Paco Igartua

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Es primero de octubre y leo en las redes sociales miles de saludos y halagos al periodismo. Veo la esperanza de los nuevos colegas y la “felicidad” de los viejos, que en privado sí se atreven a denostar contra sus malos jefes y a lamentar la trastocada ética que se aplica en la prensa. No cuestionan a los empresarios que han dejado de colocar a gente honesta en las pantallas, para preferir a psicópatas que matan (o facilitan el crimen) por el rating. Los broadcasters podrían limpiar la prensa de un plumazo, pero eso no les interesa: los medios de comunicación son un negocio en una selva empresarial. Y allí gana el más salvaje.

En las redes sociales no existe la historia, sino el menudo interés del presente. Nadie ‘cuelga’ las legendarias entrevistas de César Hildebrandt en Caretas ni las soberbias disquisiciones de Federico More en Oiga, pese a ser señalado como el periodista peruano más completo de todos los tiempos.

En 1995 ingresé como practicante a Oiga, revista dirigida por Paco Igartua, tozuda opositora de Fujimori y Montesinos. Tenía 21 años y cursaba el noveno ciclo de periodismo. Paco había sido el discípulo predilecto de More y deseaba aprender de él. Lamentablemente, ese mismo año, Oiga, la predecesora de Caretas, cerró por la tenaza tributaria de la Sunat y me quedé en la calle: desolado y con dos notas por diseñar.

La noticia del cierre de Oiga fue comunicada a los periodistas una soleada mañana de setiembre. No estuve allí, pues había decidido escribir de amanecida en mi casa, tecleando la vieja Remington familiar. Uno de los guachimanes lloraba y un diagramador se encontraba tirado en la mesa de diseño, acompañado por dos botellas de ron que en vano trataba de ocultar. La cancelación de la histórica revista había sido un bombazo.

A Paco lo busqué un año después en su casa de San Isidro, justo un primero de octubre de 1996. Estaba desanimado como un boxeador al que han sacado del ring antes de tiempo, pero jamás lo iba a confesar. Esa tarde le hice una entrevista que aún conservo en un microcassette. Aquí algunos extractos:

En el número de Oiga que conmemoró en 1992 sus 50 años como periodista, Mario Belaunde, viejo amigo suyo, hizo un artículo sobre Usted que tuvo un sugestivo titular: “Nacido para joder”. ¿Cómo recibió esa peculiar calificación?

Más que nada fue por la rebeldía que siempre me acompañó.

Aunque pueda pecar de obvio… ¿Cuál debe ser la misión de un periodista?

La misión del periodista siempre será informar, orientar y educar. El periodismo que se convierte en fábrica de embutidos tira su esencia al tacho de basura. Por desgracia, los medios de comunicación le han dado a la noticia la categoría de producto lácteo al venderse de forma irresponsable.

¿Qué se privilegia?

Se privilegia el negocio, cosa que antes no sucedía. Muchos coinciden en que la prensa escrita desaparecerá con el avance de las nuevas tecnologías…

[Paco nos pide una pausa para buscar unos apuntes. Parece ser el texto de un discurso] Afina la voz y dice:

La prensa escrita, letra por letra, sufrirá algunos cambios pero no morirá. La magia y el embriagante estilo de la letra de molde no desaparecerá por obra de las palabras radiales –que se las lleva el viento– o de la imagen que no nos permite centrar nuestra atención en el significado del discurso. La palabra volandera jamás nos dará la seguridad que nos brinda la letra escrita: ese texto que podemos leer y releer por placer o para rectificar lo que no estuvimos seguros de entender.

¿En qué son diferentes los periodistas de los medios escritos y los de la televisión?

Hay que considerar que la televisión no la hacen los periodistas. La hacen los empresarios.

Feliz día del periodista, querido Paco.

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