La violencia en México antes y después del 2006

Z 14-Abridora 2 (Opcional)

En la actualidad, mafias del narcotráfico, fuerzas militares y grupos paramilitares luchan para imponerse en México. Desde el 2006, la violencia alcanzó niveles nunca antes vistos en su historia debido a la decisión estatal del presidente Felipe Calderón de enfrentarse a las mafias del tráfico de drogas. Cuestionado por su controvertido triunfo electoral contra Manuel López Obrador, Calderón desplegó una fuerza nunca antes vista contra el narcotráfico, utilizando a las Fuerzas Armadas y a la policía, así como a las instituciones del sistema judicial y penitenciario, en el objetivo de barrer a los capos, sus sicarios y sus fuentes de financiamiento. México era otro antes del 2006. Aquí un ejercicio de política comparada.

Escribe ORAZIO POTESTÀ y LUIS ANTONIO VARGAS

La violencia del narcotráfico en México tuvo un punto de quiebre en el 2006, cuando llegó a la presidencia el candidato del PAN[1], Felipe Calderón. Millones de mexicanos vieron como los asesinatos y secuestros perpetrados por mafias del narcotráfico, fuerzas de seguridad estatal y grupos paramilitares, se incrementaron de una manera preocupante.

Si durante la administración del presidente Vicente Fox (2000-2006) hubo aproximadamente 9.000 muertos, la cifra se triplicó a 28.000 en los cuatro primeros años de la administración de Calderón, su compañero de partido y sucesor en el cargo, quien gobernó del 2006 al 2012. Y lejos de aplacarse, la violencia alcanzó su pico más alto del 2006 al 2013, al cobrar 47.453 víctimas[2].

No es poca cosa. Fuentes de la DEA señalaron que en esos siete años, seis del gobierno de Calderón y uno de Peña Nieto, México casi igualó la cifra de muertos norteamericanos en la Guerra de Vietnam, cuya duración fue de nueve años[3].

Las causas pueden ser diversas y complejas. El presente trabajo comparará actores, contextos y políticas estatales antes y después del 2006, bajo perspectivas institucionales, estructurales y culturales que permitan llegar a ciertas aproximaciones. En ese ejercicio se tendrán en cuenta las siguientes variables:

  • La llamada “paz narcótica” entre el PRI y los cárteles de la droga.
  • La acción estatal contra las mafias del narcotráfico, encabezada por el presidente Felipe Calderón.
  • El crecimiento de la demanda del consumo de drogas en Estados Unidos.
  • El ingreso de militares de élite a los cárteles del tráfico de drogas.
  • Las guerras entre las mafias para la dominación de nuevas rutas y territorios.
  • El surgimiento de grupos paramilitares, como resultado de la ausencia e ineficiencia estatal.

La violencia en México crece. Al 2014, nueve de las 50 ciudades más violentas del mundo son mexicanas[4]. Y nada parece detener el espiral. ¿Qué ocurrió?

1] La llamada “paz narcótica” entre el PRI y las mafias de la droga

La primera variable que permite comparar el aumento de la violencia del narcotráfico a partir del 2006 con respecto a años anteriores, se enfoca en la decisión de las élites gubernamentales del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de no ingresar a una confrontación armada con los cárteles mexicanos de la droga. Con más de 70 años en el poder, el PRI[5] tuvo poderosos incentivos políticos y de corrupción para evitar un derramamiento de sangre que pudiera sacudir su hegemonía.

Para los estudiosos en el tema, ese vínculo simbiótico “fue posible por la centralización política que imperaba en aquel periodo, en el que el gobierno federal o los gobernadores podían garantizar el cumplimiento de los acuerdos con los propios criminales”[6]. A esa paz negociada “se llegaba por las buenas, pagando la campaña electoral. O por la fuerza, si los narcos ofrecían a las autoridades la disyuntiva de que si aceptan sus condiciones tendrían ‘plata’ y si no tendrían ‘plomo’ en cantidad”[7].

En tal circunstancia, los asesinatos y actos delictivos se reducían notablemente cuando el PRI ‘autorizaba’ la presencia y la consolidación de solamente una mafia en un territorio, tal como ocurrió en Sinaloa. La competencia entre las mafias desaparecía y con ella la sangre en las calles, lo que “no significaba que los grupos criminales no hubieran capturado al Estado[8].

El investigador de la UNAM Luis Astorga[9] señala que “como partido en el poder, el PRI sirvió como un árbitro entre los cárteles de la droga, regulando, controlando y conteniendo el narcotráfico, al mismo tiempo que protegía a grupos de narcotraficantes y mediaba en conflictos entre ellos”[10].

Astorga recuerda que en la década del noventa un alto funcionario del PRI declaró a The Washington Post algo sorprendente: “Antes había reglas. Decíamos: ‘No puedes matar policías, sino te enviaremos el Ejército’. Decíamos: ‘No puedes robar 30 Jeeps Cherokees al mes, solamente puedes robar cinco’. Podrían hacer su negocio, pero sin afectar la plaza”[11].

La estadística apuntó en ese sentido. Mientras que en el decenio 1990-2000, el último del PRI en el poder, se arrestó a 13.067 delincuentes de bandas organizadas, entre el 2001 y el 2009 se detuvo a más de 21.000.[12]

Como se verá más adelante, el contexto en el que Calderón llegó al poder en el 2006 fue muy particular y distinto al del PRI y al que tuvo Fox. No buscaba mantener una hegemonía como ocurría con el PRI, ni tampoco contaba con la aureola histórica y triunfal de Fox, quien derrotó en elecciones limpias al inamovible priísmo.

Según expertos, Calderón se vio obligado a apelar al efectismo de la guerra contra las mafias para elevar una popularidad y legitimidad que se vio afectada por las denuncias de fraude en los comicios que lo llevaron a la presidencia, en los que derrotó por un estrecho margen (0,56%) a Manuel López Obrador, quien no reconoció la victoria del PAN.

Incluso Enrique Peña Nieto, actual jefe de Estado mexicano, no afrontó un contexto tan complejo como el de Calderón.

2] La acción estatal contra las mafias del narcotráfico

Así las cosas, la acción estatal aparece como una de las principales causas del disparo de la violencia en México. Hoy México está en guerra con las mafias y eso se debió a la decisión política de Calderón, si bien ahora su sucesor Peña Nieto ha bajado un poco las revoluciones. Pero antes, un poco de contexto:

En el 2000, México inició una nueva etapa en su vida política: Vicente Fox, candidato del PAN, rompió a través de elecciones democráticas más de siete décadas de gobierno priísta. Tras encabezar un gobierno débil frente al narcotráfico, fue sucedido por Calderón, también del PAN, en el 2006.

Según recuentos periodísticos, durante la administración de Fox hubo más de 9.000 muertos por causa de la delincuencia organizada, mientras que en los primeros cuatro años del gobierno de Calderón, las autoridades calculan que esa cifra llegó a 28.000 por el endurecimiento de la estrategia de seguridad del gobierno federal[13].

Al menos para la Procuraduría General de la República (PGR) de México, Calderón “realizó un combate más severo a los cárteles de la droga que la administración de Vicente Fox”[14]. Del 1 de enero del 2007 al 30 de junio del 2012, durante la admnistración calderonista, se incautaron 111,5 toneladas de cocaína, muy por arriba de los 11,6 toneladas decomisadas en el sexenio (2000-2006) de Fox. Como se sabe, lo más doloroso para una mafia es el decomiso de droga, al ser un producto final por el que han esperado meses e invertido varios millones de dólares. Es un factor desencadenante de asesinatos, secuestros y desapariciones.

Otros datos confirman la diferencia: Calderón decomisó a los cárteles mexicanos poco más de 758 millones de pesos (US$58 millones) y casi US$949 millones, mientras que Fox solamente alcanzó 272 millones de pesos (US$21 millones) y 131 millones de dólares[15].

Finalmente, Calderón detuvo a poco más de 188 mil personas vinculadas con el narcotráfico, frente a las 74 mil apresadas por Fox[16]. Entre ellas, 22 de los 37 criminales más buscados por México y Estados Unidos[17].

Como ya se dijo antes, Calderón era un presidente sin fortaleza política ni popular. Además, heredaba graves problemas sociales que Fox no pudo resolver como la pobreza, el desempleo y los bajos salarios, al tener un Estado con poca autonomía y capacidad, aún afectado por la Crisis Mexicana de 1994.

Si bien eran públicos sus distintos enfoques sobre la lucha contra el narcotráfico, la ruptura entre Fox y Calderón recién se produjo en el 2010. En una entrevista concedida a la BBC, Calderón dijo que muchas de esas víctimas de la violencia del narcotráfico eran consecuencia de las políticas laxas del sexenio foxista: “Quizás lo más importante fue no actuar a tiempo. Creo que si México hubiera comenzado a luchar contra este problema hace diez años, estaríamos hablando ahora de un asunto completamente diferente”. Como era de esperarse, Fox rechazó los señalamientos[18].

Ciertamente, Fox no necesitaba golpes de efecto para legitimarse. Y tampoco Peña Nieto.

No obstante, otro océano separaba a ambos personajes: Fox defendía la legalización de todas las drogas, algo impensable para Calderón.

El conflicto armado entre el Estado mexicano y los cárteles de la droga se inició el 8 de diciembre del 2006, cuando el gobierno de Calderón ordenó el Operativo Militar y Policial Michoacán contra los cárteles que dominaban dicho estado, con “el despliegue de 4.200 elementos del Ejército, 1.000 elementos de la Marina de Guerra, 1.400 policías federales y 50 agentes del Ministerio Público”[19].

Fue una demostración de poder hacia las organizaciones del narcotráfico que ningún otro gobierno había ejecutado. El siguiente martillazo ocurrió el 14 de mayo del 2008, cuando Calderón puso en marcha el Operativo Conjunto Sinaloa para destruir a los cárteles de Sinaloa y de los Arellano Félix. Aquí se integraron a la lucha, en “un operativo conjunto, 1.433 elementos del Ejército, 740 agentes de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, 500 marinos, 50 peritos de la Procuraduría General de la República, entre ministerios públicos, peritos e investigadores”[20].  

Entre el 2006 y el 2011, Calderón incrementó en un 50% el gasto en seguridad del gobierno federal. La arremetida estatal no era lírica. A seis años de la Crisis Mexicana y viviendo todavía el Efecto Tequila, Fox nunca hubiera podido hacerlo por la fragilidad de las finanzas aztecas. De haberlo querido, claro está.

La mano dura hizo que Calderón tuviera una aprobación del 66% en el 2008, si bien las dudas empezaban a aflorar. “El despliegue militar que al principio había sido un gran logro político, sobre todo en la imagen del presidente y de su partido, comenzó a tener repercusiones. La guerra dejó de ser solamente una expresión para convertirse en una realidad alarmante, pasando de 2.500 muertos en el 2007 a más de 5.200 en el 2008”[21].

Nadie nunca dijo que el combate iba a ser fácil, más si la demanda de drogas no decrecía en Estados Unidos. Más consumo, más dinero para las mafias.

En un artículo publicado en la revista Variopinto, el periodista Ricardo Ravelo reveló que al arranque de la administración de Calderón en el 2000, eran ocho los cárteles de la droga que operaban en México. Dijo que al cierre del sexenio calderonista, al que calificó como más sangriento de la historia mexicana, se dejó encendida la disputa entre 14 organizaciones criminales. Por lo anterior, Ravelo no duda en llamar a Calderón como el “presidente de la guerra”[22].

Según fuentes no oficiales, el régimen priísta nunca negoció con más de cinco grandes mafias del tráfico de drogas, en el marco de la controvertida “paz narcótica” y de una visible “narcopolítica”.

En todo caso, Calderón se defiende. En el 2005, en una entrevista a CNN, dijo que el principal responsable de la violencia en México era Estados Unidos: “El problema es que somos vecinos del mayor consumidor de drogas en el mundo. Y no es nada fácil vivir así”.

Lo cierto es que “el sexenio de Calderón deja un saldo de muerte, en el que ni siquiera las cifras oficiales son precisas. El gobierno federal admite que entre el 2006 y el 2012 se registraron más de 47.500 decesos. Entretanto, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) estima que del 2006 al 2013 se llegó a los 47.453 muertos”[23].

3] Guerras entre las mafias y el ingreso de militares de élite al narcotráfico

Ciertamente, los cárteles del narcotráfico mexicano no han jugado un rol pasivo en la intensificación de la violencia en México. El trofeo es un creciente mercado de 50 millones de consumidores en Estados Unidos que genera a las mafias ganancias por US$40 mil millones al año[24].

En el 2002, al segundo año del gobierno de Fox, el consumo de drogas en Estados Unidos era de 8,3%. En el 2009, con Calderón en el poder, la cifra arañó el 9%[25]. La plaza exige estupefacientes y los cárteles de la droga buscan copar esa demanda.

La competencia entre las mafias ocurre además en un contexto de persecución estatal desde el 2006 y en el que consecuentemente los espacios se agotan. Deben ocupar territorios costeros y fronterizos para recibir la droga por mar e inocularla luego en Norteamérica, vulnerando los tres mil kilómetros de frontera común. Es también un acto de subsistencia.

“La violencia se ha disparado no solamente por el combate directo entre los criminales y el gobierno, sino por el combate entre las organizaciones para controlar las plazas que quedan para el tráfico de drogas. Si bien es una respuesta a la ofensiva del gobierno, la violencia no ha sido culpa del Estado, sino una reacción normal de un poder fáctico que ve lastimados sus intereses y que lucha por mantenerlos”[26].

Una de las guerras más sangrientas fue la sostenida entre los narcotraficantes Edgar Valdez Villareal (a) La Barbie y Joaquín El Chapo Guzmán[27], capos de las mafias de los hermanos Beltrán Leyva y Sinaloa, respectivamente. Tras su captura, Valdez Villarreal indicó a la justicia mexicana que “Guzmán no respetó el acuerdo de pacificación entre los cárteles, ocupando Ciudad Juárez e iniciando una sangrienta guerra que aún no llega a su fin”.

Crecía la persecución estatal, pero no bajaba la demanda en Estados Unidos, cuya sociedad atravesaba (y aún lo hace) una grave crisis de valores con millones de hogares disfuncionales.

La violencia relacionada con el narcotráfico se hizo extrema después del 2006, en contraste con el sexenio foxista y el régimen priísta. Como lo señala la antropóloga Rossana Reguillo, a las mafias nos les bastaba con matar: “Hay que mutilar, decapitar, desmembrar, cortar y convertir el cuerpo en nada para lograr un efectismo multiplicado por los medios de comunicación, para poder mandar constantes mensajes al Estado y a las fuerzas de seguridad, así como a los competidores”[28].

Un hito clave en la guerra de mafias fue la detención en el 2003 de Óscar Cárdenas Guillén (a) El Mata Amigos, líder del Cártel del Golfo. Años antes, Cárdenas Guillén había conformado un destacamento paramilitar con el objetivo de eliminar a sus enemigos, especialmente los del Cártel de Juárez. El primero en alistarse al clan fue Arturo Guzmán Decena[29], desertor del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE) del Ejército mexicano, infante de élite y experto en explosivos. Luego convenció a otros miembros de las Fuerzas Armadas para unirse al escuadrón, al que denominó Los Zetas[30].

La relación de Los Zetas con el Cártel del Golfo era de subordinación y obediencia, por ser oficialmente el brazo armado de esa mafia. Pero, al ser extraditado Cárdenas Guillén a Estados Unidos en el 2007, sus guardaespaldas Heriberto Lazcano (a) Z-3 y Miguel Treviño Morales (a) Z-40 convirtieron a Los Zetas en una fuerza independiente del Cártel del Golfo, desencadenándose entre ambas una lucha a muerte que se intensificó en el 2010, principalmente en el estado de Tamaulipas.

Los Zetas iniciaron así una beligerancia a muerte con los elementos fieles a Cardenas Guillén, quienes también habían pertenecido a las Fuerzas Armadas. Luego Los Zetas arremetieron contra otras organizaciones criminales de la costa Atlántica, para luego causar estragos en la del Pacífico, debido a que no ejercían control sobre ningún puerto mexicano para el tráfico de drogas. El acceso al mar era una necesidad estratégica con la que sí contaban las mafias rivales. Y eso desató aún más la furia.

En un primer momento, el Ejército y la Marina de Guerra mexicana no supieron cómo afrontar ese nuevo escenario, con actores salidos de los cuarteles. Tras meses de inmovilidad, decidieron infiltrar y combatir a ambas mafias con fuego y acciones de inteligencia. Pero sobre todo con fuego.

La respuesta fue la invasiva presencia militar en las calles, ejecutando procedimientos de seguridad y control urbano que estaban a cargo de la policía.

La lucha contra el crimen organizado se complicó y se hizo extremadamente violenta. “El cambio se verifica cuando entran al mundo criminal (…) mandos militares cuya única característica es la capacidad de manejar la violencia para controlar territorio. Nacen para proteger las rutas de los cárteles, pero gradualmente evolucionan, controlan un territorio y empiezan a autofinanciarse con las rentas obtenias en la zona que controlan”[31].

Así nacieron Los Zetas, La Familia Michoacana y Los Caballeros Templarios.

Entonces, el combate entre los cárteles de la droga se hizo profesional y aplicando a su modo el radical concepto amigo-enemigo[32], con el uso de estrategias y tácticas militares. Además, maniobrando armamento de primera línea.

4] Militarización de la seguridad pública en México

Al llegar al poder, Felipe Calderón encontró un Estado débil respecto a la lucha contra el narcotráfico. Si bien los militares venían patrullando las calles por orden de gobiernos anteriores, fue con Calderón que tuvieron el respaldo estatal y legal para actuar contra los cárteles de la droga.

Si Calderón tuvo a las Fuerzas Armadas a su disposición para ejecutar su plan, Fox tuvo que utilizarlas para apagar la insurrección zapatista en Chiapas, iniciada el 1 de enero del 2000 tras declararle la “guerra al gobierno”. Y en esa tarea se mantuvo Fox hasta la mitad de su mandato.

Lo cierto es que durante el sexenio de Calderón, la militarización del combate trastocó cualquier tipo de conceptualización estratégica y constitucional sobre esa tarea.

Como lo señalan Frühling y Mohor, la “separación de la defensa externa encargada a los militares, de la seguridad interna que se delega en la policía, es esencial para la democracia. De lo contrario se compromete seriamente el Estado de derecho y la vigencia de los derechos humanos[33].

Ambos autores señalan que la intervención de las Fuerzas Armadas “trae grandes riesgos, ya que la finalidad para la que son entrenados los soldados no es para detener civiles y combatir el crimen en las calles, sino para enfrentarse a enemigos de la nación. De tal forma, en las instituciones militares se les enseña a manejar armas de alto poder para causar el máximo daño posible al enemigo”[34].

Y ese objetivo coincide con el de las mafias mexicanas, compuestas por antiguos militares de élite.

Las reacciones no se hicieron esperar. Para Luis Mercado y Manuel Tapia, investigadores sociales mexicanos, los “partidos políticos, gobernadores y la sociedad civil han pedido en diversos foros el regreso de los militares a los cuarteles. Al parecer, existe una relación directamente proporcional entre el envío de más efectivos a patrullar y acordonar ciudades y caminos, con el aumento de los eventos delictivos”[35].

No obstante lo anterior, hubo sectores que justifican la militarización. ¿La razón? La falta de fuerza del Estado mexicano para imponer la ley: “Atentados, incremento de secuestros, extorsiones por venta de seguridad contra establecimientos que cuando se niegan a pagar, atentan contra el local y sus clientes, tal como sucedió con el casino Royale en Monterrey[36]. Es en el ámbito de la corrupción y de la infiltración de las corporaciones de seguridad pública donde encontraremos una respuesta al por qué de la militarización de la seguridad en México”[37].

Lo del Casino Royale fue uno de los ataques más letales contra la sociedad mexicana, desde que Calderón lanzó su ofensiva contra el narcotráfico en el 2006.

Hay quienes acusan a Calderón de utilizar la fuerza pública para legitimarse. Nelson Arteaga[38] sostiene que “los gobiernos, al no saber o no tener los recursos para resolver demandas reales de la sociedad como el desempleo y la falta de vivienda, salud y educación, crean en la población una necesidad. Es decir, hacen creer a los ciudadanos que esas demandas son menores a la de combatir con toda la fuerza del Estado al narcotráfico, por lo que despliegan enormes cantidades de efectivos en las calles para que la sociedad sienta que la necesidad primordial de seguridad está siendo cubierta por el Estado”.

Y agrega: “Por tanto, las demás demandas pueden esperar. Esto genera un impacto inmediato y es perfecto para legitimar gobiernos que nacen de procesos electorales cuestionados, como el del propio Calderón en el 2006. Sin embargo, tiene el peligro de que al combatir enemigos emblemáticos y con pocas posibilidades de victoria, la sociedad pueda comenzar a hartarse de una lucha eterna[39].

Sin embargo, la estrategia dio los resultados esperados: en el 2008, Calderón alcanzó topes de popularidad del 66% a nivel nacional, mientras que la movilización de las Fuerzas Armadas contra los cárteles del narcotráfico llegó a tener una aprobación del 83% en el mismo año.

La sombra de la baja popularidad nunca fue un problema mayor para Fox al momento de llegar a la presidencia. A diferencia de Calderón, Fox llegó al poder sin cuestionamientos de transparencia electoral y con el prestigio de haber derrumbado el antiquísmo andamiaje del PRI.

En todo caso, en un contexto de militarización de la seguridad pública, la violencia militar y criminal ocasionan confusión porque las dos fragmentan severamente los lazos sociales y cada una es un replicadora de la otra. Por ejemplo, cuando en el 2007 las Fuerzas Armadas ingresaron a Ciudad Juárez, tuvieron la aceptación y el apoyo de la población. Sin embargo, en el 2010 se retiraron en medio del repudio ciudadano por innumerables denuncias contra los derechos humanos[40].

Lo anterior muestra cómo en una crisis por diferencias, una ciudad militarizada ‘por el bien de la sociedad’ puede ocasionar daños comparables con los del crimen organizado.

“Dicha estrategia ocasionó problemas de gobernabilidad debido a que la población comenzó a cansarse de una guerra demasiado larga, en la que no veían indicios de que se estaba ganando, o por lo menos de que el fin se encontrase cerca en el mediano plazo”[41].

Pasaron los años y Calderón se vio envuelto en problemas. Como se dijo antes, de los 2.500 muertos en el 2007 se pasó a más de 5.200 en el 2008. Y los homicidios dolosos vinculados con el narcotráfico crecieron de menos de 3.000 a más de 15.000 en el 2010[42].

No sorprende entonces que en el 2011, seis de cada diez mexicanos creían que el crimen organizado le estaba ganando la guerra al Estado[43].

5] La ausencia estatal y el surgimiento de grupos paramilitares

El relevo político del PRI después de más de 70 años en el poder no significó el fin de los vicios estructurales, institucionales o culturales que cultivaron en México la pobreza, la exclusión y la falta de servicios básicos en salud y educación.

El Estado mexicano tenía autonomía, pero no capacidad para ejecutar políticas públicas, mientras que los estados federados, atenazados por decenios en una dinámica dependiente del centro del poder priísta, no desarrollaron burocracias eficientes en la amplitud del territorio.

Las críticas sobre el gasto presupuestal en materia de seguridad pública y desarrollo social podría dejar en evidencia un legado institucional de ineficacia burocrática que se remonta desde las épocas del PRI, en las que el clientelismo y el populismo construían la agenda.

Así, entre el 2000 y el 2012, durante los dos gobiernos del PAN, el gasto público mexicano aumentó 56% en total, sin que ello haya implicado mejoras en seguridad pública o en servicios de salud y educación. En términos porcentuales, el mayor incremento del gasto presupuestal en esos 12 años fue en seguridad pública: 334%[44].

Lo anterior se debió a que se quintuplicó el número de policías federales en el sexenio calderonista, al pasar de 6.489 en el 2006 a 36.940 al finalizar el 2012[45]. Sin embargo, entre enero del 2007 y setiembre del 2012, los homicidios dolosos aumentaron 35% respecto al sexenio de Fox[46].

Carlos Paredes, periodista peruano radicado en México, afirma que por la ausencia e ineficiencia estatal, las mafias “trafican drogas, secuestran y asesinan, pero también cobran cupos a empresarios, contrabandean, venden armas y hasta manejan la trata de personas”[47].

Por eso surgieron fuerzas paramilitares de autodefensa, especialmente en el estado de Michoacán, en el que hacendados, profesionales, militares y policías en retiro libraban constantes enfrentamientos contra el cártel de Los Caballeros Templarios.

“Los grupos de autodefensa surgieron en el 2013 como una expresión de hartazgo por la ineficiencia de las policías (sic) de todos los niveles para evitar la expansión Los Caballeros Templarios, acusados de abusar sexualmente de sus mujeres, extorsionar a la población y de no permitir que en la zona se realicen las actividades económicas con normalidad”[48].

Dicho modelo se está repitiendo ahora en varias localidades mexicanas.

Según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal de México, nueve de las 50 ciudades más violentas del mundo están en tierras aztecas: Ciudad Juárez, Chihuahua, Tepic, Durango, Torreón, Tijuana, Acapulco, Reynosa, Nuevo Laredo, Cuernavaca, Mazatlán y Culiacán[49].

Cuando el PRI estaba en el gobierno, en ese ranking había más ciudades colombianas, hondureñas y guatemaltecas que mexicanas. Ciertamente, durante el priísmo, el fenómeno paramilitar era casi inexistente por las redes clientelistas tejidas desde el poder. Es decir, el Estado brindaba seguridad absoluta a los grupos que estuvieran de su lado, en caso de ser requerida.

El investigador Luis Mazzitelli señala que “la nueva naturaleza de los aparatos delictivos como un híbrido que combina la extorsión, el secuestro y otros delitos locales, es un contrapoder que en el 2013 provocó la aparición en zonas rurales de grupos civiles armados que se arrogan la legitimidad de imponer orden por su cuenta. El fenómeno de las autodefensas es una señal bastante clara que avisa de la necesidad de una presencia institucional mayor en algunas partes del territorio”[50].

He allí el problema. ¿Cómo instalar al Estado si las mafias aún están presentes? ¿Cómo esperar éxito en las políticas públicas si las burocracias y las fuerzas de seguridad pueden ser sobornables e infiltrables?

Conclusiones: 

  • La principal causa del incremento de la violencia en México a partir del 2006 fue la ejecución de un plan estatal para combatir a las mafias del narcotráfico. No se descarta que la principal motivación haya sido el afán del presidente Felipe Calderón de legitimar su gobierno y sumar popularidad, frente a las denuncias de fraude en su elección y a la no solución de diversas demandas sociales. Sin duda, un contexto muy distinto al que afrontó su antecesor Vicente Fox, quien gobernó del 2000 al 2006.
  • El número de muertes y atentados en México no bajará si es que no se corta el cordón umbilical entre los cárteles del narcotráfico y malos elementos de las Fuerzas Armadas, quienes acaban formando parte del delito. Es una vinculación que no se apreció en gran medida durante el régimen del PRI ni en el de Fox.
  • El caso mexicano pone en relieve los alcances y límites de la política. ¿Negociar con las mafias para mantener la tranquilidad pública? Y si se les combate… ¿Debe pesar más lo social o lo militar? ¿Debe hacerlo la Fuerza Armada o la policía? Consideramos que la negociación no es aceptable en un Estado de derecho y que tanto lo militar como lo social deben mantener un equilibrio en la receta pacificadora. Y dado el poder de fuego y sofisticación militar de las mafias en México, tal vez no deba dejarse de lado el apoyo de las Fuerzas Armadas a la policía.
  • Tanto en el periodo del PRI como en los gobiernos de Fox, Calderón y Peña Nieto, las dudas sobre la correcta aplicación de los presupuestos públicos ha sido una constante. Si los cárteles del narcotráfico se apoderan de ciertos territorios, es porque el Estado no llega. Y si llega, es inoperante en la aplicación de soluciones contra la pobreza y la exclusión. He allí el caldo de cultivo.
  • El control o la reducción de la demanda en Estados Unidos y otros mercados es fundamental para reducir las actividades de las mafias y la consiguiente violencia en México.
  • Las crisis muchas veces definen las políticas públicas, apresurando su ejecución con fines subalternos. Si Fox hubiese tenido los apremios de legitimidad de Calderón, probablemente también hubiera endurecido su postura contra las mafias de la droga.

Referencias bibliográficas:

[1] El Partido Acción Nacional (PAN) fue fundado en 1939. Se ubica en la centro derecha.

[2] Cifras de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) de México. Noviembre del 2012.

[3] Cifras no oficiales revelan que en la Guerra de Vietnam (1964-1973) murieron 58.220 militares estadounidenses. Ver más en: http://www.americaeconomia.com/politica-sociedad/politica/cuantas-fueron-las-bajas-militares-estadounidenses-en-conflictos-pasados

[4] Ver más en: http://www.adnpolitico.com/gobierno/2014/01/16/ranking-9-de-las-50-ciudades-mas-violentas-estan-en-mexico

[5] El PRI llegó al poder en 1929 y se mantuvo en él hasta el 2000. En 1990, en un debate con Octavio Paz y otros intelectuales latinoamericanos, Mario Vargas Llosa calificó la larga permanencia del PRI en el gobierno como una “dictadura perfecta”.

[6] Ver más en: http://policycritica.blogspot.com/

[7] Ibíd.

[8] Ibíd.

[9] Luis Astorga es doctor en Sociología por la Universidad de París I Panthéon-Sorbonne y miembro del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Además es coordinador de la cátedra UNESCO denominada Transformaciones económicas y sociales relacionadas con el problema internacional de las drogas.

[10] Ver más en: http://policycritica.blogspot.com/

[11] Ibíd.

[12] Cifras del Centro Nacional de Planeación, Análisis e Información para el Combate de la Delincuencia (CENAPI) de México.

[13] Ver más en: http://mexico.cnn.com/nacional/2010/11/01/calderon-y-fox-se-confrontan-por-la-politica-de-seguridad-en-mexico

[14] Ver más en: http://www.cnnexpansion.com/economia/2012/11/26/calderon-combatio-mas-a-los-carteles

[15] Ibíd.

[16] Ibíd.

[17] Ver más en: http://elcomercio.pe/mundo/actualidad/mexico-felipe-calderon-presento-su-ultimo-informe-presidencial-noticia-1464123

[18] Ver más en: http://mexico.cnn.com/nacional/2010/11/01/calderon-y-fox-se-confrontan-por-la-politica-de-seguridad-en-mexico

[19] Ver más en: http://aristeguinoticias.com/2611/mexico/seis-anos-despues-miles-de-muertos-y-un-estado-mas-vulnerable

[20] PÉREZ LARA, JORGE. La guerra contra el narcotráfico: ¿Una guerra perdida? Revista Espacios Públicos. Enero-abril del 2011. Ver más en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=67618934014

[21] Ibíd. Página 220. Cifras de la Procuraduría General de la República (PGR) de México. Ver más en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=67618934014

[22] RAVELO, RAÚL. El mapa criminal que hereda Peña Nieto. Revista Variopinto. Publicado el 16 de julio del 2013. Ver más en: http://www.variopintoaldia.com/nota.php?id=291#.U783UBY6Jow

[23] Cifras de noviembre del 2012.

[24] Ver más en: http://eleconomista.com.mx/sociedad/2013/01/08/economia-detras-narcotrafico

[25] Ver más en: http://mexico.cnn.com/mundo/2010/09/17/el-consumo-de-drogas-estados-unidos-alcanza-su-maximo-historico

[26] VILLALOBOS, JOAQUÍN. Doce mitos de la guerra contra el narco. Revista Nexos. Publicado el 1 de enero del 2010. Ver más en: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulos&articles=72941

[27] Valdez Villarreal fue capturado por las fuerzas de seguridad mexicanas el 30 de agosto del 2010. Joaquín El Chapo Guzmán cayó el 22 de febrero del 2014.

[28] Rossana Reguillo es magister en Comunicación por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) y doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara. Realiza investigaciones sobre cultura urbana, juventud, violencia y narcotráfico.

[29] Desertó del Ejército mexicano en 1997 por bajos salarios y malas condiciones laborales. Había sido soldado de infantería por cinco años, entrenado por militares israelíes en combate y sabotaje. Luego reclutó a integrantes del Grupo Anfibio de Fuerzas Especiales (GANFE) y del 70 Batallón de Infantería, del 15 Regimiento de Caballería Motorizada y de la Brigada de Fusileros Paracaidistas (BFP). También a elementos del 15 Batallón de Infantería de Tampico.

[30] VARGAS, LUIS ANTONIO. Los Zetas desangran México. Revista Nexos. Publicación de la Especialidad de Periodismo de la Universidad de Lima. Páginas 16 y 17. Abril-Mayo del 2014.

[31] Luigi Mazzitelli es representante para México, Centroamérica y el Caribe de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC). Ver más en: http://www.eluniversal.com.mx/nacion/205296.html

[32] Concepto del filósofo político alemán Carl Schmitt. Para él, la aplicación de la distinción                 amigo-enemigo es fundamental al momento de defender al Estado.

[33] FRÜHLING, HUGO y MOHOR, ALEJANDRA. La militarización de la policía. Santiago de Chile: Instituto de Asuntos Públicos, Universidad de Chile y Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana, 2006.

[34] Ibíd.

[35] MERCADO RODRÍGUEZ, LUIS y TAPIA FONLLEM, MANUEL. Seguridad pública y seguridad ciudadana: El debate de la militarización. México DF: Academia Jurídico Informativa, 2010. Ver más en: http://www.juridicaformativa.uson.mx/memorias/v_coloquio/doc/penal/MERCADO_RODRIGUEZ_Y_TAPIA_FONLLEM.pdf

[36] Masacre ocurrida el 25 de agosto del 2011 en el estado de Monterrey. Murieron 52 personas, entre ellas una embarazada.

[37] MERCADO RODRÍGUEZ, LUIS y TAPIA FONLLEM, MANUEL. Seguridad pública y seguridad ciudadana: El debate de la militarización. México DF: Academia Jurídico Informativa, 2010. Ver más en: http://www.juridicaformativa.uson.mx/memorias/v_coloquio/doc/penal/MERCADO_RODRIGUEZ_Y_TAPIA_FONLLEM.pdf

[38] ARTEAGA BOTELLO, NELSON. En busca de la legitimidad: Violencia y populismo punitivo en México 1990-2000. México DF: Universidad Autónoma de México, 2006.

[39] Ibíd.

[40] PEREYRA, GUILLERMO. México: Violencia criminal y “guerra contra el narcotráfico”. Revista Mexicana de Sociología. Publicación de la Universidad nacional Autónoma de México (UNAM). Páginas 429-460. Julio-Setiembre del 2012.

[41] Ibíd.

[42] Cifras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

[43] Ibíd.

[44] Ver más en: http://www.animalpolitico.com/2013/09/gasto-publico-aumento-con-fox-y-calderon-no-hubo-resultados-tangibles/#axzz37KiIoTDv

[45] Ibíd.

[46] Ibíd. Con información del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) y del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de México.

[47] VARGAS, LUIS ANTONIO. Los Zetas desangran México. Revista Nexos. Publicación de la Especialidad de Periodismo de la Universidad de Lima. Páginas 16 y 17. Abril-Mayo del 2014.

[48] Ver más en: http://www.sinembargo.mx/02-02-2014/892027

[49] Ver más en: http://www.adnpolitico.com/gobierno/2014/01/16/ranking-9-de-las-50-ciudades-mas-violentas-estan-en-mexico

[50] Luigi Mazzitelli es representante para México, Centroamérica y el Caribe de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC). Ver más en: http://www.eluniversal.com.mx/nacion/205296.html

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