Ponce

C-Ponce

“Chileno controla Petroperú”. “Surge grupo clandestino en las Fuerzas Armadas”. “Sendero planea atacar Cabana”. “Hija de Silva Vallejo trabaja en Petroperú”. “Schutz y Toledo: Historias secretas”.

¿No se nota ahí la mano de Víctor Andrés Ponce, editor general de Correo en su mejor época? Vehemente, insistente, periodismo-pasión. Buenas épocas profesionales viví con Víctor Andrés.

Fue él quien me contó los alucinantes titulares de Jorge Lanatta en Página 12, como ejemplos de originalidad y valentía periodística durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, en Argentina.

Loco como pocos, Lanatta puso en su lugar, como director de Página 12, al capo de capos Pablo Escobar, luego que Carlos Saúl Menem dijera que muchos periodistas eran financiados por las mafias de la droga.

Página 12 | Director: PABLO ESCOBAR

Argentina cayó al suelo de risa. Genial. Y meses después, cuando el mismo Menem sugirió que la prensa argentina era amarilla, Lanatta imprimió una portada de Página 12 del color de un semáforo. Y el pobre Menem jamás volvió a atacar a los medios de comunicación.

Víctor Andrés fue uno de los mejores editores que he tenido, por la pasión que contagiaba y también por la paciencia que me tuvo en Correo, pues reconozco que yo era demasiado temperamental.

Como dijo alguna vez Juan Carlos Tafur, Correo era lo más parecido a una cabina de Internet, con pupitres colocados en desorden y con discretas computadoras que ya pedían descanso. Los periodistas que trabajaban allí, a quienes hoy admiro desde la distancia que regala el tiempo, no tenían más de 23 años y muchos de ellos eran universitarios con sueldos muy discretos. Pero además de ser talentosos tenían fuego.

Pese a incorporarse como editor general meses después del nacimiento de Correo, mucho de ese fuego salía de los gestos y aspavientos de Ponce, al menos para mí. El respeto llegó de a pocos y en eso hay algo que nunca supo Víctor Andrés.

Yo ya lo conocía bien y no por su trabajo en Expreso o en Canal N. La gente de izquierda con la que yo había trabajado en una ONG de derechos humanos lo detestaba y eso generó en mí muchas sospechas.

Ponce dejó la recia militancia de izquierda, esa de marchas, bombazos y pistolas, por el camino de la derecha, por la ruta del liberalismo, lo que para muchos fue una traición. Cuentan que tomó la decisión de despegarse de la izquierda luego de una caminata de semanas, sin nada en los bolsillos, absorto, sin comer, decepcionado por la muerte de unos camaradas. No estoy autorizado para contar la historia completa.

Cierto día me llamó Juan Carlos Tafur para decirme que debía reunirme con el nuevo editor general de Correo.

“La cagada”. Eso pensé cuando Juan Carlos Tafur me dijo que Víctor Andrés Ponce iba a ocupar el cargo.

– “Estará a la altura de ustedes”.

– Le respondí: “Sí lo conozco”.

“Avísale a Américo, para que se reúnan con él mañana mismo”. Llamadas previas, Víctor Andrés nos citó en el café Haití a las siete y media de la mañana, lo que nos habló claramente de su reciedumbre.

Era resistido por algunos periodistas de Correo, pero no pasó eso con los miembros de la Unidad de Investigación que yo dirigía.

Ponce trasladó la dialéctica de anteriores experiencias políticas a las páginas de Correo. Si un político opinaba sobre un tema en particular, al lado, ritualmente, como un planeta a su atmósfera, debía aparecer una versión contraria, siempre discordante. La teoría de las dos líneas, que le llaman.

Ponce era avezado y eso se reflejaba en sus titulares, mordaces como aquel que decía “Chileno controla Petroperú” en referencia a Matías Rojas Bruce, un empresario chileno vinculado con esa importante empresa del Estado y con mafias que convertían la gasolina peruana en una de las más caras del mundo.

Juan Carlos Tafur se encontraba de viaje y recuerdo que Ponce me dijo: “A la mierda cholo, lo ponemos así”. Fue una portada explosiva para Perú Posible.

Ponce colocaba comas en un titular principal y eso me sorprendió. Una o dos comas, dependiendo de la idea, formaban titulares vigorosos, con cadencia y docencia. Comas explicativas, tal como se lee en los libros de gramática. ¡Poner dos comas en un titular de dos líneas es una locura! Pero Ponce lo hacía. Y yo ahora lo imito.

Cierta vez un grupo de policías detuvieron a Carlos Castro, miembro de la Unidad de Investigación, cuando tomaba fotos de la fachada de un casino ligado con mafias de la droga. Nos encolerizamos todos y Ponce conformó un “comando de rescate” para traer de vuelta al colega en aprietos. Dos o tres horas estuvimos forcejeando y discutiendo hasta que logramos sacar a Carlos de allí.

El escándalo fue tal que llegó a oídos del Ministerio del Interior, a cargo de un viejo amigo. Fue una noche movida para nosotros porque apenas llegamos a la redacción de Correo, nos entregaron un sobre con un video y una tarjeta: “Ojalá les sirva, lamentamos lo ocurrido”.

Era la gente del Ministerio del Interior que temía el furibundo reclamo de Correo por la detención de uno de sus periodistas.

¿Y qué había en el video? Imágenes exclusivas de la tragedia de Utopía, ocurrida una semana atrás. Faltaba espacio, pero en dos resoplidos le dimos vuelta a la edición, resumiendo y metiendo información en cualquier resquicio libre del periódico. Política y locales en una página y media. El resto era para el reportaje gráfico de Utopía que veníamos cocinando.

Entretanto, Víctor Andrés, Carlos Castro y yo visualizábamos el video en la pantalla del enorme televisor que teníamos en la redacción, mientras los flashes se repetían incansables.

– “Mañana la rompemos”. “Sí, ya se jodieron todos”.

Con serenos textos y bellas leyendas de Gaby García, jefa de crónicas de Correo, cerramos un suplemento gráfico que dio mucho de qué hablar. Y no solamente por las fotos que publicábamos, fuertes y latientes, sino por el respeto que mostramos hacia las víctimas de Utopía.

Había chicas tumbadas en el suelo, quienes en su intento fallido por escapar se habían despojado de sus ropas.

Siempre he pensado que el mejor periodismo se hace desde la adversidad, desde la carencia, obviamente sin que eso suene a excusa para los empresarios.

Eso que pienso lo comprendí en Correo, lo viví en Caretas y lo había saboreado en Oiga… En el diario Correo, nosotros, repito, mocosos universitarios, teníamos como deporte sacarle la vuelta a muchos periódicos arrogantes, con ingenio y talento. Nunca nos ganaron en información.

Fue un placer trabajar contigo, Ponce. Gracias y perdona mis excesos. Total, tenía solamente 26. Prometo que he cambiado.

  

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