Rospigliosi

C-Rospigliosi

Me precio muchísimo de haber trabajado con Fernando Rospigliosi, a quien conocí en APRODEH, la combativa ONG de derechos humanos, en el lejano 1998. Todos estábamos jodidos: sin fuerzas, sin dinero, sin libertades.

“Rospi” iba a dirigir un programa radial de APRODEH que se llamaba Acción Urgente, en Radio Cadena y que ahora ya no existe. ¿Rospigliosi va a trabajar aquí con nosotros? Nos preguntamos Laura, Cecilia y yo, el equipo de mocosos que producía ese espacio.

“Sí, claro, viene Fernando. Empieza el 15”.

“Rospi” era el columnista más avezado de Caretas, el que no dejaba respirar a Alberto Fujimori ni a Vladimiro Montesinos. Y menos a los corruptos narcojefes de las Fuerzas Armadas que habían en ese entonces y que ahora no son pocos. Además era el editor de la sección de seguridad de esa revista, que había sacado excelentes casos de investigación.

Fernando podía ser áspero, cáustico e incluso soberbio con la gente que no conocía. Pero no era así con nosotros. A mí me llamó la atención su coherencia. Incluso, pienso que abandonar la izquierda fue un acto de coherencia. Me contaron que renunció al equipo fundador de APRODEH, en la década de los ochenta, porque en un momento dado se cuestionó si el rechazo a rajatabla a la pena de muerte era viable.

Pero “Rospi” volvió a APRODEH y adoptó a los despeinados del tercer piso (nosotros) para sacar adelante ese espacio radial que francamente nadie escuchaba, gracias a Dios.

Fui su jefe de informaciones cuando ocupó el cargo de director de informaciones de Radio Cadena y allí lo conocí un poco más. En cierta ocasión, mis colegas convocaron a una reunión para sacarme del puesto, por causa de mi inexperiencia periodística. Quien azuzaba esa idea era Laura, la que se suponía que era mi mejor amiga en ese tiempo. Pero Fernando me respaldó plenamente.

Reunidos todos para pedir mi cabeza, nadie se atrevía a hablar. Era una mañana de octubre o noviembre.

“A ver Laura, empieza, tú has convocado la reunión”. Fernando la puso en evidencia.

Horas después, todavía con la decepción rondándome la cabeza, Fernando me preguntó: “¿Puedes continuar? Sigue con tus funciones, no ha pasado nada”.

Admiro a Fernando porque en las peores crisis se reía de todo. Y vaya que con los amigos no es el concentrado tipo que aparece en la televisión señalando que la actual Fiscal de la Nación es una aliada del narcotráfico.

Fernando dijo las cosas a tiempo y lo hace todavía. Se la jugó contra la dictadura, le dijo a esos mafiosos lo que nadie se atrevía, pero no para promocionarse a sí mismo. Esa es la lógica que comparto yo también. El periodismo es exposición y confrontación. Y nuevamente, exposición y confrontación. O como en el box: Jap-cintura-jap.

Fernando prologó mi primer libro (Tan Cerca de la Muerte) y me dijo una vez, delante de mucha gente: “Qué bien anda Caretas con tus reportajes, sale muy bien todos los jueves”. Fue un centro sensacional que hasta ahora le agradezco.

Coincidimos una vez en Caretas, en el hall de la sala de reuniones, frente a un retrato de Doris Gibson que hay en una de las paredes. Marco Zileri nos vio y en son de broma nos quiso meter a la reunión de los jueves. ¿Nos extrañaban en esa revista?

El periodismo es para “Rospi” una constante dialéctica, el constante ejercicio del tiro al blanco, no con plumillas sino con exocets. Lo más parecido a una pelea de gallos, donde debes cortar y sazonar la herida con tierra.

A veces leo sus columnas (Controversias) en las revistas Caretas que mandé a empastar hace buen tiempo y veo que eran dinamita.

No tengo dudas que Fernando le hizo al régimen de la mafia más daño que muchos periodistas que ahora dicen haber sido opositores totales. Y tampoco dudo que haya sufrido represalias por eso. Pero Fernando no cuenta esas cosas. No salen de su fuero interno. No son relevantes para él.

“Rospi” y yo coincidimos nuevamente en la agencia de prensa Imediaperú.com que dirigía Cecilia Valenzuela y cubrimos periodísticamente el último año de la mafia.

“Rospi” debe pensar que el narcotráfico será imparable en cinco años. Que nos convertiremos en el espejo de México y que esos cuerpos que siempre aparecen descuartizados en los ríos de Lima se multiplicarán por cincuenta en el 2013.

Seguro cavila que el cártel de Sinaloa ya ha llegado a Chimbote y que lo convertirá en una zona liberada, mientras que los capos del Golfo y de Tijuana lucharán por Paita en una guerra a muerte. Se vienen momentos terribles por causa de la droga.

Fernando se proyecta a veinte años y siempre acierta. Pero ojalá nos veamos en cinco y con las mismas fuerzas de 1998.

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