Lo que costó romperle el espinazo a la oligarquía

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En 1968, el presidente de facto Juan Velasco Alvarado inició el llamado Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada. Tal vez lo más positivo de ese proceso fue sacar del juego a la oligarquía, en ese entonces una de las más rancias y abusivas de América Latina. Aquí algunos apuntes del libro El Ocaso del Poder Oligárquico de Henry Pease.

Escribe Orazio Potestá

1] La revolución de 1968 en el proceso político peruano

Henry Pease sostiene que el golpe de 1968 ocurrió durante “la más profunda crisis de legitimidad que gobierno alguno haya tenido en los últimos tiempos” en el país. Se refiere al periodo presidencial de Fernando Belaúnde que se inició en 1963 y que culminó cinco años después.

Sin embargo, Pease sostiene que esa falta de legitimidad no se limitó solamente al gobierno de Belaúnde. Apunta que también tuvo relación con la crisis del Estado oligárquico, notoria desde la década de los 50.

El texto tiene una pregunta de base: ¿La coyuntura de 1968 corresponde al fin de un gobierno en crisis o al término de una forma de dominación? Para el autor, ambas cosas confluyeron.

El gobierno de Belaúnde se caracterizó por afrontar la siguiente coyuntura:

  • Crisis de la International Petroleum Company (IPC)
  • Denuncias de contrabando contra ministros y funcionarios.
  • La devaluación de 1967 que afectó a los sectores medios y populares.
  • Promesas reformistas incumplidas.
  • Aplastamiento de las guerrillas por parte de las Fuerzas Armadas, lo que se entendió como una situación de represión popular.

Entretanto, la clase oligárquica presentó los siguientes rasgos:

  • Albergaba una hegemonía agroexportadora que no mejoraba condiciones de vida en el campo y que se beneficiaba con la ausencia del Estado. Es decir, no permitía el ingreso del aparato estatal a las zonas pobres de la costa, de la sierra y de la selva, para seguir manteniendo el poder.
  • La oligarquía tuvo que afrontar movilizaciones urbanas y rurales que quebraron su fortaleza. Pease sostiene que el impacto de esa ebullición popular “se expresó en el conjunto de instituciones del sistema”.
  • El Parlamento se encontraba controlado por facciones oligárquicas que se oponían a las mejoras de los sectores medios.

Pease resalta que la oligarquía que gobernaba el país y que afrontaba una seria crisis en 1968, se instaló siempre en el poder a través de dictaduras como la de 1930. Para 1950 y 1960, esa clase socioeconómica “afrontaba embates que cuestionan no solamente su legitimidad, sino su estabilidad como sistema expresado en el Estado”.

Además, sostiene que representaba una hegemonía de la burguesía agroexportadora que definía las políticas de Estado e impedía el desarrollo del mercado interno. Y que trabajaba estrechamente con latifundistas y terratenientes gamonales bajo la siguiente lógica:

  • Burguesía agroexportadora => Relaciones capitalistas de explotación.
  • Terratenientes gamonales => Relaciones pre-capitalistas.

Igualmente, señala que la oligarquía representaba un régimen “semicolonial” que buscaba un “Estado liberal” con cero participación en la economía. De acuerdo con Pease, el gamonalismo “hacía innecesaria la expansión de los aparatos del Estado, por el control que ejercía en el mundo rural”.

Sin embargo, en 1968 esa oligarquía era débil por la aparición de demandas de nuevos grupos sociales, por lo que no descartaba recurrir a regímenes antidemocráticos para mantenerse en el poder y combatir a las fuerzas contrarias.

Finalmente, Pease señala que los grupos oligarcas no apuntaban a la formación de un Estado-nación al fomentar la desintegración nacional, al realizar exportaciones sin desarrollar el mercado interno y al ejecutar una acumulación de capital fuera del país.

El reformismo democrático

Pease sostiene que dos partidos políticos asumieron las banderas del reformismo democrático en contra del Estado oligárquico: Acción Popular y la Democracia Cristiana. “El contenido de las posiciones reformistas estuvo marcado por la demanda de libertades democráticas que permitieron la apertura de un espacio político en el que pudieran hacer valer las exigencias de los grupos sociales que representaban”, afirma.

El reformismo democrático estuvo influido por “el fortalecimiento del polo urbano industrial de la economía, la quiebra del orden rural tradicional y el crecimiento de las ciudades”, agrega.

Pease señala que esa etapa estuvo caracterizada por un proceso de modernización económica desde la posguerra, que trajo como consecuencia el crecimiento de la industria manufacturera, pesquera, minera y azucarera. Tales fenómenos auspiciaron el nacimiento de la burguesía industrial y el quiebre del orden rural tradicional, pues el campesino dejó de estar aislado por los gamonales. En ello ayudaron las migraciones del campo a las ciudades y el uso de la radio.

Además, esa expansión de los sectores medios permitió el surgimiento de nuevos profesionales y de una “empleocracia” que veía en la oligarquía un obstáculo para su desarrollo.

Los partidos políticos Acción Popular (1956) y la Democracia Cristiana (1956) representaron los intereses de esa coyuntura política y social.

El reformismo democrático y Belaúnde

En 1960, la recién formada burguesía industrial giró hacia Fernando Belaúnde, convertido en abanderado del reformismo democrático.

Pease sostiene que “la ampliación del mercado interno supone y requiere cambios, tanto en el agro como en la estructura de ingresos”. Y agrega que “la promoción de una política efectivamente industrialista se contradice con los intereses agroexportadores que reclaman del Estado políticas liberales que no incentivan la protección industrial”.

En 1962, el Congreso debía elegir al presidente de la República. Los candidatos con mayores votos fueron Víctor Raúl Haya de la Torre, Manuel Odría y Fernando Belaúnde. Un sector reformista de las Fuerzas Armadas irrumpe en la escena política e impide la finalización de ese proceso electoral para evitar que Odría volviese a Palacio de Gobierno, pues era considerado como un antiguo representante y resorte de la oligarquía.

En 1963, en el marco de otro proceso electoral auspiciado por los militares, Belaúnde fue elegido jefe de Estado, pero con ambas cámaras en contra por la coalición APRA-UNO.

El fracaso del reformismo democrático (Y de Belaúnde)

El gobierno de Belaúnde se inició en medio de grandes expectativas, aún cuando sus ofertas políticas eran “vagas e imprecisas”.

Tenía el apoyo de la burguesía industrial, que esperaba “imponer su hegemonía sobre las fracciones oligárquicas” y beneficiarse con una industrialización con capital extranjero que “favorezca la expansión de su base productiva”.

También contaba con la esperanza de amplios sectores de la población urbana y campesina, así como del respaldo de ciertos sectores reformistas de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, Pease asegura que Belaúnde “no supo aprovechar esa fuente de poder”.

El principal problema del gobierno de Belaunde fue la frustrada reforma agraria. Pease manifiesta que el poder de la oligarquía “era tan fuerte que podía impedir que en términos reales se afectaran sus intereses, doblegando no solamente a los representantes políticos del reformismo, sino a la propia burguesía industrial”.

Ello y la ausencia de cambios estructurales trajo consigo dos escenarios complejos:

La quiebra de los partidos:

  • En la Democracia Cristiana se produce una escisión y nace el PPC (1966)
  • La Democracia Cristiana rompe su alianza con Acción Popular (1967)
  • En Acción Popular se divide y nace Acción Popular Socialista (1968)

El “Gabinete conversado”:

  • Conformado para acercar a Belaúnde con el APRA, con “miras a concretar un acuerdo que permitiera concluir el gobierno iniciado en 1963” y “afrontar la crisis económica”. Lo presidía el doctor Oswaldo Hercelles.
  • Pease: “El acuerdo fue cuidadosamente favorable al APRA, pues derrotaba los proyectos reformistas, tendía nexos para una recomposición política aprista con miras a las elecciones de 1969, y al mismo tiempo ese partido descargaba sobre el Ejecutivo la responsabilidad política de las medidas económicas que serían impopulares”. Ello significó el fin del reformismo democrático y el comienzo del aislamiento político de Fernando Belaúnde.

En el marco de una crisis inmanejable, Belaúnde solamente aspiraba a consolidar y dejar “obras públicas que dejaran una buena imagen de su gobierno” y a establecer “acuerdos políticos que en 1969 colocaran en mejor pie a los grupos industriales y al reformismo tecnocrático que representaba”.

El entendimiento APRA-Acción Popular atenuaría las fricciones entre la oligarquía y la burguesía industrial. Ciertamente, la fortaleza de la oligarquía forzó pactos con la burguesía industrial. Sin embargo, con el apoyo del capital internacional, la burguesía industrial confiaba en lograr la hegemonía para las elecciones de 1969.

Bajo ese panorama y aún sin el poder de antes, la oligarquía iba a mantener sus tasas de acumulación, pero orientando su diversificación hacia el polo urbano industrial, en el marco de una industrialización dependiente y con fuerte capital extranjero.

Pero Manuel Ulloa (ministro de Hacienda y nexo con los imperialistas) no pudo atraer la inversión extranjera que se requería. Ese y otros planes truncos agravaron la crisis política.

El golpe de Estado de 1968

La quiebra democrática de 1968 se caracterizó por la ausencia de “un cuadro de crisis revolucionaria”. Así las cosas, Pease sostiene que “la ilegitimidad del poder no tiene como correlato la organización masiva de los dominados para hacerle frente”. Sin duda, ello fue consecuencia de la sistemática represión y desarticulación del movimiento popular causada por la oligarquía.

Aquel silencio en las plazas y calles brindaba cierto margen de juego al “nuevo proyecto” belaundista, que con obras y la “esperada abundancia” del capital extranjero, esperaba sobreponerse al Apra (y a la oligarquía) a través de Ulloa. Pero eso no ocurrió.

Pease: “Estos actores no contaron, al parecer, con la apreciación correcta de otro antiguo componente del poder: la Fuerza Armada”.

Pease afirma que durante el gobierno de Odría, entre 1948 y 1956, las Fuerzas Armadas empezaron a distanciarse de las fracciones oligárquicas, siendo 1962 el punto de quiebre. En ese contexto, se observó lo siguiente:

  • Las Fuerzas Armadas mostraron su apoyo al reformismo democrático de Fernando Belaúnde.
  • El Centro de Altos Estudios Militares (CAEM) hizo que las Fuerzas Armadas orientaran sus esfuerzos al desarrollo y no solamente a las posibilidades de guerra. El concepto imperante en el CAEM era que la oligarquía impedía el crecimiento económico y que “el Perú sea una nación”.
  • Los miembros de las Fuerzas Armadas pertenecían a las clases medias antioligárquicas. Además, aprendieron a mirar al Perú profundo cuando combatieron a las guerrillas en 1965.
  • El golpe de Estado fue una revolución de arriba hacia abajo, como en Brasil.
  • Pease: El Ejército era “una de las instituciones menos desgastadas dentro de un régimen decadente”. Ese prestigio se ganó en 1962 cuando cumplieron con convocar a elecciones presidenciales y con la derrota de las guerrillas.
  • Pease señala que “la toma del poder del 3 de octubre de 1968 no puede entenderse como un golpe institucional”. Y agrega que “la decisión es fruto de la acción de un general que comandaba al Ejército (Juan Velasco Alvarado) y que presidía, en adición a sus funciones, el Comando Conjunto de la Fuerza Armada”.
  • Fue contundente: Velasco Alvarado no consultó con la Marina ni con la Aviación, tampoco con los mandos regionales del Ejército. Luego negoció con ellos el poder total a cambio de cargos.
  • El golpe no fue institucional, pero sí el gobierno surgió de esa decisión.

Pease afirma que fue la movilización de Velasco Alvarado fue “un hecho revolucionario que abrió las puertas a otras clases subordinadas y dominadas”. Y añade que fue “un hecho movilizador sin posibilidad de retorno”.

“El 3 de octubre de 1968, la oligarquía perdió a sus representantes políticos en el gobierno. No volvió al seno del poder y poco después perdió su base económica: los latifundios agroindustriales, el control del comercio exterior, la banca y otros”, sostiene.

Pease: “Todo ello va señalando una nueva forma de Estado, aún en redefinición y con poder económico efectivo, pero que al no romper con el sistema capitalista, no podrá dejar de ser dependiente”.

Y agrega: “La posibilidad de formular un proyecto de Estado-nación, con la autonomía de decisión que supone, se estrellará sucesivamente con los obstáculos de una formación social capitalista dependiente, que en la era de los monopolios deja cada vez un margen menor a las posiciones nacionalistas”.

2] 1968-1970: ¿Criollización o Radicalización?

Para el autor, en todo quiebre del sistema político aparecen dos tendencias:

  • Criollización: El caudillo y sus seguidores toman el poder y pasan a defender los intereses oligárquicos, pese a haber arriado antes las banderas reformistas o de “interés nacional”. Este no fue el caso de Velasco Alvarado.
  • Radicalización: El caudillo y sus seguidores toman al poder y se desprenden de elementos conciliadores para erradicar a la oligarquía. Aquí aparece Velasco Alvarado con claridad.

De acuerdo con Pease, el tema definitorio era la reforma agraria. En ese sentido, el gobierno militar mantuvo serios enfrentamientos con la oligarquía representada por los agroexportadores reunidos en la Sociedad Nacional Agraria (SNA).

Hubo una clara victoria de la tendencia radical. Velasco Alvarado logró permanecer en la presidencia de la República, pese a su retiro del Ejército. No cedió frente a la IPC y emprendió una reforma agraria que le quitó su base material al más poderoso sector de la oligarquía: los agroexportadores. Además, sorteó el “chantaje” económico de los Estados Unidos y consolidó su presencia en el plano interno. De igual modo, la presión por una Asamblea Constituyente (y la convocatoria a elecciones) perdió fuerza en diversos sectores.

La tendencia radical tenía las siguientes características:

  • Frustración por el fracaso del reformismo democrático de Belaúnde. Militares de clase media intentan vencer a la oligarquía.
  •  Sus miembros no tenían mayor “pulimento ideológico”.
  •  Basaba su poder en la fuerza del Estado y en una reforma agraria sin contemplaciones.
  • No convocaron a elecciones en el corto o mediano plazo.

Las cabezas visibles eran Juan Velasco Alvarado y los coroneles EP Jorge Fernández Maldonado, Leonidas Rodríguez, José Graham y otros.

3] La burguesía liberal frente al Velasquismo (1970-1974)

Consolidada la victoria del radicalismo, el gobierno se orienta a la construcción de un proyecto político-militar denominado Plan Inca, que es culminado en 1974.

Liquidada la oligarquía, surge la burguesía liberal, compuesta por rezagos de oligarquía y de la burguesía industrial. Ambos sectores exigían un capitalismo de Estado que se oponía al Plan Inca.

Así las cosas, la burguesía liberal “ataca todo avance del poder empresarial del Estado que vaya más allá de un simple rol promotor”.

A nivel político, la burguesía liberal promueve la convocatoria a elecciones y la libertad de prensa, entendida por Pease como libertad de empresa periodística”.

El principal representante de la burguesía liberal en el gobierno militar fue el almirante AP Vargas Caballero, quien era ministro de Vivienda y Construcción, así como Comandante General de la Marina de Guerra.

Pease: “La lucha central en la escena política ocurre entre el gobierno y los gremios corporativos de la burguesía liberal. Estos se enfrentan decididamente a la política del gobierno en reforma agraria y en reforma industrial”.

La burguesía liberal también se opuso a la reforma educativa y al control de la prensa a través del uso de diversos gremios articulados: la Sociedad Nacional de Industrias (SIN) y la Sociedad Nacional Agraria (SNA) => Poder e influencia.

El gobierno responde con el SINAMOS y con la Central de Trabajadores de la Revolución Peruana (CTRP).

En esta coyuntura, los diarios El Comercio, La Prensa y Expreso pasan a ser defensores de la sociedad occidental y cristiana, como intereses de la burguesía liberal. El impacto de las noticias contra el régimen militar ocasiona que varios miembros del gobierno renuncien o moderen su radicalidad.

Sin embargo, el Estado tiene más poder y recursos económicos. Es decir, una mayor capacidad de ejecución que le brinda solidez y legitimidad.

Pease señala que la burguesía liberal “pasa a una ofensiva contra el gobierno en su conjunto, a la vez que articula acciones con una parte de éste a fin de quebrar la correlación de sus fuerzas internas y derrocarlo en sus propios términos: por acto de la Fuerza Armada y no por acción de partidos de masas”.

Dentro de la burguesía liberal, la fracción industrial era poderosa.

Pease: “El gobierno militar no agrede a los industriales en sus dos primeros años. Más aún, hace esfuerzos para explicarles que la reforma agraria los favorece al ampliar su mercado interno”.

En público, el propio Velasco Alvarado los distinguió de la oligarquía y los llamó a colaborar con el proceso. Ellos no aceptaron.

¿La razón? Pease sostiene que “la burguesía liberal podía aceptar un proyecto reformista que eliminara a la antigua facción dominante, siempre que los dejara a ellos en el poder”. La antigua facción dominante era la oligarquía.

Impacto de la burguesía liberal en el Gobierno (Fuerzas al interior)

La burguesía liberal presionaba a través de sus gremios, difundía sus posturas a través de la prensa y captaba aliados en el poder.

En el gobierno surgieron dos corrientes:

  • Reformismo liberal: Representa a la burguesía liberal y asumía una posición de freno. Promueve una reforma agraria e industrial a medias y rechaza la organización popular. Pide elecciones a corto plazo y acusa al gobierno de “comunista”.
  • Velasquismo: Sucede a la tendencia radical del periodo 1968-1970 y enfatiza el liderazgo de Velasco Alvarado. Busca definir un proyecto alternativo al capitalismo y al comunismo, para conformar un socialismo libertario y humanista. No acepta comicios electorales. La Marina de Guerra se enfrenta con el Velasquismo.

Otros hechos presentes en el periodo:

En 1970 empieza el debate sobre el Estatuto de la Libertad de Prensa de 1969 y las críticas de los medios de comunicación y de la derecha arrecian contra el gobierno. Solamente la Democracia Cristiana apoyó al gobierno.

Se realiza la expropiación de Expreso y Extra. El gobierno rompe el monopolio de la oposición sobre los diarios. Pasa a controlar la televisión y otros periódicos.

También ocurre lo siguiente:

  • Se estatiza el comercio de la harina y del aceite de pescado.
  • Ley General de Minería y el control de cambios.
  • Control del sistema bancario. Compra de los bancos Continental, Popular e Internacional.
  • Reforma de la educación.
  • Gobierno liquida a la SNA por mantener enfrentamientos con el SINAMOS.
  • Se aprueba la Ley de Industrias que genera una comunidad industrial que incluye a los trabajadores en la propiedad y en la gestión de las empresas.
  • Avance de la reforma agraria en la costa:
  • Gobierno busca reducir el límite de “inafectabilidad”.
  • La burguesía intenta desplazar la reforma agraria a la sierra.

Crisis y definiciones en el Gobierno (1973-1974)

El gobierno hace concesiones a los reformistas liberales, ocasionando que se genere cierta ambigüedad en ciertas políticas y leyes del gobierno militar.

El Velasquismo se beneficia con ascensos y cargos. Los coroneles del golpe de Estado de 1968 pasan a ser divisionarios y se consolidan en el poder.

Adquiere realce Francisco Morales Bermúdez. De tener un rol técnico (ministro de Economía de 1968 a 1973) pasa a ser jefe de Estado Mayor del Ejército en 1974. Por ello, siempre estuvo por encima de la lucha de tendencias. Sin embargo, era considerado miembro del Velasquismo porque nunca cuestionó el liderazgo del jefe de Estado.

La prensa plasma etiquetas ideológicas al llamar comunistas a los miembros del gobierno militar, lo que hizo mella en el Velasquismo. La respuesta del gobierno fue eliminar el reformismo liberal mediante leyes y maniobras políticas.

Aparece la enfermedad de Velasco Alvarado y se plantea el problema de la sucesión. Edgardo Mercado Jarrín, Premier y ministro de Guerra, se rehúsa a asumir el mando del país.

El reformismo liberal despierta a través de Vargas Caballero, quien ataca al régimen con apoyo de El Comercio. Ministros afines al Velasquismo le responden con nutridas críticas, generando la sensación de desorden e intolerancia en el gobierno.

Velasco Alvarado denuncia la existencia de un “plan contrarrevolucionario” y pide a Vargas Caballero que renuncie a su cargo de ministro de Vivienda y Construcción por filtrar información del Consejo de Ministros a los medios de comunicación. Vargas Caballero pide su pase a retiro el 30 de mayo de 1974. La lucha de tendencias para a ser una lucha entre instituciones armadas: el Ejército y la Marina de Guerra.

Mientras eso ocurría en el país, en el frente externo se produjo la caída de Salvador Allende. Augusto Pinochet toma el poder y asume una postura negativa contra el Perú.

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