacionalistas, quienes ya han hecho severas advertencias a un gobierno que todavía no se ha recuperado de la crisis de Bagua.

Los pobres argumentos de los jerarcas nativos en los medios de comunicación pueden avivar las sospechas de injerencia política en sus demandas. El presidente Alan García fue lejos al sugerir que una mano negra del extranjero había azuzado a los comuneros de Bagua, pero nunca mostró pruebas: “Hay interés en que nuestra amazonía no se toque y que no se pueda extraer el gas y el petróleo que necesita el Perú para su desarrollo (…) ¿A quién le conviene que el Perú se detenga? ¡A los competidores!”.  

El ministro de Defensa, Ántero Flores-Aráoz, es otro esclavo de sus palabras: “Hemos estado haciendo una investigación y se ha descubierto –nos falta poco para demostrarlo– que ha entrado al Perú dinero de una ONG internacional para financiar la derogación del Decreto Legislativo 1090”. A esperar sentados. 

El necesario colofón…

Esta nota acaba de escribirse con mechas prendidas en Sicuani (Cusco) y Andahuaylas, en Apurímac, cuyo aeropuerto ha sido tomado por comuneros presuntamente influenciados por militantes nacionalistas, quienes ya han hecho severas advertencias a un gobierno que todavía no se ha recuperado de la crisis de Bagua. 

Mientras eso sucede, la Defensoría del Pueblo ha informado (como siempre) la existencia de 212 conflictos activos en el territorio nacional y es posible que dos o tres estallen antes de diciembre, de acuerdo con mecanismos de inteligencia policial.

Las fichas yacen sobre la desigual mesa peruana, en donde algunos comen y otros no. Quedan dos caminos: Dialogar y apaciguar o mirarse el ombligo y echarle la culpa a Hugo Chávez y a Evo Morales. Los peruanos ya casi somos adivinos.

 (*) Periodista y docente de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima.


LAS GUERRAS INVISIBLES DEL VRAE: Errores de manual acaban siempre en pedidos de mayor presupuesto para las Fuerzas Armadas

junio 22, 2009

 

[Publicado en mayo del 2009 en la revista NEXOS de la Universidad de Lima]

Con una nueva denominación y alejada de los propósitos políticos de Abimael Guzmán y de Óscar Ramírez Durand (a) Feliciano, la agrupación terrorista que opera en el VRAE a cargo del camarada José ha demostrado ser un duro enemigo para las fuerzas de seguridad. El reciente ataque al helicóptero MI-17 en el que viajaba el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general EP Francisco Contreras, puso en evidencia la vulnerabilidad de las tropas en una zona caracterizada por ser escenario numerosas emboscadas con decenas de muertes.

Escribe: Orazio Potestá

Son muchas las guerras que se producen en el mentado Valle de los Ríos Apurímac y Ene-VRAE, al margen de los consabidos enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y las columnas terroristas que ahora se agrupan en el Ejército Revolucionario de Obreros, Campesinos y Estudiantes de Resistencia Nacional Antiimperialista, facción liderada por Víctor Quispe Palomino (a) José y que hasta la caída de Feliciano en 1999 era el histórico Comité Regional Principal de Sendero Luminoso.

Se trata de combates invisibles que impiden la pacificación del VRAE y que fortalecen las ideologías radicales que se enfrentan al Estado.  

La última emboscada que causó la muerte de 15 soldados del Ejército en Sanabamba (Huanta) pudo haber sido consecuencia de la deficiente planificación o del recelo que las Fuerzas Armadas tienen con la PNP y que evita que se comparta información de inteligencia sobre el terrorismo en la zona. O tal vez el corolario del copamiento del teatro de operaciones por parte del Ejército para alejar a tropas experimentadas y mejor preparadas de la Marina de Guerra.

La guerra informativa es casi un deporte. La edición del 16 de abril de Caretas sostuvo que el atentado terrorista se habría producido cuando los soldados extorsionaban a un grupo de narcotraficantes, tesis atribuida a sectores “moralizadores” del Ejército y pese a que fue vertida desde Lima por la PNP para desprestigiar a los militares en el VRAE.  

La demora del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) en otorgar los presupuestos prometidos aumenta las tensiones y ello explica la presencia de solamente dos helicópteros MI-17 y la ausencia de los blindados MI-25. 

El 6 de abril, casi una semana antes del atentado en Sanabamba, el ministro de Defensa, Ántero Flores-Aráoz, había resaltado los logros del Plan VRAE, elaborado para reducir la pobreza y eliminar el narcoterrorismo en la zona: “La gran mayoría de la población no sabía de qué se trataba esa estrategia, hasta que en el 2008 se le dio un gran impulso al progreso y a la interdicción policial y militar”. 

A los errores en la estrategia militar se suman factores como el recelo existente entre las fuerzas de seguridad y los contradictorios discursos de las autoridades

Sin embargo, luego de las balas y de los machetazos del camarada José y sus huestes, Flores-Aráoz se apuró en revisarle las costuras a ese documento y reconoció que debía ser mejorado y consolidado.

Ciertamente, esa misma fecha, Vladimiro Huaroc, quien como presidente regional de Junín se encuentra presente en la zona, sostuvo que el Estado se encontraba perdiendo la guerra contra el narcotráfico y el terrorismo, debido al escaso impacto del Plan VRAE.

Graves errores: Exposición y Filtración

De acuerdo con el diario El Comercio, desde finales del 2007 y hasta el pasado 18 de abril, el denominado Ejército Revolucionario de Obreros, Campesinos y Estudiantes de Resistencia Nacional Antiimperialista, por medio de emboscadas y francotiradores, asesinó a 32 militares y a seis efectivos policiales.

Y si el tenor de los ataques es asesinar a 15 militares por atentado, posiblemente tripliquemos el número de bajas para diciembre del 2009. 

La ONU señala que en el VRAE se producen anualmente 104 toneladas de cocaína, lo que equivale a la tercera parte de la producción nacional. Mientras las mafias de la droga manejan millones de dólares en zonas rurales de Ayacucho, Junín y Cusco, el Estado no otorga los presupuestos requeridos por DEVIDA para frenar el crecimiento del narcortráfico

Soldados menores de edad y sin experiencia (ser un “reenganchado” no garantiza ser superior al enemigo) patrullaron en “fila india” por Sanabamba, en horario diurno y violando los manuales de combate de baja intensidad escritos hace décadas luego de la traumática experiencia de Estados Unidos en Vietnam.

Los militares se expusieron en una zona montañosa que facilitaba el camuflaje de francotiradores y el monitoreo de trampas explosivas.

Fue un error ampliamente reconocido (Caretas del 16 de abril) por el presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general EP Francisco Contreras: “La técnica del patrullaje ordena hacerlo por la noche, por infiltración. Yo mismo viajaré a la zona para pedir explicaciones al jefe de la base militar de Sanabamba para saber por qué se cometió esa negligencia”.

No hubo secreto y menos sorpresa. Hubo soldados regalados a la muerte en una ruta que ya había sido sembrada con minas explosivas por los terroristas, lo que revela la posible existencia de canales de filtración de información.   

La hora de las sospechas

Para aquellos que sostienen que la suma de errores no forzados en Sanabamba es sospechosa, tampoco parece ser casual que cada atentado terrorista contra militares en el VRAE o en el Alto Huallaga acabe siempre con la misma súplica: Más dinero para las Fuerzas Armadas.

Se aprecia una constante causa-efecto que debería preocupar a los expertos en violencia y a los periodistas de investigación. 

Hay varios ejemplos de mala fe en el VRAE. Uno de ellos involucró al general EP Eduardo Fournier, quien ahora sostiene que Vladimiro Montesinos tuvo que ver en el derribo del helicóptero MI-17 que lo trasladaba con decenas de militares (muchos de ellos murieron) a la zona de Anapati, en el departamento de Junín, cuando se perfilaba la rendición de centenares de terroristas. El ex jefe del SIN hizo llegar un falso rumor al camarada Alipio, quien hizo explotar esa nave el 2 de octubre de 1999. 

En ese tiempo, la derrota de Sendero Luminoso hubiera anulado los presupuestos para la compra de logística y de armas para el combate del terrorismo en el VRAE.

Resolver las guerras invisibles es indispensable para el Estado. Y ese tráfago nos enfrentará a otros enemigos como la indolencia, la ineficiencia y la persistente corrupción. Ojalá alguien se atreva.


EL JOVEN CON TALENTO NUNCA FALLA

mayo 30, 2009

 

Fundó primero la revista Oiga en 1948 y luego –en sociedad con Doris Gibson— el semanario Caretas en 1950. Desterrado, perseguido –y con el tiempo ensalzado por sus amigos, Don Paco Igartua es un testigo excepcional de nuestra historia republicana en los últimos 50 años. La revista Oiga, la bandera de su lucha, ha dejado de palpitar, es cierto, pero basta su ejemplo para comprender que quienes gozan del poder son tan humanos y finitos como un mismo y que por ello no es posible tenerles miedo. Los errores y la negligencia se gritan al cielo, fuerte… Esa es la labor del periodista. Bienvenido a Retorno, Don Paco.      

Entrevista: Orazio Potestá [1996]

Don Paco: Parece mentira que hace más de un año, Oiga, la radical, dejará de circular. ¿Recuerda la carajeada que le dio cuando manché dos fotografías con tinta azul?
Si no me falla la memoria, eran dos fotos de una nota que hiciste sobre narcotráfico. No había copias en el archivo, eran fotos únicas porque mostraban la presencia de pistas clandestinas en la espesura del bosque, cuando el gobierno se rasgaba las vestiduras jurando que no quedaba ni una sola. Te merecías esa carajeada.

En el número de Oiga que conmemoró sus 50 años como periodista, en 1992, Mario Belaúnde, viejo amigo suyo, tituló un artículo sobre Usted con un sugestivo “Nacido para Joder”. ¿Cómo recibió esa peculiar calificación?
Más que nada, fue por la rebeldía que según mis amigos y enemigos siempre me acompañó. Decir la verdad en voz alta y defenderla con la vida si es necesario puede considerarse como rebeldía, pero para mí es parte de una obligación moral.

¿En su trayectoria como periodista desarrollo algún instinto especial para detectar a los jóvenes con talento?
Mira, al joven con talento se le detecta al instante, y no es por que yo haya desarrollado un “instinto especial” como tú le llamas. Un joven talentoso se delata cuando cumple todas las tareas encargadas así tenga que dar la vida para lograrlo, con dedicación y pulcritud. Se muestra interesado en aprender, pregunta sin miedo a los de más experiencia, llega temprano y no respeta el horario de salida. Observa todo lo que le rodea y aprende tanto de sus errores como de los ajenos.

Usted, Don Paco, siempre estuvo en contra de la profesionalización de la carrera: ¿Cree que un periodista nace y no se hace en las aulas?
Así como un pura sangre nace con condiciones innatas para el tranco largo y el triunfo, el periodista nace. La vocación periodística no se enseña en las aulas de clase, es algo que nace adentro, como los sueños sin explicación y que solamente nosotros podemos disfrutar con su ejercicio: Es imposible hacer sentir a otros lo que sentimos siendo periodistas. Por ellos somos incomprendidos y casi siempre apartados de la familia y de los amigos.

El periodismo es un estado de ánimo, una conciencia que nos roba poco a poco la vida, haciéndonos sufrir. Pero, paradójicamente, disfrutamos con eso. Un joven que desea iniciarse en ese apostolado debe estudiar literatura y todas las ramas de las humanidades. Por eso rechazo la profesionalización de la carrera. Y todo porque el joven debe tener una cultura general tan sólida que avasalle y pueda enfrentarse con su verdad y mucha confianza a cualquier ser humano de la tierra, bueno o malo, ángel terrenal o demonio.

Aunque pueda pecar de obvio… ¿Cuál debe ser la misión del periodista en un país como el nuestro?
En cualquier etapa de la historia, la misión del periodista será informar, orientar y educar a la población. Orientar de acuerdo a normas morales y éticas. El periodismo que se convierte en fábrica de embutidos deja su esencia en el tacho de basura. Por desgracia, los medios de comunicación de hoy, que no son los escritos, le han dado a la noticia una categoría de producto lácteo al venderse de forma irresponsable: Le dan más énfasis al “gusto” y no al análisis concienzudo de la noticia.

¿Qué se privilegia?
Se privilegia el negocio, cosa que antes no sucedía.

Cerrada Oiga… ¿A qué de dedica Don Paco?
Ahora dedico más tiempo a escribir. He preparado un libro de ensayos en base a textos escritos por mí y a conferencias que he dictado en el Perú y el exterior.

También preparo el segundo tomo de mis memorias, obra que para mí es entrañable porque vuelco etapas muy significativas de mi vida. Como verás, ahora conviene mucho descansar y cuidar un poco la salud, resentida luego de tantos años de colerones y pasiones.

Su primer libro se titula “Siempre un Extraño”. ¿Puede ser un extraño Usted que ha luchado siempre para descubrir los rostros que se esconden detrás de una careta?
¿Te refieres a aquella revista que fundé?

No. Hablo del derrumbe de muchos ídolos falsos…
Don Paco empieza a leer un manuscrito: El libro no es una biografía, es la descripción de mi temperamento, descripción imprecisa pues es tarea sin fin aquello de “Conócete a ti mismo”. Estarían a flor de papel mis sentimientos, mis amores, malquerencias y mi rechazo a quienes no han sido de mi estima, sin que falten mis ascos por los repudiables. Ese libro es mi autorretrato, bueno o malo pero es eso: La descripción de mí mismo en algunos retazos de mi vida.

El título del libro fluye del texto. Refleja esa indefinible sensación que me ha acompañado largos trechos en el camino de mi vida, ese sí pero no, ese estar y no ser o al revés: Ser y no estar dentro de las sociedades a las que el destino o la sangre me ha ligado.

Una vida de pasión y sobresaltos no entiende de medias tintas, Don Paco…
Coge un papel y lee con pausa: Mi testimonio es directo, desde la fuente misma de los hechos y sin estar comprometido con ellos, aunque esa sutileza no la entienda la policía y menos los políticos. Dentro del tráfago político he sido como un espectador en una obra de teatro, pero no sentado en platea o en palco, sino viendo y tocando todo dentro de los bastidores y metido en el mismo escenario. No me han faltado, pues, desencuentros gratuitos, persecuciones, prisiones y destierros.

DEMOCRACIA E INSTITUCIONES DESTRUIDAS

Una de sus grandes preocupaciones, desde su trinchera en Oiga, fue la defensa de la Democracia. ¿Cuál es su percepción sobre el debilitamiento de las instituciones en el Perú de hoy?
No están debilitadas, amigo, están destruidas. Y esto es parte del modelo político que anhela convertir al Estado en ese monstruo filantrópico del que habló en su momento Octavio Paz, lo que constituye el gran pecado de todas las dictaduras de América Latina.

Una reciente encuesta ubicó al Congreso de la República como la institución con menos credibilidad en el país ¿Qué opinión le merece eso?
Eso es lógico porque todos los elementos de la mayoría gobiernista se encuentran moralmente descalificados por su excesiva obsecuencia con el gobierno.

El resultado de esa encuesta nos permite pensar que la ciudadanía empieza a despertar para pedir cuentas a un régimen que se aprovechó de la confianza brindada a brazo partido…
Pienso que sí, aunque ese despertar ha sido muy lento. La gente se está dando cuenta de que el mentado desarrollo no ha llegado a sus bolsillos. Ahora, el pueblo peruano es más pobre que nunca. El nivel salarial se mantiene igual y el desarrollo educacional permanece atrofiado debido a que las universidades recién creadas solamente satisfacen la demanda de la élites.

LA PRENSA ESCRITA NO MORIRÁ

Muchos coinciden que con el avance de las nuevas tecnologías de la comunicación, la prensa escrita, aquella donde se formó Usted y José Carlos Mariátegui, desaparecerá, Don Paco…
Don Paco nos pide una pausa para traer unos apuntes. Parece ser el texto de un discurso: La prensa escrita, letra por letra, sufrirá algunos cambios pero no morirá. La magia, el embriagante estilo de la letra de molde no desaparecerá por obra de las palabras radiales –que se las lleva el viento– o de la imagen que no nos permite centrar nuestra atención en el significado del discurso. La palabra volandera jamás nos dará la seguridad que nos brinda la letra escrita, ese texto que podemos leer y releer por placer, para confirmar o rectificar lo que no estuvimos seguros de entender.

¿En qué son diferentes los periodistas de los medios escritos y los de la televisión?
Hay que considerar que la televisión no la hacen los periodistas, la hacen los empresarios. Y ese medio no es un apostolado, es un negocio que coquetea con el poder y a donde los periodistas llegan para obtener mejores salarios. César Hildebrandt, por ejemplo, es una excepción a la regla porque asume la profesión como una forma de compromiso social.

Si bien muchas personas extrañan el tono discrepante de Oiga, existe la sensación de que su cierre ha pasado un tanto inadvertido…
Inadvertido no sé hasta qué punto, porque hay personas que me llaman y escriben a la casa para preguntarme cuándo salimos nuevamente. Claro que todavía hay muchos que increpan la impulsividad y la radicalidad de Oiga en contra del gobierno.

Es necesario que en el Perú haya quienes defiendan su verdad en voz alta, Don Paco…
Es cierto. Nadie es dueño de la verdad y por eso todo el mundo debe decir la suya y defenderla con pasión, porque lo contrario es la media voz y el temor de decir las cosas de frente. Y ese es un gran problema nacional que destacó en su momento Manuel Gonzáles Prada.

Si censuran nuestra revista, le vamos a tocar la puerta para pedirle algunos consejos…
Quizá la cierren, pero no podrán matarla.


Periodismo, Chuponeo y Ética

mayo 27, 2009

 

Exposición para la charla Periodismo de Investigación y Chuponeo Telefónico | Universidad de Lima | 30 de abril del 2009. Ponentes: Augusto Álvarez Rodrich, Enrique Chávez, Orazio Potestá y José Alejandro Godoy. Moderador: Santiago Pedraglio 

Hablar de chuponeo telefónico para fines periodísticos nos remite directamente al concepto de fuente periodística y a los manejos que se le debe dar a esa extraordinaria herramienta de trabajo.

Se ha debatido en el Perú si es ético o no el uso de interceptaciones telefónicas o de correos electrónicos.

Pienso que mientras el Perú sea uno de los países más corruptos de América Latina y exista una realidad opresiva para el ejercicio del periodismo y para el acceso a la información pública, el chuponeo será una vía (un mal necesario) para descubrir hechos dolosos o irregularidades.

No se trata de crucificar al periodista que hace uso de esos medios. Es necesario motivar un proceso en el tiempo que busque alejar de la corrupción a las diferentes esferas sociales y políticas del Estado.

Me parece que las personas que ahora se persignan contra el uso periodístico del chuponeo, fueron las mismas que se mantuvieron mudas durante la mafia de Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori. Y por eso “no se acuerdan” que los golpes más fuertes que ese régimen dictatorial recibió provinieron de denuncias basadas en interceptaciones telefónicas o en material grabado por lo bajo.  

Basta recordar que los vínculos del Frente Huallaga del Ejército con el narcotráfico (1991) se descubrieron gracias a conversaciones radiales chuponeadas y que en 1996 el programa Contrapunto de Frecuencia Latina puso en serios problemas al gobierno de Alberto Fujimori con denuncias de espionaje telefónico contra periodistas y políticos de oposición.

Con ello quiero hacer una reflexión sobre lo que se entiende por mafia: Una mafia es mafia porque maneja una estructura cerrada, casi blindada y compartimendata, que impide el flujo de datos al exterior y por razones obvias: Sus actos son ilegales. 

Frente a esa imposibilidad de conocer a una mafia por dentro, las interceptaciones telefónicas, el chuponeo de correos electrónicos, los audios grabados sin autorización del interlocutor… ¿Son o no son útiles para el periodista de investigación?

Pienso que sí.

¿O a lo mejor el periodista debería triturar o quemar los CDS con esa información y perder la oportunidad de hacerle daño a esa mafia?

Ciertamente, lo que les digo podría espantar a cualquier profesor de ética, pero lo que les comento ocurre en el mundo real, en el periodismo real. 

Poniéndolo lo fácil: A un periodista se le critica y crucifica porque muestra un material chuponeado. Sin embargo, nadie repara en que un mafioso le puede meter un balazo a ese periodista. ¿A quién debemos criticar realmente? ¿Al periodista o al mafioso?

Recomendaciones de procedimiento

Sin embargo (resalto esa palabra) hay cosas que debemos tener muy en cuenta para evitar parecernos a esos mafiosos que estamos investigando:  

• Un material de chuponeo jamás debe ser la única prueba de una nota periodística. Aquí en el Perú nos colgamos de un audio, lo reventamos (publicamos con bombos y platillos) y después iniciamos una investigación, cuando ya nadie quiere hablar.

Una interceptación telefónica debe ser un indicio o el punto de partida para que tres o cuatro periodistas se dediquen a investigar ese presunto hecho de corrupción.

Lamentablemente observamos en la actualidad que un audio reemplaza el trabajo del periodista.

Incluso, pienso que sería interesante hacer el esfuerzo de no difundir una interceptación telefónica durante una investigación, con el objetivo de fortalecer el trabajo periodístico pleno, ese que se hizo famoso en el caso Watergate (Estados Unidos) y basado en la búsqueda de fuentes, recolección de información y cruce de datos. Ese material solamente se difundiría si las “fuerzas ocultas” arrinconan al periodista en el Poder Judicial o en otras instancias.

• Nunca debemos generar un mercado de chuponeo telefónico: Si un periodista se hace conocido por comprar audios o correos electrónicos chuponeados para sustentar sus investigaciones, siempre habrá gente dispuesta a nutrirlo con ese tipo de información.

Y si ese periodista paga bien por esos materiales, es posible que reciba material falso o fabricado. ¿Y a quien afectan los errores? No al periodista, pues evidentemente podemos deducir que ese profesional no anda muy preocupado por cuidar su credibilidad, ya que lo que busca es ser “famoso” o “popular”.

Reflexión: Antes uno se hacía conocido más por el trabajo que hacía. Ahora hay una generación de periodistas que son populares por causa del impacto de sus errores y no por la relevancia de la información que propagan.

Y si el error es grave, el mismo se difuminará luego de que ese periodista recurra en su defensa a poderosos conceptos como libertad de expresión y derecho de informar.

Y al final, no pasó nada.

Y al hablar de no generar un mercado, debemos aclarar que es muy distinto utilizar un audio que nos ha llegado por razones circunstanciales, que usar uno pedido expresamente por nosotros sobre un personaje en particular. 

Es distinto decir: “me llegó un audio de Genaro Delgado” que “quiero un audio de Genaro Delgado”. 

• No nos dejemos utilizar. Y para eso hay que decifrar la intencionalidad de la fuente que nos entrega los audios. Es muy distinto recibir un audio de cinco minutos que diez cajas con CDS que contienen 50 horas de grabación.

El volumen y la disciplina de esa entrega (cajas con audios) determina la existencia de una industria del chuponeo que nosotros no deberíamos avalar publicando inmediatamente el contenido de ese material. Por eso decía que los audios deberían ser indicios para el inicio de investigaciones sobre corrupción y no la base misma de las pesquisas periodísticas.

Las reacciones son las de siempre

Sea en Colombia, en Brasil, en México o en Argentina, el vendabal producido luego de la difusión de audios sobre casos de corrupción es el mismo: Los propios corruptos denuncian a los periodistas por haber utilizado material ilegalmente obtenido porque (según ellos) ese hecho viola la ley y propaga el delito.

Hace poco, la revista Semana (Colombia) denunció a la Dirección Administrativa de Seguridad-DAS por chuponear en forma sistemática a magistrados, fiscales, personajes políticos y directores de medios de comunicación, motivando la renuncia del jefe de ese organismo y de muchos oficiales de inteligencia. Luego los periodistas de Semana tuvieron que defenderse de acusaciones de haber violado la ley y de haber incitado el delito.

En Brasil, en el 2008, la revista Veja publicó grabaciones ilegales entre políticos y miembros del Supremo Tribunal Federal, las mismas que fueron proporcionadas en forma soterrada por la Agencia Brasileña de Inteligencia. 

El ajuste de cuentas no se hizo esperar. En represalia, los políticos brasileños prefirieron atacar a los mensajeros (periodistas) al promover una ley para castigar con cárcel a los reporteros que divulguen información obtenida por medio del chuponeo y sin la autorización de un juez.

Es decir: La misma ley que apristas en el Congreso de la República buscaron aprobar.

Reflexiones finales

• Se dijo que el chuponeo iba a afectar la gobernabilidad, pero la gobernabilidad es afectada por los corruptos. La gobernabilidad no sufrió daño, prueba de ello es que el propio jefe del Estado, Alan García, sostuvo que el caso Petrotech fortaleció la democracia al conocerse la identidad de los corruptos.

• Hubo una contradicción muy grande: Por un lado, los medios de comunicación llamaban criminal a Elías Ponce Feijoó, marino y principal chuponeador de la empresa Business Track, pero por otro buscaban con denuedo las interceptaciones telefónicas hechas por él y sus compinches para publicarlas de inmediato.

• Es preferible que el delito sea denominado “chuponeo” o “espionaje telefónico” y no “interceptación telefónica”. El término “interceptación telefónica” tiene un fondo legal y es amparado por la normatividad contra el crimen. El espionaje telefónico es la vulneración de los derechos ciudadanos por parte del Estado o de terceros.

• El chuponeo telefónico es un delito que viola el derecho al “secreto y a la inviolabilidad de las comunicaciones” que nuestra Constitución consagra a favor de los ciudadanos.

• Pero ningún derecho es absoluto debido a que puede colisionar con los de otras personas. Por ejemplo, si cumpliéramos a rajatabla el derecho a la inviolabilidad de las comunicaciones, tendríamos a Vladimiro Montesinos y a Alberto Fujimori en libertad. Igual cosa sucedería con los implicados del caso Petrotech, Alberto Quimper y Rómulo León Alegría.

Orazio Potestá | Periodista y profesor universitario


La felicidad lleva a la muerte

enero 22, 2009

 

-Randy…
-Hey… ¿qué haces aquí?
-¿Qué diablos estás haciendo?
-Hago mis cosas, voy a trabajar…
-Espera, tu corazón…
-¿Mi corazón? Mi corazón aún lo aguanta…
-Pero el doctor dijo que…
-Sabes, es lo único que hago. El único lugar en donde puedo salir herido es afuera… Al mundo no le importo un bledo…
-Estoy aquí. Realmente estoy aquí. ¿Cómo le llamas a eso?
-Hey… ¿los escuchas? Esto es para lo que nací. Cuídate.
-No, Randy, no…

[Suena Sweet Child O Mine de Guns and Roses. El luchador (Mike Rourke) apuró el paso y luego fue a encontrarse con la muerte]


Los Otros…

diciembre 29, 2008

 

ÉSTAS Y OTRAS experiencias me animaron a pensar que era hora de retirarme del periodismo. Pensar eso a los 33 años es doloroso. Pero no me quedaba otra alternativa, pues sentía que en mi camino profesional encontraba puentes y atajos que no estaba dispuesto a cruzar o transitar. El 2007 fue un año de reflexiones y devaneos, buscando buenas razones para continuar o desistir en la carrera más hermosa del mundo, mientras me dedicaba a la docencia y a la elaboración de estrategias educativas para el Estado. Ahora solamente una cosa puede devolverme la ilusión y la fe que he perdido con el tiempo. Jhon: Tenemos que lograrlo… ¿Qué hace falta? ¿Qué cosas NOS FRENAN?

He mencionado la suerte que he tenido de trabajar con excelentes periodistas. Cada uno ha influenciado en mi carrera y en la manera que he tenido de ejercer el periodismo. 

Pero he tenido otro tipo de jefes: Bufones, coimeros, burros y arribistas.

En el 2007, como periodista de un conocido diario de Lima, investigué al general (r) Roberto Chiabra por recibir dinero de Vladimiro Montesinos en plena dictadura. Consigné en mi informe cinco fuentes favorables a mi hipótesis investigativa, superando la cifra que los editores solicitaban como ejercicio de rigurosidad.

OP: No entiendo por qué le ponen tantas trabas a mi informe…
Editor: No se trata de que no queramos que salga… Lo que pasa es que…
OP: Mira: Tengo cinco fuentes y peritos que acusan al tipo de haber recibido el dinero… ¿Qué falta?
Editor: ¿Cuánto tiene tu informe?
OP: Página y media…
Editor: ¿De cuánto es tu coima?
OP: Doce mil dólares…
Editor: No pues, muy poco…
OP: ¿ ?
Editor: Muy poco porque una página del domingo “me cuesta” 25 mil dólares…
OP: ¡Dios! ¿Y eso qué tiene que ver?

El editor notó mi desazón y buscó barajar el incómodo momento. Yo tragaba saliva y me ahogaba por lo que había escuchado. 
 
Recuerdo haberle recalcado que el monto no importaba, si se consideraba que magistrados del Poder Judicial iban presos por 100 soles y que Ernesto Polo Gamarra fue encarcelado casi dos años por recibir menos de 2 mil dólares.  

El editor balbuceó. No entendí lo que dijo. Yo seguía con la mente en blanco.

¿Cómo decirle a ese pobre enano infeliz que la corrupción no puede medirse con dinero y menos compararse con avisos publicitarios dominicales?

Esa persona no podía entender lo que costaba hacer un reportaje de investigación: Buscar fuentes, informantes y documentos… Y junto con eso, decidir el enfoque y redactar sin dejar flancos que puedan convertirse en futuros procesos judiciales.

Cada frase tiene un sentido y es producto de mucho raciocinio. ¿Para qué? Pues para proteger el prestigio del medio de comunicación y para que muchos editores (¡tremenda paradoja!) se mantengan en sus puestos de trabajo.

Luego sostuve una tensa conversación con el director del periódico para preguntarle por qué razones Roberto Chiabra era un “intocable” que no podía ser investigado. El director no me habló bien. Noté que su incomodidad crecía y sus palabras se volvían ásperas conmigo.

Quise contarle la triste anécdota de los 25 mil dólares, pero me contuve porque ese editor era hombre de su mayor confianza. 

Ese editor tuvo una vida de película mexicana: Empezó como peón en el archivo de ese periódico y gracias a su pelaje y servilidad (otros dicen que susurrándole al oído a una sobrina de los propietarios) pudo crecer y ocupar cargos importantes, siempre en el área administrativa. Ahora era editor central de noticias.

La nota salió con inofensivos titulares y las versiones de los testigos y peritos fueron recortadas. Ya estaba avisado. Mi tiempo de vida se acortaba en esa redacción.

Con ese mismo editor había tenido un mal momento pocos meses antes. Me iba a Paita para investigar las actividades de la mafia de Tijuana en esa ciudad y le pedí que me autorizara viajar con una camioneta 4×4 del periódico, acompañado por un chofer que podía socorrernos ante cualquier eventualidad.

Se negó ruidosamente. Sugirió que “con chofer y vehículo” íbamos a emborracharnos de cantina en cantina.

Pensé: “Oye enano, tú crees que soy como algunos de tus amigos peloteros que se van de tragos y de putas cuando viajan. ¡A ellos sí les permites utilizar los vehículos del periódico!”.

Le expliqué que era mejor que el equipo periodístico (el fotógrafo y yo) viajara acompañado por un tercero que se encargue de hacer “contravigilancia” en una zona con presencia del narcotráfico.

Pero le hablaba en chino, pues ese personaje nunca había viajado como periodista a realizar coberturas. Nunca había escrito un reportaje y menos había pisado una zona de emergencia. 

El jefe de la unidad de investigación le envió un e-mail, pero no hubo respuesta positiva.

Luego supe que esa unidad móvil y su chofer habían sido asignados a un paseo por las playas de Lima para verificar la contaminación de sus aguas.

Ya en Piura, luego de haber bajado del avión y en condiciones absolutamente vulnerables, le dije al fotógrafo que era mejor meternos a la boca del lobo de una buena vez: Ganar la iniciativa y sorprender.

En el mismo aeropuerto, si no me falla la memoria, llamé a Freddy.

Freddy había sido el chofer de los capos de Tijuana Rubén Lugo Romero (a) Colita y Guillermo Rodríguez Machado (a) Memo

Su teléfono me lo dio una fuente extranjera cuya identidad no debo recordar. 

El plan suicida salió a la perfección, gracias al azar y a nuestra divina suerte. Camino al penal de Río Seco, una patrulla policial nos detuvo. Sollozando y cogiendo con nerviosismo el timón del vehículo, Freddy nos confesó que lo iban a “canear” porque el auto pertenecía a un militar que se encontraba prófugo por colaborar con el cártel de Tijuana.

Bajé rapidísimo del auto, antes de que el policía rastreara la placa. Saqué el carné de prensa y le pedí que nos diera luz verde porque teníamos urgencia de llegar al centro carcelario.

Nos dejaron ir.

Freddy dejó de sudar y se deshizo en agradecimientos.

“¿Ustedes son de la DEA? ¿No? Me gané que le sacaste la placa al capitán”.  

Me hice el “interesante” y no respondí. Solamente le dije: “Nos debes una y muy grande, gordo. Pórtate bien con nosotros. Vamos a necesitar que nos ayudes”.

“Lo que quieras, doctor. Lo que quieras”.

Freddy ya estaba bajo nuestro control. Lo habíamos captado. Y lo más gracioso: ¡Pensaba que éramos de la DEA!

Con esa jugada nos pusimos a salvo en Paita, si bien hubo hechos que resultaron curiosos. Todas las noches, puntualmente, en las afueras del hotel San Miguel, escuchaba a jóvenes gritar cosas como “órale cuate… ¡y cómo te fue hoy, mano!”.

Pero una vez sentí miedo. Fue cuando cantaron un corrillo mexicano que decía: “Muerto estás hermano lindo, dos balitas, dos deseos… ¡Yo me encargaré de tu familia!”. 

Me faltó decir que el hotel San Miguel de Piura era el preferido de la mafia de Tijuana. ¡Lo de meternos a la boca de lobo había sido realmente en serio!

El editor nunca se enteró de las peripecias y riesgos que tuvimos que pasar en Paita por habernos negado la posibilidad de viajar en un vehículo del diario.

Era lógico: Nunca ejerció el periodismo. Llegó a ese cargo gracias a su enorme franela.  

Producto de las investigaciones a la mafia de Tijuana en Paita, me centré en un general del Ejército que era considerado como un héroe por muchos militares. Ese alto oficial se encontraba vinculado con el narcotráfico y las autoridades judiciales le habían encontrado una cuenta bancaria con varios cientos de miles de dólares en Gran Cayman.

Mis pesquisas fueron paralizadas. Mis informes eran “levantados” a medianoche, pese a haberlos dejado diagramados y sacramentados por los jefes.

Ello empezó a ocurrir luego una serie de reuniones que ese editor sostuvo (a mis espaldas) con ese general del Ejército. Yo me enteré de ello gracias a mis buenos amigos de la DEA.

Cuando uno investiga casos de tráfico de drogas suele encontrar enemigos hasta en el propio centro de trabajo. Son enemigos hasta los que saludan mostrando los colmillos. Ciertamente no son amigos. Son hienas a sueldo.    

El “amigo” de las mineras

Cierta vez hice un viaje a Áncash para hacer un reportaje sobre la pobreza, el nivel de la salud, el desarrollo productivo y la educación en ese departamento, como parte de una serie de diagnósticos periodísticos que se publicaban con miras a las elecciones generales que se avecinaban. 

El tema minero no podía quedar fuera de mis pesquisas y por eso consigné en el informe que había en la población ancashina cierta animadversión contra las empresas extractoras de metales, acusadas de contaminar el medio ambiente.

Simplemente eso.

Recibí un emplazador correo electrónico de un editor que era conocido por su canosa e irrelevante diplomacia y por haber sostenido numerosas y secretas reuniones con Alberto Fujimori en Palacio de Gobierno, siempre a medianoche.

Me pedía “explicaciones” por haber difamado a una empresa minera que no hacía otra cosa que brindar “desarrollo” y “trabajo” a los peruanos.

Además me pedía que “probara” cada una de mis afirmaciones y sugirió que había mentido descaradamente.

Se trata del mismo “colega” que llevó a su periódico el dato falso de la captura de José Francisco Crousillat, el mismo que fue publicado en la página web de ese diario.  

Solamente un asalariado de una empresa minera podía haber escrito un correo electrónico con ese tenor. ¿Ir en contra de uno de sus periodistas para defender los intereses de una poderosa compañía minera?

“Tranquilo. Me he enterado que lo llevan a su tierra en avioneta. No le malogres esa gollería”. Eso me lo dijo un jefe de sección que conocía de años al enojado jefe.

Ese editor había enviado copias de su e-mail al director y a varios peces gordos del periódico. Pero hubo más: Olvidó borrar del historial el mensaje de queja de sus “patrones mineros”. 

En ese mensaje se apreciaba que el editor recibía las órdenes y los reclamos de un empresario minero. Era un texto largo y con los argumentos y las cifras que suelen exponer las mineras cuando se defienden de los hincones periodísticos. 

Le dije al editor que yo había reporteado en la zona y que lamentaba que creyera a ciegas el contenido de un e-mail interesado y redactado con “cargos de conciencia”.

Creo que mi e-mail fue fulminante. Le llegué a plantear mi renuncia si es que descubría alguna inexactitud o alguna información de mala fe.

Me respondió que solamente “había planteado dudas” y que siguiera con mi “buen trabajo” en el periódico.

Obviamente, aquel e-mail de “respaldo” no fue copiado al director del medio de comunicación.

Yo me tragué el sapo. Y el editor prosiguió con sus cómodos viajes en avioneta.

La “portada” del domingo

Faltaban pocos días para las elecciones generales del 2006. La editora de política se me acerca y me lanza un conjunto de documentos.

“Esto será portada completa. Es una bomba de aquellas. Te harás famoso. Iré avanzando la diagramación para enseñársela al director”.

Asustado porque imaginaba de dónde había sacado esos papeles, le pregunté: “¿De qué se trata?”.

“Mi fuente estrella [¡Bingo!] me ha dado esa información y me ha dicho que nos entregarán denuncias mas graves, siempre y cuando publiquemos eso”.

Noté que me presionaba con esas palabras.

Con ligera ironía le pregunté a la emocionada editora si podía leer esos documentos que a simple vista parecían informes de inteligencia policial. 

“¿Puedo hacerlo?”.

“Obvio, pero apúrate porque mi fuente estrella tiene más información para nosotros. Si publicamos lo que te he dado, nos doblamos”.

Recalcó la frase “lo que te he dado”.

Yo ya sabía quién era su fuente estrella. Ciertamente, todo el periódico lo sabía. Y esa amistad [o lo que sea] se prestaba y se presta a muchas suspicacias.

Los documentos sostenían que un comando paramilitar de Patria Roja, azuzados por Ollanta Humala, iba a matar a Alan García en caso ganase las elecciones a Palacio de Gobierno.

Maldije: “Dame tres horas para cruzar los papeles. ¿Los has leído? Es un escándalo”.

Se sintió orgullosa.

Luego acabé la idea, sabiendo la identidad del emisor: “Es una trampa del APRA, es absurdo… ¿Cómo vamos a creer eso?”.

Puso cara de fastidio: “Habla con tus amigos y vienes porque ya empecé a diagramar el tema”. 

Bajando por las escaleras de mármol, imaginé que la pobre chica no sabía quién era Burrhus Skinner y que lo que se quería hacer con ella era el clásico “reforzamiento positivo” que se utilizaba con gallinas y caballos para generar conductas repetitivas.

Si una gallina picoteaba un objeto rojo en su jaula, era muy posible que repitiera esa conducta si es que recibía un premio.

Psicología elemental de cuarto año de secundaria. O simplemente cultura general.

Ello era aplicado por los servicios de seguridad a personas previamente escogidas y no necesariamente por su sagacidad.

En tres horas pude hablar con cuatro personas:

Un amigo que había sido Ministro del Interior: “¿Quién te ha dado tremenda estupidez?”.

Una fuente de la DIRCOTE: “Le vas a hacer un favor a esa cojuda si impides que eso se publique”. 

Una fuente del APRA: “Sé quien ha soltado los papeles. ¿Ese patín se tira a tu jefa?”.

Los informes de inteligencia policial mencionaban que el comando paramilitar era conformado por seis o siete personas.

De las conversaciones sostenidas con mis fuentes, supe que en ese grupo había una chica con siete meses de embarazo, un borrachito otoñal, un sujeto de 100 kilos, un dócil dirigente universitario de San Marcos (21 años) y un militante con 71 calendarios que usaba muletas.

Ese era el comando paramilitar que iba a burlar el experimentado cerco de seguridad aprista para asesinar a su candidato presidencial. 

Las fuentes también me ayudaron a detectar sellos falsos, terminologías o nomenclaturas que no eran utilizados por los servicios de inteligencia policial y cosas absurdas como que la entrega de armas y municiones se había realizado durante un acto público en un colegio de Villa El Salvador.

Todo estaba clarísimo.

Mi teléfono celular no paraba de sonar. Era ella, un poco incómoda: “Mira, mi fuente estrella me ha recalcado que si publicamos eso el domingo, nos entregará otras cosas…”. Luego dijo: “Creo que debes valorar esas cosas, no ser tan radical… Me entiendes… ¿No?”. 

Comprendí que la jefa había telefoneado al político del APRA para decirle que un periodista de investigación se encontraba cruzando esos documentos. Le repliqué: “Dile a ese tipo que nuestro Diario se merece respeto. Dile que sus documentos son apócrifos”.

Respondió: “¿Te consta? Eso lo vamos a conversar aquí”.

Sentía que me habían subestimado. Estaba molesto. Lancé un misil aire-aire: “¿Es el pata que te va a buscar siempre a medianoche para invitarte Piscos Sours en el Hotel Country Club?”.

Silencio. Luego escuché un “ya te cagaste”. Y colgó.   

Llegué al diario y encontré una maqueta con el siguiente titular: “Inteligencia policial descubre plan para atentar contra Alan García”.

Sentí que la cabeza me iba a estallar. Ese iba a ser el encabezado que los peruanos iban a leer antes de ir a votar. Me mojé la cara para tratar de relajarme. Siempre hacía eso.

Hablé con uno de los editores centrales del periódico. Le pedí una reunión privada.

Le dije que era un asunto muy serio y que durante la plática posiblemente iba a tener que desplegar papeles en una mesa, hilar coartadas, leer apuntes y posiblemente llamar a una fuente para reforzar mi hipótesis, siempre y cuando se insistiera con la publicación de la “bomba”.

“Publicar eso va a ser un error terrible. El humalismo y los apristas mantienen una guerra sucia informativa y vamos a caer como tontos. Nada justifica sacar un titular de esa naturaleza, la calle se va a agitar y se armará un caos”. Luego expliqué por qué los documentos de inteligencia policial eran falsos y… risibles.

Apenas acabé de hablar, llamaron a la editora. Tenía el rostro a punto de estallar. Le palpitaban sus enormes ojos por la bronca: “Si a esa conclusión has llegado, pues que se hace”.  

Pensé: “¿Qué se hace?”

Simple: “Ser menos idiota y no dejarse comer por las fuentes estrellas del APRA.

Terror al valor

Me fascinó la idea de realizar una mesa redonda sobre narcotráfico en el Alto Huallaga, centro de operaciones de muchas mafias de la droga. Era ir y decirles a esos mafiosos que un medio de comunicación se plantaba en sus dominios y los señalaba como delincuentes. 

Y así lo propuse, recordando a don Guillermo Cano, director del diario El Espectador de Colombia, asesinado por sicarios de Pablo Escobar con ocho balazos en el pecho por condenar el tráfico de drogas por medio de sus editoriales.

Su última columna fue publicada el 17 de diciembre de 1986, horas antes de su muerte:

“Así como hay fenómenos que compulsan el desaliento y la desesperanza, no vacilo un instante en señalar que el talante colombiano será capaz de avanzar hacia una sociedad más igualitaria, más justa, más honesta y más próspera”.

Dos personas que lo conocieron como hombre y periodista lo retrataron con simpleza y orgullo: 

“Tenía un sentido maravilloso de lo que era noticia. Era sagaz y muy entero para decir la verdad”.

Luis de Castro
Editor de asuntos judiciales de El Espectador

“Guillermo mantuvo su lucha contra el narcotráfico sin importarle nada. Él sentía que si no los deteníamos, las bandas del tráfico de drogas querrían dirigir el gobierno, como lo que estamos viviendo ahora”.

Luis Gabriel Cano
Hermano mayor

Yo quería saber si en mi redacción había periodistas con el fuego de don Guillermo.

Durante dos años, el diario en el que trabajaba desarrolló (en Lima y en provincias) sucesivas mesas redondas con la participación de especialistas y funcionarios de Estado para analizar ciertos problemas del país: pobreza, justicia, economía, desarrollo social, salud, seguridad, descentralización y otros. 

Además, ejecutaba foros públicos para que la población lanzara propuestas y quejas a esos mismos expertos, enriqueciendo el debate local y nacional.  

Había que ir al Alto Huallaga y mover conciencias contra el tráfico de drogas, contra sus capos y contra las autoridades que permiten ese ilegal negocio…

La idea prendió y gustó, pero pronto se fue diluyendo con el paso de los días. Fueron surgiendo los miedos y las verdaderas estructuras internas de muchas personas. 
 
“Es peligrosísimo. Nos pueden hacer daño, matar… ¿Qué hacemos si eso pasa? Es mi responsabilidad”. Eso me dijo uno de los jefes del periódico.

“¿No vamos al Alto Huallaga? Creo que el periódico no puede desaprovechar la extraordinaria oportunidad que se le presenta para ganarse el respeto del país”.

El editor replicó: “Hay que pensar en los invitados que van a viajar, en nosotros que tenemos familia… No podemos arriesgar nuestra integridad de esa manera”.

Dije: “¿Ustedes los editores piensan así cada vez que mandan a un reportero o a un fotógrafo para investigar atentados terroristas?”.

Silencio.

Los organizadores decidieron que Cusco sea la sede de la mesa redonda y del foro público.

Cusco: Ciudad turística por excelencia y en donde predomina el consumo tradicional de la hoja de coca.

La búsqueda de la sede para la mesa redonda se convirtió en una frivolidad y se alejó de los propósitos iniciales de la idea. Es decir: Retar a las mafias y seguir los pasos de Guillermo Cano.  

Pero en ese diario nadie conocía al periodista colombiano. 

Los pasajes de Lupe

Cierta mañana regresé de la embajada de Estados Unidos con las revoluciones a mil. Un buen contacto me había confirmado que Lupe Zevallos, hermana de Fernando Zevallos (a) Lunarejo, había sufrido el embargo en Panamá de una cuenta bancaria con ocho millones de dólares.

Hice la nota rapidísimo y se la entregué a mi jefe.

“Excelente. Se la pasaré a los editores centrales para que la publiquen el fin de semana”.

Tenía dos meses en el periódico y esa debió haber sido mi tercera o cuarta entrega importante.

Me sentía satisfecho. Había conseguido esa información “patoneando” la calle y abriendo muchos candados. 

Hasta que mi editor me llamó: “Ven a la oficina urgente. Tenemos que hablar”.

No me asusté y menos me preocupé. Imaginé que me llamaba porque la nota iba a ser portada principal, por lo que mi editor deseaba “afinar” algunos detalles.

Fue todo lo contrario. “No sé que pasa. He notado cosas raras. La nota es redonda, no hay flancos abiertos… Pero el director le está poniendo trabas absurdas. Está más idiota que de costumbre”.

Estaba ansioso: “Bueno… ¿Pero qué dice concretamente?”.

“Dice que el problema es con Fernando Zevallos y no con su hermana. Que no debemos meternos con ella porque su presencia en el caso es circunstancial”.

Le expliqué a mi jefe que eso era ilógico. Que Lupe era prácticamente fundadora de Aerocontinente y que se encontraba relacionada con las finanzas de esa empresa cuyo vínculo con el tráfico internacional de drogas había sido probado por el Poder Judicial.

Argumenté que para los cuerpos policiales que investigan casos de narcotráfico no existía eso de “presencia circunstancial”. Que incluso los abogados eran considerados como miembros de las organizaciones mafiosas porque tenían la misión proteger a sus patrocinados (o capos) de las garras de las justicia.

Comenté: “Definitivamente eso se presta a una gran controversia, pero los tombos no son cojudos. Y nosotros los periodistas tampoco debemos serlo. ¿El director dice que Lupe no es parte de la mafia? Pues realmente es un cojudo”.  

Luego de numerosas “negociaciones” y falsas esperanzas, mi editor me dijo: “Olvídate, tu nota nunca saldrá impresa. Algo le pasa al jefe”. 

La información de los ocho millones de dólares en Panamá fue publicada en Caretas. El rebote del reportaje fue inmediato.
 
Y yo quedé muy mal con mis contactos de la embajada norteamericana, aunque eso no sea importante para los directores y editores. ¿Alguna vez ellos habrán luchado o sufrido para conseguir al menos media fuente informativa?

Lupe Zevallos acusó el golpe y en declaraciones a Radio Programas del Perú sostuvo que el periódico en el que trabajaba había filtrado el dato a Caretas.

Y dijo algo que (sin exagerar) me tumbó al piso: Ella le había regalado decenas de pasajes aéreos de Aerocontinente a la esposa del director que había rechazado mi reportaje. Los boletos de viaje habían sido entregados mientras algunos periodistas se jugaban el pescuezo investigando los pases y negociados del peligroso Lunarejo.

El director tenía “rabo de paja” y no quería enfrentarse con Lupe.

Lupe lo tenía agarrado de los cojones.

Mis fuentes en la embajada de Estados Unidos se mostraron comprensivas: “Lo ocurrido no cambia en absoluto el concepto que tenemos sobre tu trabajo”. 

Estábamos en un popular café del centro de Lima.

“Qué papelón he hecho. ¿Nadie se salva del narcotráfico?”.

Me respondió el pelirrojo DK, un trajinado agente especial de la DEA: “Confiamos en los periodistas, pero no en los directores, ni en los editores… Menos en los propietarios”.   

Sexo o guerra

He tenido jefes buenos y malos. Pasa por mi cabeza una editora (la misma que se derrite con los Pisco Sours del Country Club) que me hizo la guerra y que no paró hasta separarme de mi puesto de trabajo por no querer acostarme con ella.

Esas cosas ocurren en el periodismo. Hablé con mis jefes, pedí que me cambiaran de sección, pero se mantuvieron en sus trece.  

Muy por lo bajo, un abogado de ese diario me recomendó presentar una denuncia ante el Ministerio de Trabajo, pues había correos electrónicos enviados por ella que no dejaban lugar a dudas. Pero no. Desistí.

“Siempre pasa lo mismo. Ella tiene antecedentes de acoso, siempre se mete en problemas emocionales con trabajadores de aquí”.

Le recalqué que no iba a mover un dedo. Y que era mejor que yo me vaya del diario, porque mi jefa no lo iba a hacer. Yo sí puedo marcharme y conseguir trabajo en otros lugares.

Me quedé callado por sus padres mayores de edad, quienes no tenían la culpa de la enfermedad de la hija.

Pero me arrepentí de mi “buen corazón” cuando un talentoso poeta y cronista me confesó en uno de los pasillos de la Universidad Católica que la editora le había puesto la puntería. 

Riendo le dije: “No jodas. Esa loca se pasa”.

Y ya en serio: “Habla con el enano de tu jefe. Tú eres su pata, juegas pelota con él, vas a ver que te va a proteger. A mi no me hicieron caso. Esto tiene que parar”.

“Ahora se me insinúa. Yo la toreo y ella nota que no le doy bola… Por despecho me pide para el miércoles las notas que debo cerrar el sábado. Estoy preocupado, no sé qué va a pasar”.

Por fortuna, mi colega fue trasladado a otra sección y ahora sé que trabaja en una radio. Él ahora respira tranquilo. Y yo también.

 


Endorfina en el Huallaga

diciembre 5, 2008

 

Miraba con atención la pantalla de mi computadora. Sendero Luminoso había abatido en el Alto Huallaga a un poblador acusado de ser informante de las fuerzas del orden. Era una historia recurrente. 

Doce horas después estaba en Tingo María, azotado por el calor.

Cuando me dijeron que me vaya, mis extremidades no se alborotaron como en el 2001, cuando tenía una mochila con varias mudas de ropa negra, navajas, linternas y latas de atún en las oficinas de Panorama.

Viajar a la selva me mantenía vivo. Hoy pienso que estuve loco. En el Alto Huallaga había terrorismo, narcotráfico y tráfico ilegal de combustible y de madera.

De 1999 al 2005 hice 64 viajes a esa zona, con fotógrafos, camarógrafos y choferes de acero.

La sensación no era la misma de antes.

Los reflejos no eran los mismos.

Tampoco la pericia.

Si antes mis vísceras se mantenían encajadas durante las miles de curvas de la carretera Marginal de la Selva, ahora me sentía mareado. Algodón impregnado de alcohol. Quién lo hubiera predicho. 

Llego a Tingo María y atolondrado por el bochorno me subo al primer taxi que veo. Una barbaridad que no hubiese hecho antes. El tipo me cogió del brazo y con zalamerías me condujo hasta su vehículo. No observé si había gente escondida en la cajuela, no me fijé en la placa…

Así mataron a Todd Smith.

En el hotel me preguntan mi nombre y mi profesión. Orazio Potestá, soy periodista.

En el 2001 habría respondido: Orazio Potestá, profesor. 

El hotel quedaba en las afueras de la ciudad y colindaba con un río y con una ceja de selva que podía encubrir a ocho sujetos encapuchados.

[Conmigo hubiesen bastado tres]

Recibí la habitación que me dieron y no la que debía escoger. Siempre preferí las cercanas a una escalera y con ventanas que pudieran ser traspasadas por mi cuerpo. El piso de madera vieja podía anticiparme de alguna visita no esperada, eso debía aprovecharlo.

La presión que generan los peronés sobre los tobillos de una persona tensa es algo que me enseñó a reconocer Quitónero, el viejo “comandante del Ejército ashaninka”.  

Fue un acierto llevar agua embotellada, pues cualquier malestar físico relaja la seguridad.

A Pepe Isuiza lo asesinaron cuando salía de una botica, afiebrado y desconcentrado, sin reacción.

Ahora maldecía a las motos. Antes pensaba que eran un producto idiosincrásico. Me mareaba verlas y escuchar sus motores.

A la mañana siguiente me interné en la ceja de selva, luego de caminar 500 metros lejos del hotel.

Busque la maravillosa chonta, esa planta que puede salvar de la muerte a cualquiera que se pierda en la selva. Pero también puede matar si afilada y templada se impregna con curare (veneno ancestral) y es lanzada por una cerbatana.

Eso me lo enseñó Simón Bardales Cochagne, el recio capitán Alí.

[En uno de mis viajes a Aucayacu, el capitán Alí, desesperado por las burlas y emboscadas de Artemio en contra de la policía, me dijo que solamente necesitaba 2.000 dólares y cinco hombres para traerme la cabeza de ese terrorista: “La pongo en una bolsa y comparas la cara con la foto de Reniec”. Eso me movió. Si 2.000 dólares bastaban para capturar a Artemio… ¿Por qué la policía y sus cuerpos especializados no lo hacían?]

La chonta aparecía generosa por la zona. No pude descascararla con rapidez y su jugo me pareció amargo.
 
Compasivamente, me reía de mí.

De pronto escucho arengas, frases poco amables. Se acerca un grupo de personas vestidas de negro, encapuchadas. Blandían machetes, cortaban todo lo que veían. La violenta travesía del metal por el aire y el certero desmembramiento de cualquier tipo de materia me apuraron los latidos.

Junto a los del corazón sentí pálpitos en las sienes, paso previo a la generación de la endorfina.

Pero la endorfina alivia, relaja y mitiga el dolor de los cuerpos que piensan que van a morir. Y no era esa la idea.

Yo necesitaba adrenalina para correr y buscar soluciones milagrosas, rodeado de árboles y terreno fangoso.

La endorfina se evita respirando a grandes bocanadas y cuando uno se mueve frenéticamente. Otra lección del capitán Alí.

“La endorfina te adormece, te pone incapaz de agredir o defenderte. Te mueves, corres, gritas y nada te pasa…”

Simón Bardales Cochagne [2001]

Intenté camuflarme y correr, pero me detuve en seco. Llevaba un polo amarillo en plena la selva. Era yo un camión de Prosegur en la sala de una casa. Me iban a ver como sea. Eso no me hubiera pasado en el 2001.

“Miras una hoja y crees que ves una hoja. Miras un tronco y crees que no hay nada. De pronto sale un animal y es tarde. De los animales aprendimos a escondernos, su piel se mezcla en la selva…”

Quitónero [1999]

Decido esperarlos. Ellos me contemplan, murmullan.

Los terroristas se visten de negro, con botas y caminan con machetes y fusiles. Los sicarios del narcotráfico deambulan por la selva limpiando sus territorios de fisgones, también con machetes. 
 
Identifiqué al líder. Tomé la iniciativa: “¿Son Comandos?”

- “Sí. ¿Y usted?”

- “Paseo por acá”

- “Tenga cuidado, la zona es peligrosa”

- “¿Están patrullando?”

- “Yo soy el maestro Comando, estamos en curso de supervivencia en selva” 

A 20 metros del encuentro, tres jóvenes aprendices de Comando asesinaban a un picuro a punta de machetazos. Alguien levantó la cabeza del animal y bebió un chorro de sangre.

- “¿Me ayuda a salir de aquí?”

- “Claro, vamos de frente por el claro”

Me dieron un machete y caminé cortando lo que encontraba. Se generaron nuevos músculos en mi espalda.

La acción me era familiar, aunque en otros campos. Algunos episodios de mi pasado habían sido seccionados y olvidados. Cortados a machetazos.

Estar entero ahora es un éxito. Gracias, Dios.

Mientras pienso eso voy confirmando la diferencia que hay entre el Orazio del 2001 y el del 2008: Mareos en el bus, polos amarillos y las ganas enormes de no arriesgar el pellejo nunca más.

 


Pulso

octubre 19, 2008

 

Luego de 15 años como periodista, ejerciendo mi profesión con un militante y respetuoso perfil bajo, me dije una mañana que posiblemente (recalco la palabra posiblemente) ya era hora de ganar pantallas y cierta presencia en esferas mediáticas.

Supuse que era el momento de hacerlo, luego de pasarme la vida jugándome el pellejo con papas calientes que mis famosos colegas nunca trataban en sus medios de comunicación.

Insisto: Posiblemente.

Haber pasado por importantes diarios, revistas y canales de televisión, me hacía “ubicable” y reconocible en algunas redacciones, supongo que por mis investigaciones sobre tráfico de drogas, corrupción y Fuerzas Armadas.

Aclaro: Nunca investigué a generales en retiro, sino en actividad y con poder de tropa. Tampoco a políticos en desgracia y menos a narcotraficantes presos, muertos o exiliados. Todos mis investigados se encontraban con poder y muy cerca de mí.

Retomo: Pensé en la posibilidad de abandonar ese low profile cuando mi carrera atravesaba por un momento de reflexión, esperando una resurrección que no llegaba, habiendo vencido ya el bíblico plazo de las 36 horas.

La piedra que debía mover era muy pesada.

Veía mi carrera como una larga película, donde los flashbacks se hacían interminables y se multiplicaban por mil los dolores ocasionados por las equivocaciones del pasado.

Algo cambiaba en mi manera de ver las cosas.

Pero mi balance es azul, si bien eso no importa mucho al momento de firmar contratos. Nunca le mentí a una fuente. Nunca soborné. Nunca compré información para dañar a terceros. Nunca exageré para ganar espacios o notoriedades. 

Escribo aquello pensando que un conocido y laureado periodista le ha pedido a una de sus practicantes, ex alumna mía en la PUCP, que grabe soterradamente a una fuente de información que había aceptado una entrevista.

En el Perú, las grabaciones subrepticias solamente benefician al periodista y sirven para destruir a las fuentes. En la loca carrera por ser “el mejor” no valen las consideraciones éticas.

Lo lamento y me preocupo, pues esa fuente es mi amiga y yo facilité el contacto.  

Mi cerebro arroja una disquisición y empiezo a reír. La gente me mira: ¿Debí hacer cosas como esas para ganar algunos diplomas? 

Llamada y propuesta

Hasta que me propusieron aparecer como panelista en el programa Pulso.

Cierta tarde de julio o de agosto del 2008, recibí una llamada telefónica. Era Víctor Andrés Ponce: “Le he dado tu nombre a Hugo Chauca, productor de Pulso. Le hablé de tu trayectoria, me dijo que te iba a llamar para proponerte que seas panelista. ¿Te gusta la idea?”…

[Me sorprendió la noticia, no lo niego. Y debo decir que me sentí intranquilo]

“Me parece bien, gracias. Creo que debo salir del ostracismo del periodismo de investigación”.

[Comentarios de ida y de vuelta]

Había dos panelistas en Pulso y faltaba un tercero. ¿Sería yo?

El conductor de Pulso era un personaje ligado a los lobbies de alto vuelo y que era llamado “periodista” porque simplemente conducía un programa de TV.

Así es nuestra carrera: Muy generosa.

Pero eso me desanimaba.

Desde luego, también pensé que era demasiado severo con mis rangos éticos y con las apariencias: ¿Cómo voy a trabajar con un lobista?

Fuera de la fiesta

Pero no era el único lobista en ese programa de TV.

Mi amigo Víctor Andrés Ponce compartía la mesa de panelistas con un angelito que entre el 2001 y el 2002 me llamó para abogar por una familia ligada al tráfico de repuestos y municiones en las Fuerzas Armadas: Los famosos hermanos Díaz Costa.

Lo puse en evidencia en una nota que publiqué en el diario Correo, al sindicarlo como el relacionista público de ese clan.

El lobi-periodista, que en ese tiempo trabajaba en Canal N, me llamó por teléfono, furioso y dando resoplidos. Recuerdo haberle dicho que “si cobraba rico, que aceptara las consecuencias”.

Hugo Chauca me citó y hablé con él por espacio de dos horas, en el tradicional edificio de Panamericana Televisión, ubicado en la avenida Arequipa y al que yo llegué a conocer bien en mi época de reportero en Panorama.

“Te llamaré”. “Listo, gracias por considerarme”.

Pasó el tiempo y esa timbrada nunca se produjo. Un domingo observé que habían convocado a Catherine Lanceros, con lo que se completaba el trío de panelistas. 

Amigos en Lurigancho

Me resigné y confirmé algo: Todo se mueve en función de las relaciones sociales, lo que nunca me empeñé en tener como periodista de investigación.

Mis relaciones sociales siempre se circunscribieron al “Jirón de La Unión” del penal de Lurigancho o a la Plaza de Aucayacu, en el valle cocalero del Alto Huallaga.

Al poco tiempo, Pulso cambió de conductor y fue contratado el analista político Santiago Pedraglio.

Santiago le dio al programa de TV el prestigio que Pulso no había podido ganar en años. Ciertamente, me sentí motivado para salir en pantallas.

Pero Santiago renunció porque no se sintió cómodo debido a una serie de presiones ejercidas por un Ministro de Estado. ¿La causa? En Pulso había sido entrevistado un médico que lideraba a los profesionales de la salud que se encontraban en huelga y en guerra contra el gobierno.

Y ahora sí, mi teléfono celular sonó como nunca antes. Era Hugo Chauca: “¿Te unes al equipo? Empezamos contigo el domingo, será buenísimo para nosotros y para tu carrera”.

Le dije que no.

Con calma le expliqué que no era el momento adecuado, considerando que la renuncia de Santiago Pedraglio era un hecho que le había restado mucho crédito a Pulso

“Hagamos una cosa, Orazio. Mira el programa el domingo y saca tus conclusiones. Hablamos en la semana que viene”. Hugo fue muy respetuoso con mi decisión.

Entretanto, supe que muchos coleguitas le reventaban el teléfono celular a Hugo para pedirle una oportunidad en Pulso.

Nuestra querida TV

Algunas cosas no le dije a Hugo: Que salir en ese programa hubiese sido legitimar y echarle tierra a la penosa salida de Santiago Pedraglio. Si deseaban emitir el mensaje de que “no había pasado nada” en Pulso, no iba a ser conmigo. 

Tampoco le confesé que me jodió que no me convocara cuando Santiago conducía ese espacio y que lo hiciera solamente cuando se fue.

Luego algo me dio la razón: El lobi-periodista y amigo de los hermanos Díaz Costa fue colocado en la mesa central de conducción.

Víctor Andrés Ponce renunció a Pulso y ahora es analista de un sintonizado programa radial.

¿Yo? Yo le dediqué al episodio mi clásica media sonrisa.  

Casi salgo en Pulso. No se acaba el mundo.


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