Las entrañas de las movilizaciones cocaleras del 2003-2004

coca

Analizaré la masiva protesta cocalera del 2003-2004, liderada en los valles del Huallaga y del VRAE por el dirigente Nelson Palomino, debido a la magnitud de su movilización y porque sus promotores lanzaron amenazas directas contra la estabilidad política del país.

Como se recuerda, Palomino y otros líderes anunciaron la marcha de 5.000 cocaleros hasta Palacio de Gobierno para sacar del poder al presidente Alejandro Toledo, lo que fue ratificado por el abogado de ese gremio, Ricardo Noriega, en diversos programas de televisión.

Las carreteras estaban bloqueadas, se producían daños contra la propiedad estatal y privada, y los enfrentamientos contra las fuerzas del orden iban en aumento, poniendo en serios aprietos a la gestión del ministro del Interior, Fernando Rospigliosi. El caos y la inseguridad se mantuvieron durante meses.

La coyuntura era compleja y riesgosa para un régimen sin aprobación popular, y solamente pudo atenuarse en el 2003, cuando el Poder Judicial ordenó la captura de Palomino por los cargos de terrorismo, incitación a la violencia y lavado de dinero del narcotráfico.

Tres hechos contextuales prendieron la mecha en el Huallaga:

  • La decisión gubernamental de erradicar la hoja de coca, bajo el argumento de que era comercializada en su totalidad a las mafias del tráfico de drogas. En respuesta, los cocaleros señalaban que la producción de esa planta iba al consumo tradicional y al uso industrial, y no a las pozas de maceración.
  • La implementación de cultivos alternativos como el cacao y la palma aceitera, sin aparente acogida en los mercados nacionales e internacionales, medida que (según los cocaleros) iba a acentuar la pobreza de miles de familias. No obstante, el gobierno colocaba como ejemplo a la región San Martín, que de tener 28,600 hectáreas de cultivos de hoja de coca en 1992, apenas mostró 378 en el 2009, debido a un exitoso plan de sustitución de cocales[1].
  • La presencia en la zona de agencias y empresas norteamericanas antidrogas y de desarrollo social como la NAS[2] y Chemonics[3], cuyo discurso colisionaba con la postura ideologizada de los dirigentes campesinos, quienes solicitaron su inmediata expulsión del país.

Ahora bien, bajo el esquema de Tarrow, es probable que la protesta cocalera se haya iniciado al aprovechar una estructura de oportunidades políticas sustentada en los siguientes factores externos:

  1. Posibilidad de acceder a élites gubernamentales
  2. Disponibilidad de aliados influyentes
  3. Conexión con el tiempo mundial

Respecto a la posibilidad de acceder a élites gubernamentales, Tarrow señala que los movimientos sociales pueden beneficiarse de las crisis de cohesión al interior de los gobiernos o de las altas burocracias, algo que efectivamente ocurrió en la administración de la chakana. Como se sabe, en el 2003 la popularidad de Toledo bajó al 8,1% en el país[4], en una coyuntura de nulo liderazgo y corrupción familiar que en el 2004 casi lo conduce a la vacancia presidencial. A lo anterior se suma el permanente boicot aprista y las inacabables huelgas del Sutep, del gremio médico, de la CGTP y del Poder Judicial, entre otros.

Ciertamente, nadie creía en la posibilidad de que los cocaleros, aprovechando la debilidad del toledismo, lograsen ocupar cargos en el Ejecutivo. No obstante, cabe señalar que en el 2006 fueron capaces de colocar en el Congreso a sus dirigentas Nancy Obregón y Elsa Malpartida.

Sobre la disponibilidad de aliados influyentes, los cocaleros reunidos en la Confederación Nacional de Productores Agrarios de las Cuencas Cocaleras (CONPACC) y en la Central Nacional Agropecuaria del Perú (CENACOP) tejieron alianzas con autoridades dubitativas frente al narcotráfico, según la prensa, como la presidenta regional de Huánuco, Luzmila Templo[5], y el alcalde provincial de esa ciudad, Coco Giles, acusados por la justicia de corrupción y de lavado de dinero de las mafias.

Los vínculos con el Poder Judicial y el Ministerio Público no fueron menores. Eso explicaría que las investigaciones de la policía y de la Procuraduría del Estado contra Obregón y Malpartida por sus nexos con Sendero Luminoso y el tráfico de drogas, nunca hayan prosperado en las salas judiciales de Huánuco, pero sí en Lima. Como se sabe, jueces capitalinos enviaron a Obregón a la cárcel por sus vínculos con el terrorismo y el narcotráfico[6], mientras que el Ministerio Público acusó a Malpartida por los mismos cargos en el 2013[7].

Aunque no era un actor legal, otro socio de los cocaleros fue el cabecilla senderista Artemio, líder del Comité Regional del Huallaga, quien tras ser detenido en el 2012 confirmó haberse reunido en numerosas oportunidades con Obregón y Malpartida para proteger militarmente los campos de cocales a cambio de grandes sumas de dinero, pero sobre todo con el fin de debilitar al Estado en la zona.

Con relación al tiempo mundial, definido por Tarrow como la coincidencia de la protesta social con alguna ola o proceso internacional afín, cabe señalar que en esa época el entonces líder cocalero Evo Morales alcanzó notoriedad internacional al ejecutar en el Chapare numerosas huelgas y disturbios en defensa de la hoja de coca, frente a las campañas de erradicación impulsadas por los presidentes Carlos Sánchez de Lozada, Carlos Meza y Eduardo Rodríguez, con el auspicio de los Estados Unidos.

En la misma línea, otro aspecto que fortaleció la movilización cocalera a nivel ideológico fue la larga negociación con Estados Unidos para la firma del TLC, iniciativa que exigía al Perú una mayor lucha contra el narcotráfico, controlar los insumos químicos e implementar programas de cultivos alternativos en los 14 valles cocaleros del país, lo que era inaceptable para Palomino, Obregón, Malpartida y otros.

El tema de los factores internos no deja de ser interesante, pues revela cómo los movimientos de protesta se organizan, actúan y se comunican para cumplir sus objetivos. Según Tarrow, los ejes en ese horizonte son tres:

  1. Repertorios de acción colectiva
  2. Redes organizativas
  3. Marcos cognitivos

Sobre los repertorios de acción colectiva, las movilizaciones cocaleras, sean del Huallaga o del VRAE, guardaban coincidencias operativas. Primero fortalecían las bases mediante el convencimiento o la amenaza, apelando a discursos nacionalistas y maniqueos del tipo amigo-enemigo[8], creando una disciplina que resultaba muy importante para la acción colectiva a la hora de bloquear carreteras, interferir el comercio y ejecutar paralizaciones para forzar quejas ciudadanas que llegasen a los oídos de las autoridades. Luego proferían ultimátums al gobierno y exigían la presencia de miembros del Poder Ejecutivo en las llamadas “mesas de diálogo”. De no satisfacer sus demandas, era posible que anunciaran una marcha a Lima para causar caos y presión a través de los medios de comunicación, probablemente tomando como modelo la Marcha de los Cuatro Suyos que Toledo organizó en el 2000 contra el fujimorato.

No obstante, las marchas a la capital no lograron institucionalizarse en el gremio cocalero debido al riesgo de que sus principales dirigentes con antecedentes y requisitorias sean capturados por la policía[9]. A partir del 2004, los campesinos focalizaron sus protestas en sus zonas de origen, en las que podían esconderse y protegerse, tal como ahora hacen los grupos antimineros de Conga y Tía María.

A nivel de redes organizativas, los cocaleros del Huallaga ofrecían masa pero no una eficaz coordinación. Las disputas y diatribas entre los líderes de la CONPACC y de la CENACOP impidieron la consolidación de un movimiento social con fuerza y capacidad de chantaje[10] frente al Estado. Las rivalidades estallaron en el 2009, cuando Malpartida acusó a Rosa Obregón, lideresa de la CENACOP, de haber ordenado el asesinato de Deodora Espinoza, su rival en las bases y miembro de la CONPACC[11]. En la actualidad, las organizaciones cocaleras, antes intimidantes y peligrosas, yacen en silencio.

Así, las capacidades de obtener recursos, movilizar a la gente y lograr legitimidad, aspectos cruciales para Tarrow, quedaron en nada, dañando el curso y los resultados de la acción colectiva.

Y debido a lo anterior, es muy probable que los marcos cognitivos del movimiento cocalero se tornasen débiles y vacíos, sin la posibilidad de tejer un discurso social y ofensivo similar al del Movimiento Al Socialismo (MAS) de Evo Morales, pese a tener similares adversarios en un mismo tiempo histórico. Además, al igual que Morales, Palomino fue perseguido y encarcelado, pero a diferencia del caudillo altiplánico, no supo capitalizar un liderazgo de alcance nacional. Ciertamente, es ocioso señalar que el liderazgo de Morales, presidente de Bolivia desde el 2006, fue fundamental para el éxito del MAS.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

[1] Cifras del Instituto de Estudios Internacionales (IDEI) de la PUCP. Disponible en: http://goo.gl/LlwhWS

[2] Traducida al castellano: Oficina de Asuntos Antinarcóticos de los Estados Unidos. Tiene el control administrativo de la DEA en el mundo.

[3] Empresa privada norteamericana fundada en 1975, encargada de supervisar los programas de desarrollo social que Estados Unidos financia en las cuencas cocaleras del área andina.

[4] Sondeo a nivel nacional de diciembre del 2003, elaborado por el Instituto de Desarrollo e Investigación de Ciencias Económicas (IDICE). En abril del 2004, también a nivel nacional, la consultora Apoyo registró una aprobación de apenas 8%.

[5] Disponible en: http://goo.gl/Uq5TBF

[6] La lideresa cocalera Nancy Obregón fue detenida por la Dirandro el 14 de julio del 2013. Actualmente se encuentra confinada en el Penal de Mujeres de Chorrillos.

[7] Disponible en: http://goo.gl/LvvhMW

[8] Concepto del jurista alemán Carl Schmitt, utilizado para justificar la supervivencia y vigencia de un Estado.

[9] Versión de una fuente del Ministerio del Interior que integró el equipo de Fernando Rospigliosi entre el 2003 y el 2004.

[10] Concepto extraído de la lectura de Schmitter: “¿Qué es democracia y qué no es democracia?”.

[11] Agencia de prensa ambiental Inforegión. Disponible en: http://goo.gl/pNvjXd

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