Estado y prensa

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Desde el siglo XIV , con el nacimiento de los aparatos absolutistas en Europa, quedó claro que un Estado no puede existir sin coerción ni uso monopólico de la fuerza, sin capital ni tributación, sin burocracia ni Ejército, sin diplomacia ni sentido de respeto a una autoridad central.

Desde los velorios de los policías y militares asesinados por minas antipersonas en el VRAE , desde alguna empresa que no paga impuestos, desde cualquier entidad estatal que no construye obras sostenibles y desde cualquier distrito periférico de Lima con construcciones sin planos, queda claro que en el Perú hay un circo y no un Estado.

El Estado que tenemos no ejerce respeto en ninguna de sus funciones: gobernar, regular, proteger (en asuntos internos y externos) y planificar. Y ese ha sido el principal triunfo de los delincuentes terroristas José y Alipio: desembozar al Estado como un aparato elefantiásico que nada puede hacer bien. En el VRAE , Sendero Luminoso protege a los que cultivan la hoja de coca y alimenta a los campesinos pobres, término que el politólogo Perry Anderson utilizó en sus estudios sobre la era feudal y que bien calza en el Perú del siglo XXI .

Los periodistas aparecen como los hechiceros capaces de resolver esos problemas, pero solamente contribuyen a la expansión del fuego: incapaces de hacer propuestas o análisis medianamente efectivos, la mayoría destruye instituciones y personajes. Las razones son varias, sin embargo, preocupa demasiado la escasa preparación intelectual de muchos colegas que trabajan en medios de comunicación.

La relación entre el Estado y el periodismo es decadente y perniciosa. El Estado busca corromper a la prensa y lo logra. Y cuando el periodista busca tener un empleo, lo obtiene con rapidez. En el marco de esa simbiosis, algo guardan en común: mejorarán en 100 años.

Ninguna reingeniería modernizará al Estado que tenemos hoy. En el 2002, con Fernando Olivera como ministro de Justicia, un juez cayó recibiendo una coima de 50 dólares, tres semanas después de que el gobierno aumentara su salario a 12 mil soles. Por eso, eduquemos ahora al abuelo de aquel peruano que en los próximos decenios convertirá al Estado en una maquinaria decente y eficiente.

La compra y entrega de inservibles chalecos antibalas a las fuerzas militares y policiales que combaten en el VRAE es traición a la patria. Y particularmente una muestra de la incompetencia y de la corrupción que hay dentro del Estado. Ironías de la vida, una bala en el pecho mató al capitán EP Germán Parra del Carpio, de 32 años y nieto del general EP (r) Germán Parra Herrera, quien fuera ministro de Defensa en el primer gobierno del Apra. Su chaleco antibalas no lo protegió.

Frente al féretro, Parra Herrera pidió a Dios que “ilumine al gobierno y a las autoridades de nuestras Fuerzas Armadas para que tomen decisiones acertadas y eliminen a esa célula terrorista que existe en el VRAE ”.

Lamentablemente eso no lo va a solucionar Dios. La solución de la incompetencia y de la corrupción es un encargo supremo que recae en los hombres. Y esos hombres, al parecer, están muy niños o están por nacer.

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