Cuatro de la mañana

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Cuatro de la madrugada, los pájaros apenas silban, hora ideal para estudiar un viejo jucio que me ha sido reabierto. Debo tener las ideas claras para ir a hablar con la abogada y tratar de matar esa demanda de una vez por todas, pues no hace otra cosa que seguirme a todos lados.

Los cargos… 

Se me acusa del delito contra la fe pública, por supuestamente haber falsificado una sentencia de un magistrado ligado a Vladimiro Montesinos. Fui incluido en el proceso junto con Enrique Zileri, pues yo trabajaba en Caretas. Era 1999.

Qué rayos pasó…

Precisamente, durante algún maldito cierre de aquel fantástico año, una fuente supuestamente confiable entregó a Caretas un documento y nosotros lo publicamos. Aparentemente era falso. De ser cierto ello, esa falsificación no se hizo en la prusiana redacción de mi vieja y querida revista. Lo único falso que he visto en Caretas era el cansancio de sus redactores y diagramadores, guerreros totales.  Gran escuela del periodismo.

Qué era ese documento…  

Aquel bendito documento era una resolución de un magistrado de la mafia que se encargó de perseguir judicialmente a don Baruch Ivcher, siendo ese tema muy sensible para la libertad de expresión y otros derechos fundamentales que la dictadura de Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos y las Fuerzas Armadas venía conculcando en el país.

Una raya más al gato…

El juicio había sido archivado o desestimado, pero súbitamente fue reabierto. Llegaba de la calle a mi casa y vi a lo lejos un papel con el inconfundible formato del Poder Judicial. Ya había visto antes aquel sello rojo y aquellas dos firmas al final de la hoja bond.

“Maldición, otra vez ese juicio. ¿Y ahora qué rayos ha pasado?”.

Lo asumo como uno de los rezagos del periodismo de investigación. Ni modo, como diría mi amigo Danielito.

Entretanto…

Mientras veo cómo diablos sorteo mi nuevo problema, pienso que en cinco horas debo ir a la Universidad de Lima a dar una charla a un grupo de estudiantes del curso de crónica periodística que dicta mi amiga Milagros Leiva. ¿Si me hubiera gustado ser cronista? Lo dudo, pues mi temperamento es otro. Por ejemplo, yo analizo procesos judiciales a las cuatro de la mañana.

Me piden que les hable a los alumnos sobre las fuentes periodísticas, sus carácterísticas y diferencias. Lo haré con mucho gusto. Siento que ya estoy frente a ellos.

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