Los periodistas locos y los locos a secas

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Hace varios lustros le preguntaron a Doris Gibson, fundadora de Caretas y madre de Enrique Zileri, cuál había sido el mayor logro de su revista.

El entrevistador había calculado una larga respuesta y llevó una cinta magnetofónica de 90 minutos. Así se trabajaba antes de la era digital.

Ella no brindó la respuesta políticamente correcta ni aquella que la pintara de heroína. Dijo: “Formar periodistas”.

El periodista que la entrevistó recuerda ahora el episodio y ríe.

Doris Gibson resumió con dos palabras el medio siglo de trabajo de una revista que trajinó siempre en mares picados y con varias condecoraciones en la proa.

Nexos también intenta formar periodistas. No hay una Doris en el staff y tampoco tenemos una lectoría nacional, pero los principios básicos del periodismo son los mismos, aquí y hasta en Venezuela, país temporalmente gris.

Cambian los momentos, los protagonistas y hasta los ánimos, pero el equilibrio y el cruce de información son métodos que Tucídides utilizó hace 2.500 años al documentar su famosa obra sobre la Guerra del Peloponeso.

El periodismo de hoy es el mismo de siempre.

Podemos señalar que el periodismo de Nexos es el mismo que se hace en un diario profesional: además de la buena información y de las elocuentes fotos que ahora presentamos, nuestros fotógrafos han sido zarandeados (incluso los subiditos de peso) en mítines políticos y han tenido que apretar el morral para proteger sus equipos en zonas inseguras, solamente para buscar ‘la imagen’ o ‘el testimonio’.

Aquí viene una pregunta que se hacen todos: ¿De qué extraña madera estamos hechos los periodistas?

Esa interrogante ha aparecido en momentos críticos para la prensa. Por ejemplo, cuando fueron asesinados los ocho periodistas en Uchuraccay en 1983 o luego del cochebomba que destruyó la sede de Frecuencia Latina en 1992. Cito dos ejemplos de miles.

Otra pregunta llega de inmediato: ¿Por qué rayos ingresan a un lugar cuando todos quieren salir de allí?

Durante la guerra interna peruana hubo periodistas insertados en las zonas de emergencia (me acuerdo de Mónica Seoane) y ahora mismo hay decenas de corresponsales en Libia, sorteando las bombas de racimo de Muamar el Gadafi.

Lo mismo ocurrió en Normandía, Chernobil, Hiroshima y Nagasaki. En Kosovo, Ruanda, en el terremoto de Chile y en la reciente crisis nuclear de Japón.

A partir de aquí entramos al terreno de la especulación. Cada uno explicará a su modo si el origen de ese fuego pasa por la vocación o por una locura socialmente constructiva.

Lo que mueve a Nexos es la vocación de sus miembros. La locura llega a nuestra oficina, sin invitación, pero no nos molesta.

No es un buen momento, sin duda, para la prensa y la libertad de expresión en el país. No reconocerlo nos obligaría a pedir un cuartito en el Noguchi, pues esa sería locura de la mala.

Dos opciones con antecedentes autoritarios, Ollanta Humala y Keiko Fujimori, buscan llegar a Palacio de Gobierno. El militar en retiro es acusado de violaciones a los derechos humanos en el Alto Huallaga, mientras que la ex Primera Dama tiene un grueso expediente por corrupción en las procuradurías. Las dos peores manchas que puede tener un político.

Casi todos los diarios desinforman y muchos periodistas se han puesto la camiseta del empresario que les deposita el sueldo.

La prensa peruana es un barco que se va a enderezar algún día. Formemos periodistas, tal como lo señalaba Doris Gibson.

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